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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Una visión demasiado estrecha de La Vida

José Vicente Cobo
Vida Universal
miércoles, 20 de octubre de 2010, 06:52 h (CET)
Muchas personas decepcionadas con la iglesia y con un dios castigador que nunca da respuestas absolutas ni aclaraciones sobre las muchas dudas de hoy en día, dicen a menudo: «El cuento de Dios lo creí por un tiempo, pero ya no más. Dios no existe».

Aunque si es usted una persona con una buena capacidad analítica, pregúntese sí es usted un animal de rebaño que asiente a todo o sí usted una persona que se cree lo que otras personas hablan sobre Dios ¿Es usted el animal de rebaño que necesita una iglesia de piedra, una tradición y una confesión, y de este modo a sacerdotes dogmáticos? ¿O es usted una persona de espíritu libre que ha aprendido a medir y sopesar, y que no cree a cualquiera que le quiera engañar con algo, aunque sea la promesa de que Dios está aquí o allí, o incluso diciendo que el caos de este mundo es un «misterio» de Dios?

Ninguna persona le puede prometer a otra que encontrará a Dios por medio de las indicaciones y recomendaciones que ella le dé. A Dios no se le puede encontrar aquí o allá, Dios es la Vida en nosotros, en cada uno de nosotros. Por lo que encontrar a Dios significa por tanto encontrarse primero a sí mismo, en la consciencia de lo que Jesús de Nazaret instruyó a los hombres: «Yo, Cristo, Soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie llega al Padre si no es a través de Mí.

En el Libro «Ésta es Mi Palabra», leemos que las gentes de su tiempo confrontaron a Jesús de Nazaret con preguntas relativas a Dios: “Se acercaron a Jesús algunos que estaban llenos de dudas y dijeron: «Tú nos has dicho que nuestra vida y existencia provienen de Dios, pero nunca hemos visto a Dios, ni tampoco conocemos a ningún Dios. ¿Nos puedes mostrar a Aquel que Tú llamas Padre y único Dios? No sabemos si hay un Dios». Y Jesús les respondió diciendo: «Escuchad esta parábola de los peces. Los peces de un río conversaban y decían: Se nos cuenta que nuestra vida y existencia proviene del agua, pero no hemos visto nunca agua, no sabemos lo que es. Entonces algunos de ellos, que eran más listos que los demás, dijeron: Hemos oído que en el mar vive un pez inteligente y sabio que sabe de todas las cosas, vayamos a verle y pidámosle que nos muestre el agua. Así fue que algunos de ellos se pusieron en camino para buscar al gran y sabio pez, hasta que por fin llegaron al mar donde éste vivía y se lo preguntaron.

Después de haberlos escuchado, éste les dijo: ¡Oh peces necios, que no pensáis! Aunque unos pocos sois listos, ya que buscáis. En el agua vivís y os movéis, y allí tenéis vuestra existencia; del agua venís y al agua volveréis. Vivís en el agua pero no lo sabéis. Del mismo modo vivís en Dios y sin embargo me pedís ¡Muéstranos a Dios! Cuando Dios está en todo y todo está en Dios».

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