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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Las minas de San José

Isaac Bigio
Isaac Bigio
martes, 19 de octubre de 2010, 07:11 h (CET)
Hoy una de las noticias más celebradas del mundo es la del rescate de 33 trabajadores de la mina de San José en Copiapó. A poco de que saliera el último de los mineros sepultados a 700 metros de profundidad durante casi 70 días, el presidente chileno ha salido de gira internacional para vender una nueva imagen de su país.

Sebastián Piñera es el primer mandatario derechista de su nación después de Pinochet. Él quiere hacer todo lo posible para limpiar la imagen de su propia coalición y de su nación de la sombra de la dictadura de 1973-90 que impuso el actual modelo monetarista que él sigue.

Hace unas horas cuando estuve con Piñera en el hotel Hilton de Londres él se vanagloriaba diciendo que Obama ahora menciona la palabra “hacerla a la chilena” como un sinónimo de efectuar un buen operativo. Su discurso se centró en mostrar cómo Chile es hoy un ejemplo al mundo en dar una buena noticia y en trabajar con solidaridad y excelencia.

El costo del rescate asciende a más de $US 20 millones. Sin embargo, como me dijo el opositor senador socialista Letelier, esa inversión es mínima en relación a lo que ha valido toda la publicidad que le ha dado la prensa mundial a la proeza de su país. El capital invertido en socorrer a los mineros hoy se recupera cuando Chile incrementa su imagen y además le vienen nuevos contratos.

La tragedia había destapado el hecho de que en Chile mueren cada año más mineros en accidentes que los 33 que allí estaban sepultados, así como de las largas jornadas laborales, los salarios bajos y la falta de seguridad para éstos. Piñera, con el rescate, logra modificar esa imagen y hacer que la gente no se acuerde tanto de ello ni de otros problemas sociales, como la caída huelga de presos mapuches.

Una de las pocas ciudades del mundo que están hermanadas a Copiapó (‘copa de oro’) es una boliviana que pareciese recordar al nombre del oro: Oruro. Las dos son capitales de sus respectivas regiones o departamentos, aunque la segunda queda en un desierto cerca al nivel del mar y tiene una población que equivale a casi la mitad de los 250,000 orureños quienes residen en un altiplano a 3,700 metros de altura.

La república de Chile y el departamento de Oruro celebraron sus respectivos bicentenarios durante las mismas semanas en que los mineros seguían atrapados. Oruro se creó en torno a una gran mina, la misma que también se llama San José.

Mientras escuchaba al presidente chileno hablar de su San José me acordaba del San José de los bolivianos, de cómo los orureños, si bien carecen de metro, tienen un riel subterráneo que conecta a uno y otro extremo de la ciudad, y que muchos hemos caminado a oscuras para cortar camino.

San José le da su nombre al equipo que les representa en la copa nacional de fútbol (en la cual ha campeonado en 1995 y 2007). Es también un lugar donde se ensaya todo el año la diablada, uno de los ritmos de uno de los mejores carnavales del mundo (el de Oruro), en el cual se hace homenaje a los diablos a cuyas estatuillas en los socavones los mineros deben ofrecerle coca para pedirle su venia para poder perforar sus infiernos.

Por otra extraña casualidad la mina boliviana de San José ocupó la atención de su propia nación en los mismos meses de Septiembre y Octubre pero de hace exactamente 25 años.

El derrumbe que se dio en la mina chilena del 5 de Agosto se dio un cuarto de siglo después de cuando el 6 de Agosto de 1985 Víctor Paz Estenssoro llega a la presidencia boliviana y decreta el ajuste económico más duro de la historia de esa nación.

Esto concatena una huelga general que produce un estado de sitio, ante el cual los asalariados responden entrando en una masiva huelga de hambre, siendo el centro de este ayuno el que miles de ellos hicieron en las profundidades de los socavones de la mina San José de la ciudad de Oruro.

Esta huelga produjo mucho costo y tensión sociales, el despido de más del 80% de los mineros del sector estatal y la consolidación del nuevo modelo de economía abierta y privatizadora que se inspiraba en el de Chile y que luego sería seguido por Perú, Argentina y otros países sur y centro americanos.

En cambio, el rescate de San José en Copiapó ha generado mucho costo monetario pero también una vasta simpatía y apoyo en todas las capas sociales de dicho país y del mundo, y es hoy presentada como la mejor carta de su nación para atraer o generar inversiones y empleos.

Los sucesos que pasaron en la San José boliviana de 1985 están asociados a una reacción ante un fuerte shock económico. En cambio, lo que aconteció con su homónima chilena 25 años después parecía que iba a librarse de estar ligada a ello. Sin embargo, la media y el gobierno británicos le han dado una atención como nunca antes se le ha dado a un mandatario andino. Esto en parte es, como lo plantea el diario Guardian, una forma de distraer a la opinión pública pues en esta semana el gobierno conservador-liberal ha de revelar fuertes recortes sociales.

Tanto esta coalición británica como la ‘del Cambio’ en Chile acaban de debutar en el poder desplazando a un extenso periodo de gobiernos con liderazgo y presencia de la internacional socialista.

Piñera, Pinochet y Paz han compartido la misma escuela económica monetarista pero el primero, a diferencia de los otros dos, no ha necesitado de un cataclismo social para imponer sus medidas. Cuando Piñera entró a gobernar ya su país venía siendo el primero del hemisferio en haber implantado esas recetas. Él, hoy, más bien, se ha valido de este cataclismo de la naturaleza y de haber logrado liberar con vida a sus compatriotas sepultados para querer consolidarse.
Piñera buscar aparecer con un rosto solidario y social, en contraposición al que tuvieron los otros dos presidentes mencionados, los mismos que ya fallecieron y están sepultados.

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