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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

La veda está abierta y los animales aterrorizados

José Vicente Cobo
Vida Universal
jueves, 14 de octubre de 2010, 07:00 h (CET)
El pasado 11 de octubre comenzó en España la temporada de caza, con lo que un millón de cazadores recorrerán los bosques y campos en busca de millones de piezas que abatir. En Europa suman un total de 7 millones los que perseguirán a un número incontable de animales que viven en libertad y que serán asesinados con trampas, con disparos de perdigones que traspasan dolorosamente la piel y los nervios, con disparos de deformación que arrancan los intestinos de jabalíes, corzos y ciervos haciéndolos sufrir terriblemente durante horas o sencillamente desde cómodos puestos elevados.

La palabra caza, tan terrible como es, se presenta como un eufemismo. En realidad se trata del gusto de matar. “La caza es siempre una forma de ir a la guerra”, dijo el famoso poeta alemán Goethe. “Del asesinato a los animales al asesinato de los hombres hay sólo un pequeño paso”, dijo el escritor ruso León Tolstoi. Y en la actualidad cada vez más personas notan que es así.

Recientes estudios realizados por ecólogos dieron como resultado que los animales tienen un mecanismo interno para la regulación del crecimiento de la población. Ninguna especie se reproduce sin medida ni meta. La cantidad de nacimientos no se limita desde fuera, sino a través de una medida interna. En consecuencia, la caza por este motivo no sólo es inútil, sino que es totalmente innecesaria.

El ser humano no tiene por ello que asumir el papel de un falso salteador de caminos para reemplazar a los “enemigos naturales de los animales”. El solo estorba la armonía interna de la naturaleza, destroza los lazos sociales de los animales, destruye sus lugares de descanso y zonas de alimentación y desencadena considerables migraciones que se encuentran fuera de su ritmo natural. En el caso de los jabalíes los cazadores apuntan primero a la hembra, que tiene en la manada un papel de líder, y la matan. Al cazador le tiene sin cuidado que con ello no sólo se interrumpa sino que se destruya la estructura social de los animales.

En el caso de las liebres el cazador da su “saludo” con una carga de perdigones que no sólo traspasan la piel de la víctima, sino que se filtran por todo el sistema nervioso que se halla bajo esta. Las libres se retuercen despavoridas de dolor, gritando a menudo como niños pequeños. Entonces se acerca el orgulloso cazador y la golpea hasta matarla.

Así se podría seguir relatando como se hace con los corzos, gamos, perdices, pajarillos, etc. Y no por último qué sucede con los zorros que pronto serán nuevamente perseguidos, atemorizados y abatidos en tierras Gallegas donde se dio un paso atrás en el respeto y defensa de la Naturaleza, cuando la Conselleria permitió la celebración del campeonato de caza de zorro, motivo por el que la Asociación Vida Universal se unió al Boicot contra este mal llamado deporte, en primer lugar porque ningún animal está en la Tierra para ser acosado ni matado, tampoco torturado ni explotado, ellos nos acompañan y ayudan en nuestra vida y comparten sus existencia con nosotros, formando una unidad junto con las plantas y minerales, puesto que todo está contenido en todo, motivo por el que cualquier daño que hagamos a la más pequeña de las criaturas, es un daño que nos hacen.

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