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Etiquetas:   Columna literaria   -   Sección:   Libros

Y sin embargo se mueve

Luis López
Luis López
martes, 19 de octubre de 2010, 08:25 h (CET)
El ataque a la cultura es costumbre en los regímenes totalitarios, como una de las primeras medidas a tomar tras conquistar el poder. También es necesario en el fanatismo religioso, pues la imposición de una fe excluye la convivencia con otros dioses. En ambos casos se trata de un disparo en el pie, un acto esquizofrénico de difícil justificación a ojos de la historia. Se ha censurado, prohibido o eliminado aquel material escrito sospechoso de inducir al pensamiento. Se hace porque es posible crear un nuevo amanecer partiendo de cero, rescribir el pasado apartando del sistema lo molesto e inadmisible, sólo hay que elevar la temperatura del papel a 233º Celsius o 451º Fahrenheit, como prefieran. Hoy, esta idea crematoria parece absurda, pero son muchos los que llevados por la exaltación, han perpetrado crímenes contra la memoria, es decir, contra todos.

El mes pasado, un pastor de Florida hizo pública su intención de realizar una quema de coranes, coincidiendo con el noveno aniversario del 11 de septiembre. El espectáculo no cruzó el campo declarativo, pero podía haber causado un conflicto internacional, sobre todo en Afganistán y Pakistán, países donde abunda la presencia militar de los Estados Unidos. Se dilucidaban, nada más y nada menos, las consecuencias de la destrucción de un símbolo, como es el Corán para millones de personas en todo el mundo. La administración de Obama dio un toque de atención al egregio pastor, que raudo excusó su paso atrás, aludiendo que su intervención había logrado el traslado del proyecto de un centro islámico, previsto en la zona cero, a otra ubicación. El caso parece haber concluido, pero ha vuelto a poner de relieve la capacidad del hombre para asolar la cultura como represalia recurrente.

Ya desde su proclamación en el año 249 a. de C., el emperador Chi-Huang Ti demostró, que además de pasar a la historia por ser el constructor de la Gran Muralla, lo haría por mandar destruir todas las obras que no fuesen fieles a su tendencia, tratando de borrar la doctrina de Confucio y de Lao-Tse. El pueblo chino, más hábil que su monarca, retuvo en su mente las enseñanzas de dos maestros que aún guían los trazos vitales de sus descendientes. Más tiempo estuvo vigente el Índice de los Libros Prohibidos, persecución encargada por el papa Pablo IV en 1559 a la Inquisición, que se mantuvo vigente hasta 1966. Autores señalados en sus listas fueron Copérnico, Descartes, Kant, Balzac o Mill. Científicos, pensadores, autores literarios o economistas eran censurados entre otras razones por su herejía, sexo explícito o imprecisión política. Nombres como Nietzsche o Marx fueron directamente prohibidos por su ateismo. En la década de los treinta, el ministro de propaganda Goebbels, conseguía organizar, la noche del 10 de mayo de 1933, la quema de buena parte del pensamiento judío en varias ciudades alemanas, como preludio de la barbarie que ocurriría después. El 30 de abril de 1939, la falange organizó una quema pública de obras no convergentes con sus ideas en la Universidad Central de Madrid. La extinta RDA también decidió ejercer su derecho a prender la cultura, extinguiendo millones de textos al otro lado del telón de acero en los años cincuenta.

La lista del crimen es larga, se disemina por los continentes, épocas o ideologías. Los turcos, al conquistar Constantinopla en 1453, eliminaron toda la obra contraria a Mahoma. Corría 1980 cuando la junta militar argentina, purificó millones de volúmenes pertenecientes al Centro Editor de América Latina. En 1992, la Biblioteca Nacional de Bosnia fue bombardeada por las fuerzas serbias, desapareciendo en el incendio ejemplares musulmanes, católicos, ortodoxos y judíos. Todos ardieron por igual, a la misma temperatura... un libro es un arma, no lo duden, por eso le atacan. El pastor Terry Jones, de dudoso pasado y con ganas de notoriedad, ha estado próximo a provocar el penúltimo incidente. La lista seguirá aumentando, ¿apuestan?

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