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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Donde hablamos de necedades

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 14 de octubre de 2010, 06:50 h (CET)
Cuando uno, ante ciertas posiciones adoptadas por determinados colectivos o grupos de personas, como les ocurre a algunos miembros de la farándula; se apercibe de que los hay que no saben distinguir memoria, de cultura; egolatría, de la facultad de razonamiento; desfachatez y temeridad, de la inteligencia; el voceo y griterío, de una argumentación basada en pruebas, razones y documentación y, la burla zafia, la descalificación sistemática y la imposición por la fuerza, como única arma y argumento para convencer al antagonista, de la moderación y la cultura en el lenguaje y raciocinio; no tarda en llegar al convencimiento de que, las barreras entre los unos y los otros, son insuperables y que cualquier intento de conciliación o acercamiento, queda reducido a una mera utopía que hace imposible la más mínima posibilidad de entendimiento entre los oponentes. Y es que los hay que confunden el razonamiento, la lógica y el conocimiento como instrumentos adecuados para bucear en el sentido de las alternativas que pueden ofrecernos las ideas; las contraposiciones dialécticas como modos de enfocar un tema o los distintos puntos de vista, mediante los que se puede estudiar una situación; con lo que, como suele ocurrir en aquellos casos en los que existen prejuicios previos que condicionan, de una forma determinante, las facultades de diálogo de quienes no están dispuestos a atender a la lógica; se niegan a aceptar los razonamientos del contrario y son incapaces de usar el sentido común para analizar, sensatamente, una situación, un tema o una discrepancia de criterios.

Como es obvio me estoy refiriendo a un juicio emitido por un actorzuelo, un tal Willy Toledo –por cierto que, como suele ocurrir en muchos casos, se trata del hijo de un afamado cirujano, don José Toledo, pionero de la cirugía torácica en España –de estos que nunca han logrado salir de la medianía y que, muy posiblemente, por cuestiones ajenas a su profesión y lleno de este resentimiento que caracteriza a estos progresistas de nuevo cuño, que no aceptan que puedan existir, a pesar de declararse demócratas, personas que puedan opinar de distinta manera que ellos. Este pigmeo cultural se ha atrevido a decir de don Mario Vargas Llosa que “ es un derechista muy peligroso” y, de paso, poner en cuestión la oportunidad y el acierto del jurado que ha concedido al conocido escritor peruano y español, el premio Nóbel ( no Nóvel, como parece que se ha redactado la felicitación que ha formulado nuestro Gobierno, tarde por cierto, al otro beneficiario del premio Nobel de la Paz, un opositor chino, el señor Liu Xiaobo, ideólogo chino que pide elecciones libres en China y que, por ello, está cumpliendo condena de 11 años de prisión). Evidentemente, como dice la conocida expresión “no ofende quien quiere sino quien puede” y, como no podía ser de otra manera, esta estupidez ha quedado ahogada por la inmensa marea de felicitaciones que, desde todos los rincones del mundo, le han llegado al prolífico autor que ha logrado reunir en su persona, sensatez, cultura, simpatía, deliciosa fecundidad y evidente popularidad, como lo demuestra los millones de libros que lleva vendidos; una mente lúcida que le ha permitido denunciar, precisamente, la opresión de los tiranos y las barbaridades de los regímenes, como el cubano, que bajo la capa de la defensa del proletariado lo único que esconden es la miseria de toda una ciudadanía sometida al yugo de la opresión.

Por supuesto que, el historial político del señor Guillermo Toledo, está convenientemente salpicado de meteduras políticas de pata, como corresponde a un aficionado resabiado que, carente de la precisa preparación para emitir juicios adecuados en un tema que no está al alcance de aficionados, y que, cuando intenta destacarse con declaraciones como la comentada, intempestivas y, por supuesto, carentes de la menor lógica y sentido común; lo único que consiguen es poner a su autor en el más completo y ominoso ridículo. Claro que, este sujeto, ya está acostumbrado a ello, como ocurrió cuando quiso defender al régimen cubano en el caso del disidente, en huelga de hambre, el señor Orlando Zapata, que falleció de desnutrición ante la más completa impasibilidad por parte de quienes debieron de haber impedido que ello sucediera que, en este caso, fueron los hermanos Castro. Evidentemente, que hay actores sensatos que no se meten en semejantes berenjenales y que han salido al paso de las declaraciones del señor Willy Toledo, diciendo que, en modo alguno, lo expresado por el irascible comediante representa el sentir general de todos los actores. Entre ellos el señor Imanol Arias o el señor Gabino Diego, el compositor Tomas Marco o el filósofo Fernando Savater que terminó su crítica con la siguiente frase: “las declaraciones de Willy Toledo son, en el mejor de los casos, fruto de la falta de información”; lo que, no exime, sino agrava, a mi modesto criterio, la temeridad de quien tuvo el descaro de hacerlas.

Lo verdaderamente preocupante de toda es historia de desmadre, es que algunos de la farándula, entre los que siempre encontramos siempre a los mismos protagonistas, como son los señores Alberto San Juan, Luis Tosar, Juan Diego Botto, Pilar Castro y otros muchos a los que sería prolijo reseñar; unidos, sin duda, por un sentimiento común de odio hacia la derecha, que no se sabe si lo mamaron de sus ancestros o lo adquirieron a causa de unas compañías que los indujeron a considerar el comunismo o el socialismo, como una forma de expresar su disconformidad con el modelo de sociedad basado en lo que ellos, despectivamente, denominan “capitalismo”. Lo curioso es que, si no existieran los capitalistas, los que ponen en marcha teatros, cines, producen películas, las promocionan y hacen publicidad de ellas, evidentemente, sus posibilidades de vivir de su oficio serían muy limitadas. A no ser que, y aquí está el quid de la cuestión, a cambio del apoyo de la farándula, el Gobierno de turno, haga, como está haciendo la señora González Sinde y los que la precedieron en el cargo de ministra de Cultura, lo que se entiende como “subvencionar la cultura”, en forma de entregas de cantidades, a fondo perdido y a cargo del Erario público, a los amiguetes, los paniaguados y los que le bailan el agua al Gobierno, para que con dichas subvenciones puedan hacer películas, el 90% de las cuales son un fracaso, con intérpretes que, en su mayor parte, son incapaces de competir con los americanos y con el handicap de que, la mayoría de ellos son amateurs, “chusqueros” del oficio, que no han pasado por una formación adecuada antes de dedicarse a la interpretación.

Vean ustedes el hecho innegable de que, a pesar de que el Gobierno se ha volcado en dar el dinero de nuestros impuestos para fomentar el cine español, el número de películas españolas que consiguen salir al extranjero y concursar en certámenes internacionales es muy reducido; si queremos valorar el número de nuestros actores y actrices que han conseguido hacerse un nombre fuera de España, es muy posible que nos bastaran con unos pocos dedos de nuestras manos para contabilizarlos. Es decir que, a la vista de quienes observamos la realidad de nuestro país como meros ciudadanos de a pie, el que estas nulidades en cuestiones políticas, vayan chupando del bote a costa de nuestros impuesto y, aún más, cuando estamos en una crisis que ha hecho que tengamos que apretarnos los cinturones; y, a la vez, tengan tiempo para irse de viaje a Cuba y compartir mesa con los Castro para que, después, nos vengan con sus zarandajas mitineras a contarnos cuentos chinos; es algo de difícil digestión. Y es que, señores, ya lo dijo Baltasar de Gracián: “Son tontos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen”. A buen entendedor, pocas palabras.

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