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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Internacional

La era de la austeridad

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
viernes, 15 de octubre de 2010, 06:43 h (CET)
WASHINGTON -- Hemos entrado en la Era de la Austeridad. Ya ha llegado a Europa y es inevitable que llegue a Estados Unidos. Gobiernos de toda Europa recortan el gasto público y suben los impuestos -- o contemplan hacerlo. El sistema social y el mercado de deuda pública se han derrumbado, y el estado del bienestar retrocede. Hasta los países ricos encuentran la factura demasiado elevada; pero la austeridad súbita podría provocar de forma contumaz una nueva crisis financiera.

La tesitura en la que se encuentra Europa es hoy la amenaza más evidente a la recuperación global ya mediocre. El Fondo Monetario Internacional proyecta que la economía mundial crecerá alrededor del 4% en 2011. Aunque esto suene respetable, las predicciones del crecimiento de los Estados Unidos (2,3%) y Europa (1,8%) implícitas son tan bajas que representarían una reducción escasa, de haber alguna, en los 38 millones de parados de estas dos economías de referencia.

Claramente, la mayoría de países europeos esperaron demasiado para reformar de forma sustancial sus infraestructuras de apoyo social. (Lo mismo se puede decir de los Estados Unidos). El coste añadido de la recesión global les ha obligado ya a hacer lo impensable políticamente: amputar el gasto social y subir los impuestos en momentos económicos difíciles. No tienen otra elección, pero podría ser misión imposible.

Por una parte, los enormes déficits y obligaciones -- la suma de los déficits de los ejercicios anteriores -- se traducen en que algunos países ya no pueden colocar su deuda a tipos de interés razonables. La pasada semana, los tipos del bono país griego a 10 años rondaban el 10% y más del 6% en el caso de los títulos irlandeses y portugueses. Hasta estos tipos serían superiores si estos países no hubieran acometido medidas para recortar los déficits presupuestarios a largo plazo. En contraste, los tipos se encuentran en torno al 2,3% en el caso del bono germano a 10 años y el 2,4% en el de la deuda pública estadounidense a 10 años.

Por otra parte, las subidas tributarias y los recortes del gasto público implantados de forma súbita amenazan con agravar las recesiones. En Grecia, el impuesto sobre el valor añadido (un impuesto nacional sobre la venta) se elevaba cuatro enteros; la edad de jubilación también se está elevando. Portugal aprobaba una subida del IVA de dos enteros. En Irlanda, el salario de los funcionarios públicos se reducía una media del 7%. En España, las prestaciones por nacimiento se están aboliendo. Los índices de desempleo ya rondan el 11% en Portugal, el 12% en Grecia y el 14% en Irlanda.

Para algunos economistas, es un disparate. Desmond Lachman, del American Enterprise Institute, pronostica una inútil espiral económica depreciativa. A medida que las recesiones se agravan, la contracción de las recaudaciones y el mayor gasto por desempleo equilibran algunas de las mejoras proyectadas en los déficit presupuestarios. Así que hacen falta más subidas tributarias y recortes del gasto.

La gente pierde la paciencia, dice Lachman. Las administraciones se derrumban o deciden que la insolvencia -- negarse a cumplir parte de las obligaciones -- es el menor de los males en comparación con tolerar una situación de miseria persistente extendida. "Es una carrera entre Grecia e Irlanda" por ver cuál se declara insolvente primero, aduce. El país insolvente también abandonará el euro y creará su propia divisa para recobrar parte de control sobre sus tipos de interés y tipos de cambio.

El peligro: otra conmoción financiera, puede que al estilo de la quiebra de Lehman Brothers. Si un país se declara insolvente, los inversores se desharán en masa de los títulos de deuda del resto. Los bancos europeos, con más de 1 billón de dólares en préstamos extendidos a Grecia, Irlanda, Portugal y España, sufrirán nuevas pérdidas, según Lachman.

No tan rápido, afirma Jacob Kirkegaard, del Peterson Institute. Europa ha actuado "pragmáticamente" para evitar la catástrofe, dice. Dado que los mercados de deuda pública pueden imponer la quiebra a los países débiles -- no acudiendo a las subastas de su deuda o imponiendo tipos prohibitivos -- Europa ha creado fuentes de préstamo temporales. En mayo, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional rescataban a Grecia con una batería de medidas por valor de 146.000 millones de dólares. La UE y el Fondo también prometían abrir un fondo de alrededor de 1 billón de dólares al que otros países (digamos Irlanda o España) se podrían acoger. Por último, el Banco Central Europeo -- la Reserva de Europa -- está acudiendo a las subastas de deuda pública de los prestatarios en situación más precaria.

La esperanza última es ganar tiempo. Los recortes drásticos del déficit, se argumenta, acabarán por desatar el crecimiento económico al tranquilizar a los mercados de deuda mostrando que los niveles de endeudamiento son sostenibles y justificando tipos de interés más bajos. Esa es también la teoría del nuevo Primer Ministro británico David Cameron, que ha propuesto contraer el gasto público una sexta parte para 2015.

La austeridad está transformando economías y políticas. En la Era del Derecho Social todo eran prestaciones; en la Era de la Austeridad todo van a ser reclamaciones. En la Era del Derecho Social todo era maximizar el crecimiento económico; en la Era de la Austeridad todo dependerá de minimizar la inversión económica. Dilemas parecidos desafían a la mayoría de sociedades avanzadas. Hasta la deuda del gobierno de Alemania como porcentaje de la economía real es considerable (el 73% en 2009).

Los gobiernos se ven atrapados en un brete. Sin impopulares recortes del gasto público y subidas tributarias, los inabordables déficits pueden sacudir sus economías. Pero esos mismos recortes del gasto público y subidas tributarias también amenazan el crecimiento económico. Estados Unidos no está a salvo. Los bajos tipos de interés estadounidenses significan que los mercados de la deuda pública no han reparado aún en nosotros. Tenemos que evitar amenazar la recuperación reduciendo de forma drástica con efecto inmediato los déficits presupuestarios. Pero desde luego tenemos que tomar medidas de forma convincente para atajar los futuros déficits. La austeridad puede no ser de gusto; pero lo dolorosa que sea sigue dependiendo parcialmente de nosotros.

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