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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

De espaldas al mundo

Jesús Molíns (Zaragoza)
Redacción
lunes, 18 de octubre de 2010, 10:13 h (CET)
Dentro de unos días nos visitará “su santidad”.

Vendrá a España Benedicto XVI para visitar la catedral de Santiago (por eso del año “santo” o “xacoveo”, no sé) y la Sagrada Familia de Barcelona (¿catedral, iglesia, basílica, etc.? esto tampoco lo sé) al objeto de, al parecer, bendecirla.
Para todo ello no dedicará más de tres días y el cuento ¿costará? . . . y ¿lo financiará? En fin, hoy no toca este tema, me centraré en lo desaprovechados de estos viajes.

¿Qué fin u objetivos se buscan en las visitas del Papa a Santiago y la Sagrada Familia de Barcelona?.

El Papa, más allá de ser un Jefe de Estado (del país más rico proporcionalmente hablando por extensión y número de habitantes, ¿a costa de quién?) es el líder o máximo dirigente de una de las mayores religiones del mundo.

Su voz, su palabra, sus consignas son obedecidas, seguidas y respetadas por millones de ciudadanos de este planeta. De ahí mi creencia sobre la inutilidad, desaprovechamiento y malgasto de los viajes papales.

Dada la situación mundial que atravesamos, la penuria que sufren millones de ciudadanos y la fractura social que la crisis económica está produciendo, no entiendo que una personalidad como la de el Papa con el peso moral y de conciencia que ejerce, desperdicie sus viajes, tiempo y millones de otros (es indignante) en viajar a catedrales y a bendecir basílicas.

¿No sería mejor que el tiempo “exprés” que dura este viaje lo dedicara a realizar la obra social que creo que toda religión debería realizar; o a patear, conocer e introducirse en los extrarradios de Madrid visitando el Pozo del Tío Raimundo, Vallecas ó San Blas?; ¿Por qué no ir a los suburbios de Bilbao, al barrio de la Mina de Barcelona, vivir su realidad social, conocer a sus gentes, sus problemas y necesidades?

¿Para cuándo visitar tantos y tantos comedores sociales e incluso ayudar y participar en la realización y el reparto de la comida; o presentarse a ayudar y conocer el servicio que presta el Banco de Alimentos, comprobar sus necesidades y demandas?.

No entiendo cómo con la autoridad y peso moral que tiene, todavía no se ha reunido con los dirigentes del FMI, Bancos Centrales (Mundial, Europeo, Reserva Federal) ó Wall Street para hablarles y pedirles solidaridad, redistribución, inversión fraternal, etc.

Sigo sin entender como no ha viajado aún Israel para pedir el fin del genocidio que practica contra Palestina; a Irak, Afganistán o el Líbano para hablar de paz a unos y otros; cómo todavía no ha visitado esas misiones laicas en África que luchan contra el hambre, la malaria y el sida; cómo no ha recorrido los suburbios Río de Janeiro para contribuir contra la pobreza, la marginalidad y las drogas; ó recalado en Colombia o México para combatir con su credo y palabra a los narcos.

Pero no, el Papa sigue yendo donde no hace falta, ¡cuánto dinero derrochado para nada!

La iglesia sigue en su mundo, de espaldas a la realidad social y viviendo su propia irrealidad. Su misión y esfuerzos no se dirigen hacia el interés de los que sufren, de los necesitados y de la transformación social en general.

La iglesia está totalmente fuera de la realidad, sus apariencias y sus escenificaciones son una pérdida de tiempo y dinero; sus ingresos no sabemos a dónde van y su existencia está por convertirse en una auténtica lacra social.

Seguro que ésta no es la iglesia que predicó Jesús, quiero pensar (seguro que sí) que dentro de esta Iglesia existen gentes honradas, humildes y sencillas que luchan y trabajan día a día por intentar cambiar y mejorar la realidad social que vivimos.

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