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Etiquetas:   Columna musical   -   Sección:   Música

La culpa de todo la tiene Yoko Ono

Guillermo Navalón
Redacción
martes, 12 de octubre de 2010, 08:32 h (CET)
Como muchos ya sabréis por todo el revuelo mediático que se ha generado, el pasado sábado el gran John Lennon habría cumplido 70 primaveras. Las celebraciones consiguientes, como todo en esta vida, han traído consigo sus aspectos positivos y negativos.

La parte buena es que toda la discografía de Lennon ha sido convenientemente remasterizada y reeditada, acompañada de una ingente cantidad de material inédito como grabaciones caseras, letras manuscritas, collages, dibujos, fotografías, etc. Para mayor regocijo, la remasterización digital fue llevada a cabo en los estudios Abbey Road de Londres por el mismo equipo de ingenieros que trabajó en el reciente lavado de cara a la discografía de los Beatles. La calidad de sonido es, por tanto, tan limpia y cristalina como cabría esperar, haciendo que algunos temas de Lennon suenen tan frescos como el día en que se grabaron.

La joya de esta reedición es la nueva mezcla de “Double Fantasy” (1980), rebautizada con el subtítulo de “Stripped Down”, en la cual los arreglos se han simplificado al máximo y se le ha dado un mayor protagonismo a la voz de John, desnuda y sin artificios. El resultado es una absoluta delicia y mejora en muchos aspectos la sobrecargada grabación original.

Pero, como venía diciendo, el aniversario del genio también ha tenido sus consecuencias negativas. La peor, sin duda, es que le ha servido a la insufrible Yoko Ono como excusa para volver a la palestra, haciendo que vuelva a aparecer con cierta asiduidad en los medios.

Uno de los momentos más abochornantes que la viuda ha protagonizado recientemente, se produjo hace unos meses en el MoMA de Nueva York. Con unos cuantos atónitos espectadores como testigos, Yoko se plantó delante de un micrófono para interpretar a capella una de sus presuntas piezas de arte moderno. La pieza en cuestión, denominada “Voice Piece for Soprano”, consistió en dos interminables minutos de aullidos enfermizos. Para quien tenga estómago, podéis encontrar el vídeo en YouTube. Os aseguro que no podréis llegar hasta el final sin partiros de risa o sentir verdadera vergüenza ajena.

Por otra parte, a principios de este mes, Yoko reunió a la Plastic Ono Band, el supergrupo que ella y John fundaron tras la separación de los Beatles, para ofrecer dos exclusivos conciertos conmemorativos en el Orpheum Theatre de Los Angeles. A la banda, que nunca tuvo miembros fijos, se le sumó en esta ocasión el hijo de la pareja, Sean Lennon. Por fortuna, los presentes no tuvieron que aguantar los desvaríos de la principal anfitriona y sus cansinas consignas pacifistas en solitario, ya que esta estuvo acompañada en las labores vocales por invitados ilustres como Iggy Pop, Lady Gaga o Perry Farrell de Jane’s Addiction. Las dos veladas se saldaron con un espectáculo que fue más interesante por lo anecdótico de ver a tantas personalidades reconocidas sobre un mismo escenario, que por razones estrictamente musicales.

Desgraciadamente, los incondicionales de Lennon están bastante acostumbrados a que Yoko Ono arruine todo lo que se le ponga por delante con sus característicos berridos y estertores. Ya en 1969, Ono destrozó la única grabación en directo conocida de la Plastic Ono Band con Lennon al frente: “Live Peace in Toronto 1969”. No quiero ni imaginarme lo que les pasaría por la cabeza en plena actuación a Eric Clapton o Klaus Voormann, miembros de aquella primera formación. Basta con echar una ojeada al concierto filmado por D.A. Pennebaker para ver que sus gestos compungidos dicen más que cualquier palabra.

Doloroso también fue para muchos el hecho de que Yoko consiguiera colocar algunas de sus mediocres composiciones en los últimos álbumes del exbeatle, obligando a este a desechar algunas de sus canciones para encajar las de su santa esposa. Es probable que a causa de eso nos hayamos perdido para siempre algún tema inédito del genio de Liverpool.

Sea como sea, la acusación más grande que se le ha hecho es la de haber sido la única culpable de la separación de los Beatles. Nunca sabremos con certeza si esto es del todo cierto, pero, a juzgar por sus dotes vocales y sus habilidades para el arte de vanguardia, no resultaría extraño que algún día la declararan culpable de acabar con la cordura y el buen gusto.

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