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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Las malas compañías

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
lunes, 18 de octubre de 2010, 06:44 h (CET)
Otra vez le han vuelto a engañar. A Herrera Campo le han planificado los presupuestos para la comunidad y la fatalidad ha hecho que se la hayan vuelto a ‘meter doblada’. Es evidente que hay quien no sabe formar de trabajo y, por mucho que estudie, será difícil que aprenda; sobre todo teniendo en cuenta que ha dejado pasar muchos años en blanco.

Desde Silván hasta Mateos, pasando por la ‘cocinera’ y la señora Clemente hasta el ínclito Villanueva, todos parecen tomarle el pelo. Antes solo eran los directores generales quienes le ‘canturreaban’, ahora casi todos han perdido la vergüenza y la mayoría se mofan de él entre bambalinas. ¡Pobre Juan Vicente, qué buen vasallo si no estuviera rodeado de tantos ínclitos descontrolados e indignos aprovechados!

Viene todo eso a cuento porque le vuelven a engañar con los presupuestos generales de Castilla y León para el ejercicio 2011. Desde la consejera de Hacienda que siempre anda pidiendo más dinero, porque no le salen las cuentas, o hace las del torpe Gran Capitán, hasta el consejero de Educación, que no sabe defender la ética de la docencia y la dignidad del profesorado. Eso sí, para cobrar no deja que la Junta le engañe; él cobra su sueldo universitario (vean datos de la prensa local). A veces tiene uno la sensación de que algunos se empeñan en humillar la dignidad del estudiante, del profesor y del sentido común!

¡Santo cielo, cuánto interesado sigue vagando por el firmamento de la indignidad! ¡Cuánto adocenado ha presumido de socialista y hoy preside, como alto cargo, la aspiración de la nada y la consagración de la mentira! Si las palabras son los clavos para fijar ideas -- como decía Godín -- lo cierto es que en Castilla y León no hay clavos ni ideas ni futuro; pero sí mucha desesperanza, miedo y congoja. Tal afirmación tiene un claro elemento sustentante: la propia explicación de los presupuestos que ha dado el presidente de la comunidad. Frente al oscurantismo que resalta durante la presidencia de Herrera Campo y la indignidad acomodaticia que alcanza a la irresponsable oposición, “la oportunidad queda perdida frecuentemente entre las inservibles deliberaciones”, como decía Publio Siro.

Cada vez que pensamos en el destino futuro de Castilla y León, estamos convencidos que Herrera no merece un mal destino, simplemente no ha sabido formar equipos de trabajo, como tampoco lo merece la comunidad que tanto hizo por formar España. Castilla y León parece estar condenada a cerrar cualquier día o a desaparecer; no podemos mantener la Sanidad, según el presidente; la educación la tapamos con el manto de la dejadez, los datos y la desidia; las infraestructuras esperamos a que el Gobierno central nos las desarrolle; las empresas las cerramos por ignorancia y falta de visión empresarial; la formación profesional la manteamos sin piedad ni pasión ni elegancia; la cultura es menospreciada por muchos; al profesorado le condenamos al sufrimiento e intentamos organizarle su terreno desde el desconocimiento; corrompemos la esperanza; masacramos el futuro y rompemos las expectativas sociales. ¡Vaya bodrio de comunidad! Sin duda, si los incompetentes volaran, no nos daría el sol.

Ayer decía un grupo de profesores que “Castilla y León se muere un poco más cada día”. La comunidad no encuentra el camino del futuro. El Partido Popular la masacra como si pareciera despreciarla y los equipos de Herrera Campo la ‘malvenden’ y distorsionan como si fuera una insignificante furcia encontrada en el camino de la media noche. Si Baden-Powell decía que “la manera de conseguir la felicidad es haciendo felices a los demás”, otros nos inclinamos más por el tradicional refranero, porque vemos que “la memoria es como el mal amigo; cuando más falta te hace, te falla”. Y es que desde que conocemos la cantidad de borrones que Herrera Campo ha cometido con Castilla y León, pensamos que — como decía Manolo Alcántara – “lo curioso no es cómo se escribe la historia, sino cómo y con qué indignidad se borra”.

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