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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Infecciones experimentales

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 8 de octubre de 2010, 22:00 h (CET)
A estas alturas y a primera vista, no parecen reales los sucesos traídos a colación hoy; sin embargo, a lo largo de estas líneas apreciaremos su asquerosa realidad y pasmosa actualidad. ¿Quién lo iba a escuchar en la voz de los mandatarios? Pues para los peores auspicios, la maldad sigue instalada en los pedestales encumbrados de quienes pretenden adoctrinarnos sobre las libertades y la democracia, aunque sean impuestas por la guerra. Ahí está, surgió un nuevo ESCÁNDALO, de los degradantes, se mire por cualquiera de sus consideraciones o se vea en su maléfico conjunto. Aún habrá quién minimice su relevancia; no podrá extrañarnos, se agrandan o achican los comportamientos a golpe de talonario, de poder armamentístico, o de ambos poderes acumulados. No obstante, los hechos en sí están ahí y a veces salen a la luz, son muy tozudos. A continuación comentaremos un nuevo capítulo y evitaremos el olvido de unos comportamientos execrables.

Me entero esta semana, uno no dispone de información privilegiada; de la asombrosa práctica que sale ahora a la luz pública. En concreto, 1.500 guatemaltecos fueron ¡INFECTADOS DELIBERADAMENTE! de sífilis, gonorrea y chancroides, por el personal sanitario dependiente del Gobierno de los Estados Unidos. Formaban parte de una denominada “investigación”, del rimbombante Wellesley College de Massachussets. Por si fuera escasa esta denominación, fue dirigida por un tal Cutler, “médico” del Servicio de Salud Pública de los EEUU. ¿De qué salud pública se habla? Como no acababan de ser efectivos los contagios, se amplio el estudio a enfermos mentales y presos, según nos van detallando los informes. Universidades, profesores y tarambanas de diversa índole urdieron dichos proyectos; supongo que bajo la protección como altos secretos en aras del “bien supremo”. No cabe duda, hechos que superan las infamias y calificativos habituales.

Los detalles son espeluznantes bajo cualquier aspecto que se consideren; a la vista de lo sucedido, si preocupantes son los datos aparecidos, como serán los no manifestados, o dejados con el mayor desprecio de no anotar mayores INIQUIDADES. Una vez infectados, a unos se les daba tratamiento y a otros no, sin la precisión de como fueran dichos tratamientos, dosis, medicación adecuada o simples pruebas. Los niños del orfanato salen a relucir en las anotaciones, vermos si se conoce el grado de inclusión de los mismos en los experimentos. Se registraron los resultados obtenidos después de las relaciones sexuales entre los infectados entre sí y con los aún indemnes, sin que conozcamos el alcance de como fueron tratados. Aunque sea suficiente con lo expuesto, se intuye una ristra de monstruosidades todavía mayor; la candidez queda fuera de lugar ante esos grados de bestialidad. Debiéramos reclamar una declaración a fondo sobre cada uno de los procedimientos llevados a cabocon altavoces y justicia internacionales.

No puede dejarse de lado el colaboracionismo en semejantes tragedias, no importa si por medio había guerras, presiones o gobiernos poderosos. Se han registrado 1500 afectados, con gente próxima, familias, dos países afectados, profesionales de los departamentos implicados (Directos e indirectos), jefes y mandos intermedios; son muchísima gente con alguna información al respecto, políticos, administrativos y de todo tipo. Estamos ante un nuevo ejemplo terrible de la DEGRADACIÓN del SILENCIO, insidiosa degeneración con la callada unánime impensable. Es evidente la diversidad en cuanto a la implicación de cada uno de los intervinientes, pasivos o activos, pero con responsabilidades en dicho proceso. Se trata de una complicidad que dura en el tiempo. 70 años, sin ninguna declaración. La simple declaración actual de los altos cargos no puede ser suficiente, son delitos contra las más básicas esencias de los seres humanos. El tratamiento superficial de su noticia, intensifica aquella “banalidad del mal” que dábamos por trasnochada. Se retoma la crudeza de la maldad de unos humanos; mucho tiempo silenciada, por mucha gente.

Es algo profundo y tétrico, no se soluciona con la cara compungida en unas disculpas por comportamiento “antiéticos”. No se trata de éticas apañadas, sino de graves delitos de lesa humanidad. Qué es eso de los archivos guardados en Guatemala y EEUU durante 70 años con todo eso dentro. ¿Quién los guardó y clasificó? ¿Sólo una persona? ¿No se revisan? ¿Para qué se dedica dinero y personal para mantenerlos? Se convieten en una ESTÚPIDA TAPADERA para el olvido. El descubrimiento se presenta como un hecho aislado y antiguo, cuando no es ni lo uno ni lo otro. Se ha tenido esa información hasta hoy, una complicidad con la excusa de los años; ahora no se puede cerrar el capítulo y a otra cosa. Si esto ocurre en los ámbitos democráticos, pensemos en los regímenes de cariz comunista, integrismos, tribus o imperios orientales. La tapadera consentida es enorme.

Todavía no disponemos de la información minuciosa de la organizada EPIDEMIA de GRIPE A reciente; ¿Habrá que esperar a los 70 años de su gestación para sacar los papeles explicativos? ¿Debe prevalecer la ocultación? Silencio administrativo. Es otro de los comportamientos con gran número de afectados, implicación de las altas esferas, empresas farmacéuticas, tesorerías públicas y complicidades enrevesadas. No puede quedarse todo como una mera casualidad, el azar tiene las espaldas anchas, pero no alcanza. El amansamiento de tantos no plantea exigencias de fuste, el servilismo mantiene una placidez masificada. ¿Se puede jugar así con las personas? En el orden de sustancias tóxicas u otros proyectos biológicos, asombra la escasa movilización general.

Nos han comido bien el coco, las estructuras de gestión y funcionamiento se agrandaron y se volvieron complejas con las tecnologías de última generación. Se ha procurado que se hable poco, o nada, de los criterios de actuación, cualidades humanas, o de las responsabilidades; el mastodonte de la estructura creada lo diluye todo. Con la credulidad y achantamiento originado, la posible reclamación se dirigirá a la entidad correspondiente; la escuela, el hospital, los gobiernos locales o estatales, programas elaborados, la prensa como conjunto o cualqier otra institución. No contentos con eso, asumimos el SERVILISMO al IDEARIO blindado en torno a esas entidades. Desapareció la crítica y prescinden del sentido de lo personal. Resta únicamente el siguiente paso, el de las justificaciones. Con los grandes archivos que manejan a su antojo y nos ocultan, adobarán los informes explicativos; sólo por si se descubriera por mala suerte alguna asquerosa componenda.

Será difícil mostarse optimista, habituados como estamos a la desfachatez de las tramas poderosas. Desde los casos “Malaya” a las pérfidas actuaciones biológicas, la vida y la convivencia no encuentran asientos confortables. Contemplamos las mascaradas con cierta indolencia, así no se avecina ninguna mejoría. Se requiere un REVULSIVO INTOLERANTE de nuevo cuño, y su motivación no surgirá de los entes acostumbrados al desprecio sin límites; requiere de la rebelión enérgica de quienes se consideren afectados. Desde los pequeños ámbitos, asociaciones, barrios, hacia arriba; la transparencia ha de ir pareja a la delegación de funciones; no supuesta transparencia, sino en pleno y constante ejercicio. De lo contrario, no se modificará el talante perverso.

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