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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Internacional

Asqueroso, pero amparado

Ruth Marcus
Ruth Marcus
jueves, 14 de octubre de 2010, 07:02 h (CET)
WASHINGTON -- Desconozco si hay infierno, pero si existe, el reverendo Fred Phelps y los demás feligreses de la Iglesia Baptista de Westboro se han ganado una plaza. En este mundo, sus repugnantes acciones están protegidas por la Constitución.

Phelps y su turba de Topeka, Kan., creen que "Dios está maldiciendo a América" -- y matando soldados estadounidenses -- por los pecados cometidos, incluyendo la homosexualidad, el divorcio y el adulterio. Se les ha ocurrido una forma particularmente ofensiva de trasladar su mensaje: manifestarse en los funerales militares con pancartas como "Gracias a Dios por los soldados muertos" o "Váis a ir al infierno".

Feligreses del templo se manifestaban en los exteriores del funeral celebrado en Westminster, Md., por el Cabo Marine Matthew Snyder, caído en combate en Irak en 2006, acompañando con un poema "épico" en Internet que afirma que los padres de Snyder "le criaron para el demonio" y que "Dios creó a Matthew para la finalidad misma de abatirle".

El padre de Snyder, Albert, se querelló por invasión de la privacidad y daños morales intencionados. Un jurado impuso una compensación de 11 millones de dólares pero una sala federal de apelaciones revocó los daños al entender que las declaraciones, aunque "totalmente faltas de gusto", están amparadas por la Primera Enmienda porque "aluden a cuestiones de interés público".

Esta semana abre la vista de la apelación de Snyder ante el Supremo, y los jueces parecen divididos en la forma de resolver el caso -- o, quizá más importante, las implicaciones de la forma en que lo resuelvan de cara al resto de casos relativos a la libertad de expresión.

"Estoy buscando un límite" que permita reclamar daños en situaciones escandalosas pero no "impedir a alguien la difusión de un mensaje público", informaba el magistrado Stephen Breyer a la defensa de la iglesia, Margie Phelps, que también es la hermana de Fred Phelps

"Acepto por completo que usted tiene derecho en algunas circunstancias a pronunciarse sobre cualquier tema político que quiera", añadía la jueza Sonia Sotomayor. "Pero ¿cuál es el límite entre hacer eso y personalizarlo y generar daños a un individuo?"

Dudo que ese límite se pueda trazar adecuadamente, lo cual es el motivo de que el tribunal de apelaciones hiciera bien en descartar la cuantía de la compensación. Pero también creo que este caso no es tan tortuoso como salta a la vista. La parte más decepcionante de la conducta de la iglesia de Westboro es "secuestrar el solemne desarrollo de un funeral para sus propios fines desagradables a expensas de las dolidas familias estadounidenses", en palabras del alegato amicus curiae presentado en nombre de Snyder por los fiscales de 48 estados y el Distrito de Columbia.

Pero existe otra forma de proteger lo sagrado de los funerales y a las familias dolidas que imponer compensaciones multimillonarias a manifestantes. En la práctica, como apuntan los fiscales de los estados, la administración federal y 46 estados han implantado leyes que regulan las manifestaciones en las inmediaciones de un funeral. La justicia interpreta desde hace tiempo tales límites "de tiempo, lugar y estilo" como consistentes con la Primera Enmienda. Los magistrados podrían descartar las compensaciones con facilidad sin amenazar la viabilidad de estos reglamentos.

En la práctica, aunque el reglamento de Maryland no estaba en vigor en aquel momento, los manifestantes de Westboro obedecieron las instrucciones de las fuerzas del orden en cuanto al lugar, a varios cientos de metros del cortejo funerario. Desde donde se encontraba, Snyder sólo podía ver la parte superior de las ofensivas pancartas; no sabía lo que decían hasta que vio por televisión la cobertura varias horas más tarde. El servicio religioso no se vio alterado.

En realidad, la parte más desagradable del discurso de Westboro es el poema, con su ataque individualizado a Matthew Snyder y sus padres. La parte más asquerosa -- pero también la más peligrosa de exponer a una demanda de daños. El documento era colgado un mes más tarde del funeral en la página web del culto. Snyder se encontró con él navegando por la red.

Si este discurso merece daños punitivos, ¿qué principio va a amparar al bloguero ofensivo o al autor de comentarios escandalosos en la red?

El tribunal se enfrentó a un dilema parecido en 1988, en un caso relativo a la caricatura publicada por la revista Hustler del evangelista Jerry Falwell durante un encuentro incestuoso y alcoholizado con su madre en unos baños públicos. ¿Se puede castigar esa imagen sin poner en peligro las viñetas políticas tradicionales?

"Si fuera posible fijar un rasero para separar una cosa de la otra, el discurso público sufriría escaso o ningún daño", resolvía por el tribunal el presidente de la sala William Rehnquist. "Pero dudamos que exista un rasero así".

Albert Snyder es una figura que suscita más simpatías que Falwell, y se vio arrastrado al candelero por la tragedia, no por gusto. Pero el fallo del tribunal sigue siendo igual de válido.

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