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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Tory contra el conservadurismo vudú

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 15 de octubre de 2010, 22:00 h (CET)
WASHINGTON -- No soy una bruja.

Pero si lo fuera, el primer hechizo que obraría transformaría al secretario de la oposición en la Cámara John Boehner en el Primer Ministro británico David Cameron. El secretario de la oposición en el Senado Mitch McConnell se convierte en -- ¡flas! -- George Osborne, el canciller de Exchequer.

¿Esperaba sapos?

Tentador, pero éste será un cambio mejor. La diferencia entre los líderes conservadores británicos y los que nos han endilgado en Estados Unidos es la diferencia entre el conservadurismo racional y el conservadurismo de varitas mágicas.

No soy Tory. Pero al escuchar el discurso de Cameron en la conferencia anual del Partido Conservador, quedé desconcertada.

En primer lugar, en lugar de conjurar visiones edulcoradas de cambio indoloro, los Conservadores abordan su crisis fiscal con concreción y seriedad. Osborne está a punto de desvelar un plan austero de reducción del déficit que recortará la mayoría de los presupuestos ministeriales un 25% durante varios ejercicios. No es una especie de presupuesto presidencial imposible de tramitar; el sistema parlamentario significa que son recortes que se van a implantar.

Podrá discutir que sea el enfoque correcto en una economía endeble, o que estos recortes son demasiado draconianos, pero pronunciarlos exige coraje. Compare esto con el ridículo "Compromiso con América" de los Republicanos de la Cámara, que se podría resumir en sólo dos flecos miserables: recortar el presupuesto del Congreso (todo el gasto de la rama legislativa en total no llega a los 4.000 millones de dólares) y congelar el número de funcionarios (es más reducido que en 1967).

En segundo lugar, los Conservadores británicos piden sacrificios compartidos, empezando por un lugar en el que los Republicanos no parecen fijarse nunca -- por la cúpula. "Es justo que aquellos de hombros más anchos lleven una carga más pesada", decía Cameron.

Al abrirse la conferencia, anunciaban los Tories para pitido de sus propias filas, las rentas más altas -- los que ingresan más de 70.000 dólares al año -- ya no tendrán derecho a percibir prestaciones automáticas por hijo, dentro de las cuales una familia con tres hijos recibe cerca de 4.000 dólares al año.

"Créanme, entiendo que la mayoría de los contribuyentes de renta alta no son súper-ricos", decía Osborne. "En estos momentos tenemos que centrar los recursos allí donde son más necesarios". Aquí en los Estados Unidos, cuando los Demócratas se atrevieron a proponer subidas tributarias para los hogares que ganan más de 250.000 dólares al año, los Republicanos se pusieron a gritar "guerra de clases".

En tercer lugar, los Conservadores británicos no suscriben la visión de la administración pública que tiene el movimiento de protesta fiscal como fuerza del mal. "No creo en el liberalismo", decía Cameron. "El gobierno juega un papel no sólo a la hora de estimular la ambición, sino a la de ayudar a que despegue".

Enumeraba ejemplos escogidos: el Banco de Inversiones Verdes, proyectos de infraestructuras como el tren de alta velocidad o la banda ancha ultra-rápida, hasta "el nuevo subsidio a la creación de empresas, que asigna ayudas y soporte a los parados que quieran abrir su propio negocio".

Es difícil imaginar haciendo algo parecido al partido contrario a ampliar la prestación por desempleo. Mientras los Republicanos denuncian la medicina socializada que es todo menos eso y prometen desmantelar la reforma sanitaria, sus homólogos Tory han prometido salvar de los recortes el Sistema Nacional de Salud -- su medicina realmente socializada.

En cuarto lugar, los conservadores de Cameron no sufren de la alergia anafiláctica de los Republicanos a los impuestos. Mientras los Republicanos insisten en ampliar las rebajas tributarias Bush a los estadounidenses más ricos, los Conservadores británicos han aprobado subidas fiscales. Sí, ha leído bien -- incluso si la carga impositiva es ya significativamente más elevada en el Reino Unido.

La batería de medidas de reducción del déficit de los Conservadores británicos se propone compensar la quinta parte de la caída de la recaudación subiendo los impuestos. El impuesto sobre el valor añadido va a pasar del 17,5% al 20%. El impuesto de capitales sobre los beneficios pasará del 18% al 28% en el caso de los que más ganan porque, como dice Osborne sonando más a Warren Buffet que a Margaret Thatcher, los ricos "pagan menos impuestos que su servicio doméstico".

En quinto lugar, y esto puede ser resultado de quedar muy lejos de la mayoría clara y de la posterior coalición con los Demócratas Liberales, los Tory parecen comprender que la política puede ser cuestión, en palabras de Cameron, de "debate razonable, no de enfrentamientos tribales divisorios".

El primer ministro anunciaba un referendo fijado el año que viene en torno a la reforma electoral -- una medida a la que se oponen los Conservadores. "Vamos a no desperdiciar tiempo tratando de echar abajo el anteproyecto", decía. "Salgamos ahí fuera y vayamos a ganar votos". Suena exactamente igual que el enfoque Republicano sobre el Congreso, ¿a que sí?

De acuerdo, el Reino Unido y Estados Unidos tienen sistemas políticos diferentes y culturas políticas distintas. Pero ojalá hubiera un Partido Republicano que sonara la mitad de sensato. Lamentablemente, van a hacer falta más ojos de tritón -- ¿o era ojo de Newt? -- para obrar ese truco.

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