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Etiquetas:   Ideologas   -   Sección:   Opinión

La izquierda

Jos Garca

martes, 11 de enero de 2005, 00:29 h (CET)
Un misionero contaba que al traducir el Credo al chino tuvo que escribir que Cristo resucitado est sentado a la izquierda de Dios Padre, porque para la cultura de China se es el lugar m s honroso, y no la derecha. Esta ancdota nos recuerda la relatividad de tantas cosas que a veces llegan a afectar a los puntos cardinales que nada tienen que ver con lo que frecuentemente se ala nuestra brjula influenciada por otros campos de imantaci n. Ello explica por qu en ocasiones no sabemos d nde est el norte ni qu tierra pisamos, y al mirar a nuestro alrededor no reconocemos paisajes ni horizontes. Deca el compositor A. Honegger que El 'progreso social' enrola a todos en una vida semejante a un campo de concentraci n. Hace casi imposible la existencia de un ser independiente.

No recuerdo cundo cay en mis manos un artculo de F. Umbral en el que le una original reflexin relacionada con la 'izquierda', que en s ntesis este pensador la calificaba de opcin radical que conduc a a una ausencia de instalacin. Y me pareci una clave perfecta para el que pudiera considerarse censado en territorio tan singular. Deca Umbral que la cultura est siempre en la izquierda, porque sta es pregunta por la vida, por el ser y por las cosas, mientras la derecha no se pregunta nunca nadaã««Û¬ y adems vive de evidencias: fincas, escudos, armas, liquidez, geograf a, clima, sangre. Todo esto son valores catastrales, pero no ideas que hagan avanzar el mundo. Depende de qu 'derecha' e 'izquierda' hablemos, y si partimos de opciones y compromisos que rechacen cualquier ideolog a que pueda abrazarse como receta de conveniencia y no de conviccin. A ada Umbral en el citado art culo que los signos de la izquierda no son el carnet ni el himno, sino el pensamiento, pues lo caracterstico de la izquierda es no estar uno seguro de nada, aunque abierto a todo, y íŸí»«El acto ms revolucionario de la vida es la duda, empezando por ponerse en cuestin uno a s mismo. Ser de izquierdas no es instalarse en la izquierda, sino desinstalacin permanente, que nos entrega a la corriente de las ideas y los meteoros, a la renovaci n continua. Ledo esto, no es de extra ar que a diario brote la duda sobre la autenticidad de la opcin en la que se consideran inquilinos tantos y que suena a adaptaci n del guin.

Ciertamente la vida es algo de utop a -aunque no se estile-, travesa en el desierto y tienda de campa a, lo que muy bien podra entenderse como una residencia en el 'margen'. Pero existen serios interrogantes sobre los l mites de esa franja misteriosa donde gente desconocida paga tributos de coherencia, da la espalda al carnaval y sufre destierros porque no est dispuesta a asociarse a la mentira ni a comprar seguridades a cambio de una porci n de 'lentejas' servidas en platos de oro.

Sobrevive un ideal del ser humano, con sus manos izquierda y derecha, donde no hay puos cerrados ni brazos en alto, que exige entrega a los dem s sin pedir nada a cambio, no quitar un euro a nadie, no beneficiarse de la poltica ni de su entorno, no jugar con los dec logos de la religin o la creencia, no practicar la corrupci n, ganar lo que se deba y no lo que se ambicione, y no echar a la cuneta al que sea obstculo para la consecuci n de los fines propios. No son pocos los que cumplen a la perfeccin estos nobil simos requisitos. Colquelos usted donde quiera. Yo prefiero ponerlos al margen. Pero atenci n: la marginacin est a la orden del da. No depende de nosotros: nos marginan. Por tal motivo s lo tiene valor residir en el margen voluntariamente. Sobran viviendas. Estar marginados puede ser un suplicio, y residir en el margen, una dicha. Aspirar a esta situacin no es f cil porque hay que acostumbrarse a vivir con poco -a lo mejor es muchsimo-, como exige toda opci n radical. Lo dems es cuento chino, le do o recitado.

Por suerte para el mundo, no faltan ejemplos que hablan de renuncia a entrar en el juego sucio de una zona de la vida; de gente de vala, libremente apartada, que no sabe ni quiere doblegarse, y que se resiste a tener que contar cada noche los euros de la bolsa de la avaricia o comprobar el saldo de la cuenta de ahorro, a a os luz de los lmites de los n meros rojos. Por esos signos los conoceremos. Gestos de desinstalacin pide parte de la sociedad a la 'progres a' que habla de tica y valores filantr picos y no acta en consecuencia.

Se me pasa por las mientes el Catecismo de la Doctrina Socialista de Felipe Carretero, escrito en una Espa a de abusos y penuria, sobre todo sus mandamientos que si en aquellos tiempos de graves conflictos sonaban a blasfemia, hoy provocan cierta gracia porque, aunque estn inspirados en el dec logo sagrado, muchas de sus propuestas son de obligado cumplimiento. Veamos: El primero, amar a la Humanidad sobre todas las cosas. El segundo, no hablar de ella en vano. El tercero, santificar las doctrinas socialistas. El cuarto, honrar al que se lo merezca. El quinto, no matar. El sexto, no abusar de nuestra naturaleza. El sptimo, no explotar. El octavo, no alcahuetear ni mentir. El noveno, respetar a las mujeres. El d cimo, utilizar los bienes en beneficio de todos. Estos diez mandamientos se encierran en dos: en servir y amar a la Humanidad sobre todas las cosas, y en no dar al prjimo contra una esquina. Am n.

Entiendo que la palabra 'izquierda' reclama ms respeto a la hora de ser pronunciada, pues es opci n y actitud, no emplazamiento ni adhesin al sistema, y exige denuncias de injusticias y abusos. No se ha de confundir cierta 'izquierda' con la decisi n que a muchos le ha costado y le sigue costando privacin de poder, fama, libertad o la misma vida. La Humanidad es deudora de tantos que lucharon y consiguieron beneficios para los dem s, quedando ellos al margen, por voluntad propia despojados de riquezas y posesiones, y haciendo el bien en un territorio sediento de justicia y verdad. Estoy de acuerdo con Umbral cuando dice que ser de izquierdas no es instalarse en la izquierda. JOS IBARROLA

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