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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Lo verde empieza en los Pirineos

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 20 de octubre de 2010, 06:54 h (CET)
Hubo un tiempo –no hace tanto- en que los jóvenes machos ibéricos acudían en masa a Biarritz o a San Juan de Luz a pelársela como micos disfrutando con películas prohibidas en España, como Emmanuel o El Último Tango en París, que en realidad se correspondía con ese mismo tiempo en que en los libros de los escolares europeos se dibujaba el mapa de Europa de blanco, el de África de negro y España a rayas blancas y negras, y se correspondía también con esa época en que en la entrada de algunos establecimientos de Ámsterdam, La Haya o Amberes se podía leer en español (castellano, que decimos en España): “Prohibida la entrada a perros y españoles.” Y no hacían distingos los europeos sobre si los tales españoles eran catalanes, vascos o castellanos.

No hace tanto de esto, ya digo, y, aunque la cosa ha cambiado, no ha cambiado en absoluto. Europa sigue siendo verde para ellos y para nosotros. Representa, como entonces, el meollo de todas nuestras fantasías y lujurias, si bien no en lo sexual ya (aquí tenemos un gobierno sexópata que por alguna razón, seguramente psiquiátrica, parece tener una particular obsesión con este asunto), sí en lo político, en lo económico y en lo tocante a la Libertad, así con L mayúscula. Aquí (como en la Historia de El Forges, para no ofender a los aquinenses nombrando como España a nuestro país común), parece que sí, pero no. Los Pirineos, los verdes Pirineos, siguen representando una separación eónica en casi todos los aspectos de nuestra vida respecto de la suya: ni somos un país (y con el PSOE jamás lo seremos), ni tenemos identidad propia, ni gozamos otros derechos ciudadanos que los testimoniales, ni disponemos, por supuesto, de una economía o unas posibilidades reales de tenerla que esté sustentada en otra cosa que en la especulación. La España de Fraga de entonces es la misma de hoy de Zapatero (la calle es suya), los horteras de patilla hacha son los que nos comandan y siguen los frikis acaparando las tribunas patrias mientras la economía se sustenta en el pelotazo ladrillero y en la recalificación paleta, cuando no en la cruda y simple corrupción galopante, y a los votantes se les sisa el voto en base a mentirosas demagogias (bla, bla, bla) y todo el mundo vota contra alguien y a favor de nadie, sosteniéndose artificiosamente por parte de los dos partidos políticos mayoritarios la rentable ideología de las dos Españas, entretanto ellos pactan para mantenerse en el poder con los que quieren segregarse de ella. España es tan diferente, en fin, que ni siquiera es España. ¡Hasta el mismo Presidente dice que su única patria es la libertad (a saber qué país es ése)!

Los Pirineos, por lo que se ve, siguen siendo altísimos, una separación mucho más que física que nos hace ser una isla ajena a esa Europa libertina y concupiscente que incendia nuestros sueños. Del otro lado comienza lo verde, y podemos enterarnos, gracias a la globalización de los medios de comunicación, que los franceses son capaces de incendiar su país para defender los derechos de los trabajadores porque su gobierno quiere retrasar la jubilación a los 62 desde los 60 años, mientras aquí nadie mueve un dedo (incluso los sindicatos lo comprenden y apoyan al Gobierno) cuando nos retrasan por el artículo 33 la jubilación de los 65... ¡a los 67 años! Un orden de verde lujuria, la de Europa, donde en cada país los ciudadanos pueden vivir como si lo hicieran un solo país con una sola lengua común, una sola Historia y una sola nación, mientras aquí tenemos 17 Estados que compiten con denuedo por ser naciones que derriben a la nación común y donde en cada uno de esos 17 reinos taifas, tan impagablemente onerosos como contrarios a los intereses comunes, se instalan modos y maneras que hacen imposible que los ciudadanos de una región puedan establecerse en otra, o donde son bienvenidos los ciudadanos de cualquier parte del mundo, excepto los de las otras regiones de España. Una lujuria, la de Europa, que hace de sus países, países, mientras a este lado de los Pirineos todos van contra España, incluido el mismo Gobierno con sus pactos con los separatistas y las concesiones a ese despropósito histórico que llamamos Autonomías, que además no son iguales para unos y otros, y donde los propios tribunales afirman que eso está muy bien, que todos somos iguales dentro de nuestra igualdad, que ni más ni menos quiere decir que no somos iguales en absoluto ni tenemos los mismos derechos, ni son iguales catalanes que extremeños o vascos que castellanos.

Eso sí, se nos alienta diciéndonos que aquí pagamos uno o dos puntos menos de impuestos que los europeos o que la impagable gasolina, la leche o los transportes públicos son más caros en esa Europa casquivana y libertina (lo mismo que con Franco), pero ocultándonos que allí no saben qué es la corrupción (por el alquiler de unas cintas de video se expulsa a un Ministro), apenas si conocen el desempleo, si a alguien se le ocurriera proponer algo parecido a lo de las Autonomías españolas primero lo encierran en un psiquiátrico, ni Dios coloca a dedo a sus bichitos como funcionarios del Estado o con trampas, los servicios que reciben a cambio de sus impuestos les permiten ser ciudadanos de primera, se jubilan una media de siete años antes que nosotros… ¡y cobran una media de 4 veces más con nosotros! Es decir, que frente a ellos, nuestro gobierno, además de mentiroso, es el sacamantecas, causa objetiva por la que todos los que han pasado por alguna clase de poder político se han instalado ipso facto en el meollo de la Jet Set (Felipe González, Boyer, etc.), tuvieran o no que vender Polisarios o Saharas al adversario para hacerse un chalé junto al del Rey alauita (agradecido que es el hombre) o en la dorada costa de Marfiella, o nada más que tuvieran que fraccionar España en 17 pedazos, si bien no dividiéndola, para que los nacionalistas segregacionistas que les respaldan puedan seguir mamando de la teta conjunta que sostienen extremeños, andaluces o castellanos, a quienes no les llega ni una gotita de su propia leche. Vamos, que en realidad las cosas en Europa cuestan muchísimo menos, ni hay corrupción y hasta se tienen derechos, mientras aquí nos conformamos con demagogias, mapas clitorianos, aborto gratuito y regalos de preservativos de sabores.

Lo verde, en fin, empieza en los Pirineos. Allí es donde se condensan nuestras fantasías más íntimas, y donde, los que pueden (que ya ni nos quieren), se van a trabajar para recibir la dignidad y el salario que aquí se nos niega, los derechos que aquí se nos conculcan o simplemente a vivir como personas, pudiéndose mover por cualquiera de esos países sin limitaciones y con un solo idioma. Europa, después de todo, sigue pintándose de blanco, África de negro y en España tenemos todavía el mapa pintado a rayas, como los tigres. Sólo que el tigre español está en un circo, latigueado por los crueles domadores políticos y pasando por el aro de fuego de sus mentiras, para diversión de quien, no siendo español, quiera echarse unas risas.

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