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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Hagase tu voluntad en la tierra

Miguel Rivilla (Alcorcón)
Redacción
lunes, 18 de octubre de 2010, 09:53 h (CET)
Esta petición del Padre nuestro, la oración más sublime que rezamos los cristinos desde pequeños, enseñada por Jesús a sus apóstoles, es la clave, el pilar y fundamento de toda vida cristiana y de la santidad. Miles de veces, a lo largo de la vida, la hemos repetido todos, con mayor o menor conciencia de lo que decían nuestros labios.

Con todo y con eso, creo que su profundo contenido y significado, aún no ha calado en la vida de oración y de fe de la mayor parte de los cristianos. Ante todo, esta oración no es una fórmula mágica para lograr que Dios cambie sus planes sobre el mundo o las personas; sino para que los que cambiemos-¡difícil de entender¡- seamos nosotros. El sabe mejor que nadie lo que nos conviene para que seamos felices. Sólo lo seremos, si nos fiamos totalmente de él y ponemos nuestra libertad en sus manos. Sin olvidar que Dios, además de infinitamente sabio, es también todopoderoso, capaz de sacar bien del mal o desgracias que nos acaecen en la vida.

Muchos al rezar, se desaniman e incluso se enfadan con Dios, al no lograr lo que piden. Esto indica escasa fe o ignorancia de quién es el Absoluto, el Ser infinito, Creador de todo lo visible e invisible, a quien, los seres humanos, pequeños y limitados, nos atrevemos a llamar ¡Padre nuestro¡. Esto sería una osadía incalificable si el mismo Hijo de Dios- Jesús- no nos lo hubiese enseñado.

Nunca olvidemos que Dios, nuestro Padre, es infinitamente sabio y poderoso y así la oración más bella, la más divina, nos dará la paz y alegría que necesitamos. También nosotros podremos repetir con Sta.Teresa, ante los eventos alegres o tristes que nos sucedan en la vida personal o global ”Nada te turbe, nada te espante. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien tiene a Dios nada le falta. Solo Dios basta”.

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