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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Chile da ejemplo al mundo de solidaridad

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 12 de octubre de 2010, 08:39 h (CET)
Como ocurrió con el patriarca Abrahán, a quien Javé le prometió que no destruiría Sodoma si podía halar en la corrupta ciudad a diez justos; algo que le fue imposible cumplir al patriarca en aquella ciudad de vicio y depravación; los que vivimos en esta época de materialismo, egoísmo, sexualidad y sodomía, legalizados por gobiernos que se han dejado arrastrar por ideas corrompidas, morales acomodaticias y falsos ídolos terrenales: ha habido momentos en los que hemos llegado a dudar de que, en este mundo pecador, quedara algo, algún atisbo de decencia y honestidad por los que valiera la pena empeñar nuestros afanes y esfuerzos. Y es que, en el caso de Sodoma, únicamente se salvaron de la destrucción de la ciudad por el fuego y los terribles seismos que asolaron la villa, por voluntad de Javé, la familia del patriarca Lot. En la actualidad, para encontrar un ejemplo comparable al de Lot, deberíamos acudir a algunos rincones del Planeta, a determinados lugares habitados por gentes sencillas, a ciudadanos que han conseguido vivir aislado de las corrientes materialistas que dominan la sociedad de consumo. Únicamente almas libres de la corrupción política son capaces de cobijar sentimientos de solidaridad, amor por el prójimo y caridad cristiana que consigan redimirnos de este pesimismo endémico en el que nos hemos sumido todos aquellos que hemos perdido la fe en los hombres y en un mundo mejor. Lo cierto es que, en España, este país en el que nos ha tocado vivir bajo la égida de un socialismo trasnochado, incompetente y en vías de desmoronarse; verdadero responsable de la precaria situación en la que el pueblo, con casi cinco millones de parados; ve transcurrir la legislatura sin otra esperanza que aspirar a un milagro y dimita ZP o, como mal menor, que el tiempo que le queda de mandato transcurra la más rápidamente posible.

La gran desgracia que afectó a toda la nación chilena, cuando se produjo el derrumbe de la mina San José, donde quedaron atrapados, a casi setecientos metros, 33 mineros chilenos que, milagrosamente, se pudieron salvar refugiándose en una zona segura; ha dado lugar al más gratificante espectáculo de solidaridad colectiva que la humanidad ha podido contemplar en los últimos años. Resulta ejemplar el apoyo de las autoridades a las familias de las víctimas, la edificante reacción de todos los trabajadores de la explotación, volcándose en demostraciones de apoyo a sus compañeros sepultados y de consuelo con sus familias; la diligencia y efectividad con las que se programaron las operaciones de rescate, los ingenieros y técnicos que se han implicado en ellas sin reparar en horas y esfuerzos; la rapidez con la que se pusieron en marcha las enormes perforadoras que se trasladaron al lugar para ayudar al rescate de los supervivientes y la pericia con la que se ha trabajado para que, una operación que no se pensaba que estuviera culminada hasta el mes de noviembre, hoy ya haya alcanzado su punto de destino a la altura del refugio de los mineros. Desde el presidente de Chile hasta el último peón han formado una enorme piña en torno a los equipos de rescate, de modo que no se han regateado medios, esfuerzos y horas de trabajo en un conjunto de actuaciones donde la solidaridad, la amistad, el apoyo moral y material de la ciudadanía, han llevado a cabo una colosal labor humanitaria encaminada a devolver sanos y salvos a los 33 mineros, a sus familiares.

No tengo la menor duda de que, más pronto o más tarde, ya que la labor de subir a la superficie a los mineros es laboriosa y requiere su tiempo; todos los que han estado encajonados en su refugio bajo tierra, van a poder ver la luz del día después de su largo periplo en las profundidades de la mina. Es probable que, cuando hayan transcurrido unos años, toda esta peripecia se convierta en un lejano recuerdo que los ancianos transmitan a sus nietos en forma de amenas narraciones; pero la gesta siempre quedará escrita en las crónicas de la Historia como un ejemplo de solidaridad. En realidad, se puede decir que, la firme reacción de todo el poblado minero, la explosión de solidaridad que desde que se produjo la desgracia tuvo lugar por parte de todo el personal de la mina para con los familiares de las víctimas, se fue extendiendo al resto de la población chilena, de modo que ha acabado por convertirse en un clamor popular de apoyo y ayuda al poblado minero de San José.

En realidad se puede decir que, lo ocurrido en la mina San José de Chile, es para la humanidad como una bocanada de aire fresco, una visión de aurora boreal espiritual y un verdadero ejemplo de hasta donde puede llegar la cooperación y sinergia de la raza humana cuando, en lugar de dedicarse a luchar entre sí, a actuar por libre en busca del beneficio propio o a tratar de imponer por la fuerza, por la coacción moral o por el imperio del poder, la voluntad del poderoso sobre la flaqueza del débil; se aúnan esfuerzos, se suman voluntades, se abren los corazones y se reparten con largueza las buenas obras; como expresión reconfortante del amor al prójimo y el respeto por sus derechos y libertades. En verdad que nos cuesta volver la mirada a lo que está sucediendo en nuestro país. Resulta penoso hacer comparaciones entre el egoísmo de nuestro Gobierno, empeñado en no ceder en su empecinamiento, aún sabiendo que actuando como lo hace, no va a lograr otra cosa que continuar hundiendo al país y endeudándolo para varias generaciones de españoles y la generosidad que los chilenos han demostrado con aquellos que precisaban de su ayuda. Y es que esta España no es la que conocimos hace unos años. No existen hoy en día las condiciones para que los españoles reconozcamos en los habitantes de otras autonomías a personas hermanas, que sienten el sentimiento de unidad y de solidaridad entre todos los españoles y que sigan pensando que España es la patria de todos.

Nadie se escandaliza cuando, en Catalunya, se queman banderas españolas o retratos del Rey o se reniega de la unidad de la nación y se exige más autogobierno, más subvenciones y más transferencias, con el único objeto de ir minando nuestras raíces, socavando los cimientos de España como patria de todos los españoles, royendo los pilares que sustentan el Estado con el fin de que, en un momento determinado, con el Ejército debilitado por nuestra ministra, señora Chacón, quien, poco a poco, lo va convirtiendo en una más de las instituciones de las que se ha adueñado el Ejecutivo poniéndola a su servicio. Una vez que el Gobierno ya ha conseguido neutralizar a parte del poder Judicial y tiene el control de las cámaras legislativas gracias a la importante subvenciones y transferencias para aquellas autonomías que, a su vez, aprovechan la debilidad del Gobierno para hacerse fuertes y prepara su camino hacia la independencia. En fin, señores, nos debemos conformar con el consuelo de que, de tanto en tanto, cuando uno menos lo piensa, surjan en alguna parte de la humanidad algún destello de bondad, chorros de virtud cristalina, sin contaminar, que nos demuestran que la voz de Jesucristo, todavía sigue teniendo eco en algunas partes del mundo donde, unos pocos seres, unas personas sencillas y generosas, nos demuestran que la bondad y el amor al prójimo no se ha extinguido totalmente en este mundo materialista en el que vivimos. Gracias a ellos puede que, la Divina Providencia, haya frenado, como en el caso de Sodoma y Gomorra, su justificada ira y haya postergado el severo correctivo al que nos estamos haciendo merecedores cuando, como el Ángel rebelde, nos queremos equiparar al Hacedor sin más méritos que nuestra capacidad para hacer el mal.

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