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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Puñetera jubilación

Tomás Salinas
Tomás Salinas
@tomassalinasgar
martes, 12 de octubre de 2010, 08:46 h (CET)
No deseo hablar de política, aunque en la esencia se encuentre la ineptitud de algunos de los que ejercen ese noble arte. Se trata de un caso particular, uno más de los que cualquiera puede conocer, un nombre dentro del inmenso montón de incongruencias y despropósitos que adornan con desechos la imperfección de nuestro sistema. A mí me ha afectado mucho, porque no lo entiendo: quizás me haya tropezado con el caso en un momento en el que uno está muy sensible por la situación que atraviesa el país. También puede haber influido el hecho de que la persona afectada es una persona normal, del grupo, un trabajador común dentro de un mundo común, un miembro de la tropa de españoles que se ha dejado la piel durante muchos años por sobrevivir, por aguantar la vida con dignidad. Pero el asunto me tiene más que quemado.

No quiero dilatar mucho el relato. Joaquín es un hombre con cuarenta y cinco años cotizados a la seguridad social: saltó de los pantalones cortos a la azada y el capazo, y se ha deslomado como la fe manda por su vida y la de los suyos, hasta destrozarse la salud. Ahora alcanza los sesenta y cinco y quiere, tiene el derecho legal y humano de acceder a su pensión. Su empresa le ha arreglado la documentación y la ha presentado conforme a ley. Pero su historia se tuerce canalla. El bueno de Joaquín, de joven, para subsistir, laboró en Francia. Y, el país vecino, mucho más civilizado en estos temas que nosotros, le reconoce una limosna en concepto de prestación compatible con la nuestra. He aquí que Joaquín la solicita, como el que pide los cromos que le faltan para completar una colección: mientras que vienen o no, espera que el estado cumpla con él igual que él ha cumplido con sus obligaciones.

Pero, ¡oh, sorpresa! El maldito sistema paraliza su expediente: como supuestamente va a cobrar de Francia, hay que esperar para ver lo que le pagan allí y estimar lo que se le puede ratear aquí. De juzgado de guardia. Toda la puñetera vida sirviendo para luego no poder servirse. Se tropieza con un sistema, un poderoso déspota que controla todo, un intocable maltratador que no respeta nada, que se burla y abusa del indefenso, mientras protege al que le adula con sus artificios. Pero no quiero salirme del tema, no quiero perder mi tiempo en hablar de políticos. El que me ocupa y preocupa se ha ganado su dignidad sudando y penando. Vale más que ellos.

Poco se puede hacer contra la burrocracia. Animar, consolar, y denunciar. Así que, desde aquí, desde líneas humildes y modestas, decirte algo, Joaquín. Algún mes de estos cobrarás lo que por justicia te corresponde. Entre tanto, haz un favor, hombre: no enfermes más, no te mueras, aguanta firme aunque sólo sea por ganarles el pienso y darles en los morros a todos los que te niegan tu derecho. Aunque sea sólo por eso. Lucha en paz, amigo.

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