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Etiquetas:   Tócala otra vez   -   Sección:   Música

¿Acaso hay algo mejor que Miley Cyrus?

Miguel Martorell
Redacción
martes, 12 de octubre de 2010, 10:19 h (CET)
En 1992 Billy Ray Cyrus se ganó nuestro respeto no sólo por conseguir que medio mundo ondeara la bandera confederada al ritmo de Achy Breaky Heart,sino por poner en la tierra a uno de los productos pop más entretenidos desde la época etílica de Paris Hilton.




Miley Cyrus

¿Por qué acaso hay algo mejor que Miley Cyrus? Fuera máscaras. La jovencita es lo más divertido desde que Britney Spears se rapó la cabeza e ingresó en un psiquiátrico por ingesta de sedantes para caballos.

En Estados Unidos son expertos en crear niños prodigio y dejar que se transformen en monstruos. Una vez el engendro trata de sacudirse las ataduras que le imponen, reniegan de él y simplemente esperan que se hunda en su miseria.

A veces el tiro les sale bien, como con Macaulay Culkin. Otros envejecen de manera respetable, como Daniel Radcliffe. Y a veces el monstruo resurge de sus cenizas, como el ave fénix. Y no, no hablamos de Britney Spears. Aunque parece que ha vuelto, parte de ella sigue allí donde estuviera.

Miley Cyrus es el último ejemplo de juguete roto. Después de ser Hannah Montana durante años y bailar al son de las teclas que otros tocaban por ella, la chica tiene un arrebato y, a punto de cumplir los 18, decide buscar su camino.

Un camino que, siendo rica, adolescente y estadounidense, pasa por supuesto por dejarse ver sin ropa interior, hacer espectáculo de su relación sentimental y vender su sexualidad como haría toda buena hija de vecina en el star-system yankee.

A esa Miley Cyrus es la que nos encontramos en Can't Be Tamed, su último álbum. En el primer vídeo se disfrazó de pájara y escandalizó al mundo por enseñar carne. Para el segundo, Who Owns My Heart, la joven dijo: ¿no queréis caldo? Tomad dos tazas.

En ropa interior sobre la cama, maquillándose con look Amy Winehouse y restregándose en la discoteca con sus amiguitos. El último vídeo de Miley Cyrus es tan deliciosamente posmoderno y vulgar que no sabemos si aplaudir o llorar.

Eso sí, envuelto en un ritmo pop-dance muy acertado para que el tema no deje de sonar en los garitos. Se nota que de las composiciones no se encarga ella, muy ocupada seguramente en que el corsé se le caiga sólo lo justo.

Lo dicho, la digna vástaga de Don Billy Ray. Que nadie le ponga freno. Queremos ver hasta dónde es capaz de llegar antes de entrar en rehabilitación. Dios salve a América.

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