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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Virus mortales

Miguel Rivilla (Alcorcón)
Redacción
lunes, 18 de octubre de 2010, 10:34 h (CET)
Dos males aquejan, corroen y minan letalmente la estructura intelectual y religiosa de muchas personas, tanto creyentes como no. Son el relativismo en el razonar y la incoherencia en el obrar.

Los afectados por el virus del relativismo- una epidemia muy extendida-afirman y creen que no hay verdades absolutas. Nada es verdad ni mentira. Todo es del color con que se mira. La verdad ha dado paso a la opinión. Es bueno o verdadero lo que la mayoría piensa, vota o admite. Lo que a cada uno le parece. De aquí el marasmo de opiniones y de comportamientos que inducen a la confusión.

La razón es sencilla. Si todo vale, todo es opinable y todo es bueno. Sobran los dogmas y la moral. Fuera la Religión, fuera la Iglesia, fuera Dios. Nadie me tiene que mandar y menos imponer nada. Me basta mi parecer.

El virus de la incoherencia, ha afectado a la generalidad, sin excluir a los más creyentes o practicantes. Creen pero no practican. Admiran a Cristo pero no le siguen. Conocen casi todo, pero no lo viven. Predican pero no dan trigo. Se llaman católicos, pero no oyen al Papa. Piensan SÍ, pero hacen NO.

Mientras no nos vacunemos contra estos virus, los estragos en las personas, las familias, en la sociedad, la Iglesia y en el mundo entero, serán incontables y sus efectos no pueden ser más perniciosos.

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