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Etiquetas:   Al filo de la pluma   -   Sección:   Internacional

¿Humanidad versus Legalidad?

María Sevillano Sanz

martes, 19 de octubre de 2010, 09:00 h (CET)
En estos momentos, países como Ruanda, Angola o Liberia viven dos realidades. Por un lado, la que pertenece a la Ley. Por otro lado, la realidad que tiene como protagonista al ser humano en su más pura esencia. En concreto, estas realidades que se enfrentan y convergen tienen nombre, en primer lugar, Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En el segundo caso, el de las mujeres que participan como motor de la construcción de la paz en estas zonas.

Ambos actores se relacionan estrechamente a través de escenarios complicados: los conflictos. Hace 10 años, la Organización de Naciones Unidas aprobaba por primera vez una resolución sobre mujeres y conflictos bélicos que tenía como objetivo alcanzar una mayor protección para las mujeres durante el desarrollo de los conflictos bélicos y en las situaciones de post conflicto, entrenar a las partes involucradas para mantener la paz desde una perspectiva de género, la elaboración de informes con datos sobre género y potenciar su papel en los procesos de paz y en la toma de decisiones.

Lola Mora Producciones, una ONG/productora constituida en un 99,9 por ciento por mujeres, trabaja para difundir la experiencia de las mujeres ante ópticas masculinas. En su colaboración con WorldCom Foundation (organización sin ánimo de lucro que opera en el área de desarrollo de sistemas de comunicación) en el proyecto “Desafiando el Silencio: Medios de comunicación contra la Violencia Sexual”, ve el surgimiento de esta resolución como algo positivo al ser “la primera vez en la historia que la ONU debatió sobre el papel primordial que las mujeres estaban ejerciendo para poner en marcha iniciativas de construcción de paz” como afirman en su propia web.

Sin embargo, la creación de un marco legal no garantiza su cumplimiento. La implementación de este tipo iniciativas eficazmente requiere de su asimilación y cumplimento por parte de la sociedad. Según UNIFEM (Fondo de Naciones Unidas para la Mujer), las mujeres siguen encontrando dificultades para participar en los procesos de paz y en la creación de herramientas políticas que garanticen sus derechos. La violencia sexual que sufren las mujeres en conflictos es una de las trabas que encuentran a la hora de influir en procesos de consolidación de paz. Por eso, aunque los marcos normativos como la Resolución 1325 son fundamentales para estos procesos, UNIFEM advierte que “su integración no puede ser plena y eficazmente, sin prestar atención a la acción a nivel comunitario”.

El conocimiento de las labores de mujeres en proyectos de base para luchar contra la violencia y apoyar estrategias de paz puede facilitar la normalización de estas directrices legales a nivel social.

En Liberia, un grupo comunitario de construcción de la paz dirige la iniciativa Peace Huts (Chozas de Paz), avalada por WIPNET (Mujeres en Red en Construcción de la Paz) y UNIFEM. Su labor es ofrecer un espacio común donde los miembros de la comunidad resuelven cuestiones que les interesan o preocupan como problemas religiosos, debates territoriales o violaciones. Después organizan reuniones semanales para poner en común los temas más relevantes para la comunidad y tratan de investigarlos en la búsqueda de soluciones. También dan apoyo y refugio a mujeres que tiene que abandonar sus hogares a causa de la violencia doméstica.

Pero las mujeres suelen encontrar problemas a la hora de conseguir establecerse como iguales frente a los hombres en estos procesos. Los motivos son muchos y variados: la poca relevancia de su opinión como miembro de la comunidad en el desarrollo de operaciones de paz, limitadas perspectivas de progreso, falta de apoyo desde las instituciones locales o el acceso restringido a puestos profesionales, entre otros.

Y eso no es todo. No sólo hace falta el desarrollo de marcos legales que protejan y velen por los derechos de las mujeres. Un paso necesario es que éstas puedan formar parte de las instituciones que crean Justicia. No es suficiente que la ley las ampare, hay que conseguir que la ley emane también de ellas. En muchas ocasiones, se enfrentan con sistemas de justicia tradicionales que históricamente las han excluido. En otras, los propios conflictos armados las apartan de la justicia porque las estructuras jurídicas han quedado destruidas.
La violencia, en cualquiera de sus formas, debe ser condenada, tanto a nivel social como a nivel jurídico. Las mujeres africanas viven en sus propias carnes la dureza que cada vez caracteriza más a los conflictos que se desarrollan en el continente, en los que ellas se han convertido en un instrumento; en el de la violencia sexual como acto de guerra.

Cualquier iniciativa que promueva el establecimiento de la paz en zonas de conflicto debe ser valorada. En el caso de acciones que tengan a las mujeres como actoras y beneficiarias deberían ser doblemente consideradas porque no son sino la evidencia personificada de la fortaleza del ser humano, capaz de sufrir las experiencias más dolorosas y aprender. Las mujeres africanas no dejan de apostar por el desarrollo de la sociedad que muchas veces las condenó, y avanzan. Pero la ley debe allanar este camino.

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