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La importancia de llamarse Amorebieta

María Xosé Martínez
Maria Xosé Martínez
martes, 12 de octubre de 2010, 15:31 h (CET)
Con cosas como las que pasaron el pasado sábado 25 de septiembre durante el partido entre el Athletic de Bilbao y el Fútbol Club Barcelona, no creo que a nadie le quepa duda a estas alturas de la película, que los equipos grandes, además de tener una supremacía en lo económico, en tener una plantilla llena de galácticos y ahora también en demostrar que él que no llora no mama, nos vamos a ver relegados a tener que tragar con una Liga adulterada.

Sí, adulterada. No se puede permitir una semana después de que los dos equipos que acabaron luchando con infinita superioridad al final de la temporada pasada en solitario, ahora quieran verse ayudados por los árbitros para defender a sus estrellas. Ya está bien. Parece que los megacracks de la Liga de las estrellas nunca dan patadas, ni hacen cosas mal. Pues no es cierto.

Durante el partido entre el Levante y Real Madrid, Cristiano Ronaldo le pega una patada a un jugador del equipo alicantino sin balón en juego, con toda la intención del mundo. ¿Alguién sacó eso por televisión? ¿Alguién lo comentó en alguna tertulia radiofónica? No. Leo Messi, frente al Málaga la temporada pasada, escupió a un contrario, pero eso tampoco es digno de mencionar. Lo importante es criminalizar a Amorebieta.

Parece que si alguna vez te llamaste Amorebieta, Pablo Alfaro, Juanma López, Gurpegui, Javi Navarro ya tienes un San Benito colgado del cuello: ¡peligro, muerdo!

Que el fútbol es un deporte de contacto no es nada nuevo, y si a alguien le extraña pues no se qué hace, que no está dedicando en emplear su tiempo libre en seguir otro juego. Con esto no quiero justificar las entradas salvajes de jugadores como Figo, cuando lesionó a César Jiménez y éste tuvo que dejar el fútbol. Tampoco trato de justificar que hay que lesionar a alguien para que éste tenga castigo. Lo que no se puede permitir que porque unos salgan quejándose por proteger a sus estrellas, ahora todos tengamos que sufrir como los árbitros no titubean a la hora de sacar una tarjeta roja, y que lo hagan no por la gravedad de la infracción, sino por a quién se la hacen.

Porque luego pasan cosas como que el Comité de Competición sancione con dos partidos la entrada de Ujfalusi a Messi y también al Médico del Real Madrid por protestar. Es algo increíble. Si la entrada de Amorebieta fue de roja directa, entonces también la tendría que haber visto Busquets durante el encuentro frente al Sporting en el Nou Camp. Y aquí los que se equivocan no son Amorebieta y demás centrales de la Liga, son los árbitros que no saben frenar ni dirigir un encuentro, porque la vara de medir no está en la gravedad de la entrada sino en los millones que cueste el jugador.

Lo importante es frenar el juego sucio y que todos paguen por las entradas duras, pero todos, desde los que están en un equipo humilde, a los que están en los grandes de la Liga. No criminalizar a un jugador porque no nos guste. Es difícil ser central, tienes el peor puesto dentro del campo, siempre te toca el trabajo sucio, tienes que destruir el juego del rival, eres el último eslabón para llegar a la portería y tienes que defender con uñas y dientes tu portería. Sí es verdad que muchas veces se les va la cabeza, pero no pueden pagar siempre los mismos, cuando todos los futbolistas, estrellas y jugadores anónimos, pierden la cabeza alguna vez.

Y es que esto es fútbol, no una serie americana de delincuentes donde el historial delictivo de una persona, ésta va a estar bajo sospecha toda la vida. Durante el encuentro de ese sábado, una de las justificaciones más camicaces que escuché en la radio, es la que justificaba la tarjeta por la entrada que realizó Amorebieta a Messi a la altura de la cara. Alucinante, ahora se guardan tarjetas de una año para otro. Y esta vez sí que tendría que ser expulsado el jugador del Athletic.

Pero bueno, a muchos no les gusta Amorebieta, y eso que con toda esta polémica más publicidad no se le ha podido hacer. Es más, por ellos no jugaría más al fútbol, y digo yo ¿De qué hablaríamos a la hora del café, si no existiera Amorebieta?

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