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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Vargas Llosa

Rafael del Barco (Barcelona)
Redacción
viernes, 15 de octubre de 2010, 14:35 h (CET)
Su lectura me llenó tantas horas de cárcel que me alegró la concesión del Nobel. No es que me importe demasiado ni nóbeles ni literatura, quizá en otras épocas de mi vida, pero desde hace muchos años mis aficiones puramente intelectuales se han relegado a algún agradable recuerdo como éste a Vargas Llosa. Tampoco es que me tragara toda su producción pero alguna de sus novelas, por ejemplo el “La guerra del fin del Mundo”, me parecían tan dignas del Nobel como lo fuera “La familia de Pascual Duarte” de Camilo José Cela.

Lejos de mi intención un artículo sobre los méritos literarios de Vargas Llosa, ni me siento capacitado, y padres tiene la iglesia para esos menesteres, y encima a muchos de esos padres ni les entiendo. Pero cuando rebuscando por Internet los muchos avatares que sufre Cataluña tropiezo con las estupideces de los subvencionados del catalanismo, no puedo menos que añadir a las últimas corrupciones las extrañas “derias” “psicosis” o “delirios” de su catalanidad.

Insisto que soy catalán y hablo catalán (el barçeluní con acento tradicional no el prefabricado de Montilla) aunque solo escribo en castellano (circunstancias de la vida), y quizá ni hable ni escriba una u otra demasiado bien, pero como me doy a entender escribiendo en castellano y con todos mis compatriotas cuando hablo en catalán, considero que ambas lenguas conviven bien en mi mundo íntimo, y las utilizo indistintamente con placer. Me siento a gusto con las dos, y hasta me esfuerzo en leer catalán. Los políticos han creado un problema que la calle no tenía, y ni tiene.

Esta semana descubro las subvenciones a CANAL CATALÁ, cercana o de Esquerra Republicana de Cataluña, que recuerdo porque me rogaron, mejor ordenaron, que me abstuviera de comentar en su abierta sección de comentarios, orden que cumplí. Como novato en Internet y por mis inmensas lagunas en este especial Régimen Catalán metí la pata entrando en santuarios donde los profanos ofendemos y somos expulsados. Me sucedió hasta captar más o menos de que sopa come cada uno y no perder el tiempo en cuanto a mi personal campaña sobre la GRAN CORRUPCIÓN.

Estos tan catalanistas quieren ignorar que él, y otros, contribuyeron a crear en su tiempo en Barcelona la mayor industria editorial en castellano del Mundo, y que ya solo por eso habría que alabar su existencia. Me contaron que Planeta amenazó a los de Pujol con llevarse su editorial a Madrid, México o Buenos Aires, donde tiene grandes sucursales. Y no es que me caiga bien Planeta, una vez rechazaron uno de mis libros, y lo hicieron con portazo, mal estilo. Fui empujado por un amigo y a la vez de uno de sus directivos. Deduje, ya lo sabía, que su dueño Lara era amigo y vecino de Javier de la Rosa. Pero cada cosa en su sitio, y Lara y su Planeta son intocables, como La Vanguardia en castellano, que tampoco y casi por lo mismo que Lara (los Godó amigos y vecinos de De la Rosa) fueron para mí un mundo tabú. Les recuerdo demasiado sus servidumbres y corrupciones. He de confesar que últimamente se han colado muchos de mis comentarios en sus publicaciones. Lo atribuyo a mi insistencia y a cierto liberalismo de La Vanguardia o La Razón. Consideran que poco les puede afectar mis verdades de Perogrullo.

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