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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

“Ratzinger considera que el amor sin verdad se convierte en puro sentimentalismo”

Pablo Blanco, escritor y profesor
Redacción
viernes, 15 de octubre de 2010, 10:14 h (CET)
Pablo Blanco, natural de Zaragoza, es profesor de Teología en la Universidad de Navarra. El autor es además licenciado en Filología Hispánica y doctor en Filosofía. En "Benedicto XVI. El Papa alemán", volumen recientemente publicado por la editorial Planeta, se adentra en los aspectos menos conocidos de Joseph Ratzinger, acercándonos la humanidad del pontífice en su larga trayectoria dentro de la iglesia católica.




Pablo Blanco


Luís López / SIGLO XXI

Usted como experto en la figura de Ratzinger, no es la primera vez que aborda un texto sobre él, ¿qué diferencia “Benedicto XVI, el Papa alemán” de los títulos anteriores


Realicé mi tesis doctoral sobre la teología de las religiones en Joseph Ratzinger, y lógicamente no tiene nada que ver con esta biografía. Había publicado previamente una breve biografía de 173 páginas en 2004, antes incluso de que fuera elegido papa, que después resultó ser la primera biografía en castellano. Después han salido a la luz muchas cosas más: libros, testimonios, noticias, entrevistas… Con todo este material he trabajado y ha dado lugar a las 592 páginas de este libro, publicadas por Planeta. Me parece que se trata de un libro muy distinto y mucho más completo que los anteriores.

Los primeros años de su vida son apasionantes de estudiar, pero supongo que difíciles de vivir; reclutado en el escuadrón antiaéreo del ejército nazi, entrenamiento en infantería, prisionero de guerra, todo esto antes de cumplir los veinte. ¿Cómo cree usted que marcan estos acontecimientos al joven Ratzinger

Evidentemente el nazismo y la segunda guerra mundial son experiencias que marcan toda una vida. El régimen de Hitler constituyó un trauma para él y su generación, y proporciona una clave de interpretación de todo su pensamiento. Por eso habla tanto de la verdad (y del amor); se refiere a la “dictadura del relativismo”, a la esclavitud a la que estamos sometidos bajo la mentira. También se suele hablar de la influencia en Ratzinger del mayo del 68 o de la caída del muro de Berlín en 1989. Pero en el fondo es más de lo mismo: se trata de otras dictaduras que renuncian a la verdad y el amor.

En 1977, es nombrado Arzobispo de Münich y Frisinga y toma como lema episcopal la frase de la carta de Juan, "cooperador de la verdad", ¿considera que ese rasgo podría definirle como Papa?

Jürgen Habermas, un un epígono del marxismo, perteneciente a la Escuela de Fráncfort ha llamado a Benedicto XVI «amigo de la razón», porque el papa está convencido de la capacidad de diálogo, de entendimiento y de buscar la verdad que tiene la razón humana. En este sentido es plenamente optimista. Pero esta verdad es inseparable del amor, tal como insiste una y otra vez. La verdad y el amor son los dos pilares sobre los que se apoye el cristianismo, ha repetido Ratzinger de modo continuo. Como ha escrito en la última encíclica Caritas in veritate, el amor sin verdad se convierte en puro sentimentalismo, mientras la verdad y en amor se convierte en dura y rígida, casi dictatorial.

El actual Pontífice ha publicado más de cien libros e innumerables artículos, ¿de dónde cree que saca el tiempo para escribir?

Él es ante todo un buen alemán: constante, metódico, trabajador. Veinticinco años como profesor universitario dan para mucho, y además en sus años como arzobispo y como prefecto de la Congregación de la doctrina de la fe no ha dejado de escribir ni de publicar. Piensa que es una dimensión propia de su oficio de profesor. Incluso ahora como papa dedica los martes por la tarde a estudiar y escribir. De hecho, el libro Jesús de Nazaret lo considera como una labor tan importante que no ha querido prescindir de ofrecer esta aportación. Es un verdadero intelectual que ha sabido convertirse –cuando las circunstancias lo requerían– en un pastor. Un poco como san Agustín.

En estas páginas podemos acercarnos al pensamiento de Joseph Ratzinger y descubrir que detrás del intelectual teólogo, hay un hombre con dudas sobre su valía como pastor, que reconoce sus insuficiencias y se esfuerza por superarlas, ¿se pone límites personales Benedicto XVI?

Él conoce bien sus límites, y también sus posibilidades. Se mide, no acomete labores ni situaciones que le superen. Se conoce bien. De todas formas me parece que ha dado buenas muestras de continua superación, como en sus apariciones en público, que se ve que no le gustan demasiado; pero al mismo tiempo sabe explotar sus propios recursos personales. Además del “papa de la razón” es también el “papa de la palabra”, por lo inspirado de sus discursos y homilías. Juan Pablo II llenaba la plaza de san Pedro, pero con Benedicto XVI va todavía más gente a escucharle (también gracias a las compañías de vuelo a bajo costo, todo hay que decirlo).

El Papa lleva más de cinco años al frente de la Iglesia. Si usted mira hacia atrás, ¿se imaginaba esta progresión en el Vaticano?

La verdad es que no: a pesar de que hice la tesis sobre el que después sería papa, he de reconocer que no tengo dotes proféticas… Pienso que el papa alemán va sereno y tranquilo hacia donde piensa que debe ir, es decir, hacia donde piensa que Dios quiere llevar a su Iglesia. Por eso hace relativo caso a todos los posibles ataques y las dificultades inherentes al ministerio. Hay una anécdota significativa en este sentido. Cuando era prefecto y estaba en “el lugar más duro de la Iglesia”, como decía un obispo español, le preguntaron si dormía bien. Como buen alemán, se quedó un poco desconcertado por la pregunta, a lo que simplemente respondió: “Después de hacer mi examen de conciencia y rezar mis oraciones, duermo estupendamente, porque sé que la Iglesia es de Cristo, y no nuestra”. Creo que este pensamiento le llena de paz y seguridad.

El amor, la verdad y la esperanza son los temas principales en las encíclicas del Pontífice, ¿son estos los retos de la Iglesia actual?

Tal vez sean estos mismos temas aplicados a las circunstancias concretas de la vida actual: por ejemplo, el amor tiene que ver con cómo se plantean en la actualidad las relaciones sexuales o las mismas relaciones humanas; la verdad presenta sus implicaciones en la bioética y la defensa del medio ambiente, pues si no damos con ella, los daños pueden ser irreparables; la esperanza exige una justicia social de la que este mundo anda un poco escasa, a la vez que presente un horizonte de vida mucho más amplio del que aparece en los anuncios publicitarios.

Dostoievski escribió: “Si Dios no existe, todo está permitido”, ¿se puede crear sin Él?

Se puede fabricar y producir –hasta cierto punto– la vida humana, pero estas experiencias de “aprendiz de brujo” están produciendo consecuencias muy negativas que estamos empezando a valorar. Por eso el papa actual habla tanto de la creación y del respeto al sentido de la naturaleza. Este respeto al logos, al “código genético” propio de cada ser jugará siempre a favor del medio ambiente y del ser humano. Es algo que debemos recordar, pues no hemos de olvidar que el personaje de Dostoievski que pronunció esas palabras acabó suicidándose…

¿Cómo convencería a un escéptico de que la fe es algo vivo?

Ratzinger ha mantenido distintos encuentros con ateos, agnósticos y no creyentes en general. Lo primero que ha sostenido es que hemos de ser primero racionales, y entonces –si Dios quiere, nunca mejor dicho– aquel pensante podrá encontrar la fe. Pero primero viene la razón, según el papa alemán. La fe solo puede venir cuando uno es plenamente racional y plenamente honrado. Entonces podría llegar esa llamada de Dios.

Según su criterio, ¿cualquier progreso científico resulta un progreso hermenéutico?

Interesante pregunta. Si hermenéutico quiere decir interpretativo, ya se ve que no siempre es así: hay descubrimientos científicos que podrían llevar a un empobrecimiento hermenéutico. La técnica sin ética acaba volviéndose contra el ser humano y la naturaleza, siempre. Por eso la ciencia requiere de una hermenéutica más amplia que el simple dato científico, para poder contribuir de verdad a favor del hombre y del mundo.

Usted afirma en su libro que el Papa tiene un gran sentido del humor, ¿se puede escuchar la emoción de Dios como eco universal de la Creación o es sólo radiación cósmica de fondo?

Esta pregunta denota también un gran sentido del humor… Ratzinger afirma que “Dios tiene un agudo sentido del humor”. Para él, Dios es no solo amor, sino también humor. Al mismo tiempo es cierto que, según la concepción cristiana, Dios crea con inteligencia y amor. Si fuéramos capaces de captar ese amor y ese inmenso conocimiento, pienso que seríamos capaces de captar el verdadero sentido de la realidad. Supongo que Ratzinger no negaría la radiación cósmica de fondo (él es un gran aficionado a la ciencia), pero pediría que de allí llegáramos a la Razón creadora, a la Razón que crea por amor.

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