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Sobre el nuevo premio Nobel de la Paz
Mario López
El premio Nobel de la Paz al profesor Liu Xiaobo, condenado a 11 años de prisión por "subversión al poder del Estado", es una provocación. Con lo cual no quiero decir que esté mal. Simplemente afirmo que es una provocación. Las provocaciones no son ni malas ni buenas, todo depende del objetivo que persiguen. Ciudadanos condenados por sus gobiernos injustamente hay en el mundo a millares.
¿Por qué, entonces, poner en el foco, a través del más prestigioso premio que se le puede otorgar a ningún defensor de la paz, a un profesor de 54 años que está en presidio por defender la libertad de expresión y un sistema electoral pluripartidista? Hoy sabemos a ciencia cierta que la manipulación de la opinión es moneda corriente en las democracias en las que vivimos los ciudadanos de los llamados países desarrollados y que nuestros sistemas electorales, así como la partitocracia, no gozan precisamente de gran predicamento. ¿No hubiera sido bastante más razonable haber dado el premio a una fundación como la de Vicente Ferrer, cuya labor por mejorar las condiciones de vida en la India nadie discute? Dar el premio Nobel de la Paz a un perseguido político en los tiempos que corren, al menos supone un agravio comparativo, dada la dimensión que hoy tiene la persecución política en el mundo. Nuestras democracias son manifiestamente mejorables, así que no creo que se deba bendecir ninguna cruzada en favor de ellas. Parece más razonable premiar a quien plantea mejoras constatables que a quien no hace sino aferrarse a un modelo de democracia que está prácticamente periclitado. Así que la provocación que supone el premio Nobel de la Paz al profesor Liu Xiaobo a lo más que puede conducirnos es a la irritación del Gobierno chino, con lo que esto puede conllevar en una situación económica mundial convulsa en la que China tiene un papel predominante. Estoy de acuerdo en defender a todos los seres humanos que están siendo perseguidos por su manera de pensar. Pero si hay que premiar a uno, que se premie a todos. Dudo muy mucho que con el premio Nobel de la Paz se vaya a convencer a los chinos de que introduzcan la ley D'Hont en sus vidas o de que importen el modelo PP-PSOE a sus urnas; y si lo hicieran, yo no les alabaría el gusto.
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