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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El paladín de la cosecha de la instancia judicial

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 8 de octubre de 2010, 22:00 h (CET)
WASHINGTON -- Justo a tiempo para el inicio del nuevo curso judicial del Supremo se publica una biografía de uno de los magistrados más influyentes de la historia.

El subtítulo elegido por Seth Stern y Stephen Wermiel para su obra sobre William J. Brennan Jr. es revelador: "Paladín de izquierdas". Hay magistrados titulares a los que se cuelga el sambenito de izquierdistas. Pero por ahora se trata, de todas formas, de una instancia judicial de paladines conservadores y emisores entre moderados e izquierdistas de votos particulares contra su contundente influencia.

Escribiendo en Los Angeles Times, el erudito constitucional Erwin Chemerinsky describe éste como "el tribunal más conservador desde mediados de la década de los años 30", con una mayoría asentada que "se puede prolongar otra década al margen de quien ocupe la Casa Blanca". Cierto, pero como Brennan está acostumbrado a apuntar, el tribunal es un péndulo que con el tiempo cambia de sentido.

El tribunal Warren en el que ejerció tanta influencia Brennan no volverá a presentarse. "El enfoque resueltamente activista sobre el ejercicio de la ley" que tenía Brennan, como dicen Stern y Wermiel, parece parte de "una era olvidada".

Pero aun así la arquitectura de derechos que Brennan ayudó a levantar ha demostrado ser notablemente resistente. En terrenos tan dispares como el aborto, la discriminación positiva, el derecho de sufragio, la igualdad ante la ley, la discriminación sexual o los derechos de los acusados de cargos criminales, los fundamentos siguen presentes incluso si parte de los muros se han tambaleado.

El rápido paso de la vida de Brennan no sólo acompaña a una instancia en permanente cambio sino a una cultura política y una nacional cambiantes.

Stern y Wermiel describen "la tendencia bastante superficial" dentro de la que Dwight Eisenhower escogió a Brennan. Eso es ser diplomático. Con las presidenciales de 1956 a seis semanas y aspirando a contar votos en los estados del noreste, Eisenhower quería un Demócrata católico y conservador lo bastante joven para formar parte de la instancia y que tuviera experiencia judicial. Brennan, en el Supremo de Nueva Jersey por entonces, era uno de los sólo tres candidatos que encajaban en el perfil.

Aparte de eso, Eisenhower no tenía ningún conocimiento de su elección. "Lo que nunca trascendió" de la reunión mantenida entre Brennan con Eisenhower, escriben, "fueron sus opiniones en cualquier materia legal. Después de 20 minutos, Eisenhower estaba contento de haber encontrado al hombre adecuado".

Tan sorprendente como pueda resultar en la actualidad la elección de un integrante del partido de la oposición fue la maniobra sin polémica emprendida por Eisenhower vía nombramiento sin sesión del Senado para permitirle participar en la legislatura próxima. Los senadores que más tarde consideraban la confirmación de Brennan tuvieron su voto en el Supremo para juzgar.

Aquellos que se quejan de la situación actual del proceso de confirmación, no obstante, podrían no querer volver a los tiempos de Brennan. El Senador de Wisconsin Joseph McCarthy, de capa caída por entonces física y políticamente, lanzó un ataque contra las credenciales anticomunistas de Brennan. Otros cuestionaban que Brennan supiera reconciliar sus obligaciones religiosas con su juramento constitucional. El Senado que sometió a votación la confirmación de Brennan a duras penas se habría podido imaginar al tribunal actual, integrado por seis católicos y tres judíos.

Y Brennan en persona no se habría imaginado -- ni se habría sentido totalmente cómodo -- con un tribunal que incluye a tres mujeres. Stern y Wermiel describen la forma en que, llegado el momento de contratar asistentes, el magistrado no llevaba a la práctica lo que fallaba según pide la Constitución. En 1970 rechazó de forma sumaria a una asistente. "Mandadme otro", informaba a los profesores de Derecho que le asesoraban a la hora de contratar asistentes.

En 1973, tras redactar un voto particular condenando "la larga y desafortunada trayectoria de discriminación sexual" del país, volvía a rechazar a una asistente -- cediendo solamente después de que el antiguo asistente que la recomendaba le advirtiera, "su rechazo tajante a aceptar a una mujer asistente no es sólo 'sexista', y no va solamente contra la política de la administración; me parece que es inconstitucional literalmente".

La asistente, Marsha Berzon, es hoy magistrado federal de apelaciones.

La imagen popular -- e indignante para Brennan -- de Brennan entre bambalinas del tribunal era la de un político acogido de forma calurosa. En una primera entrevista, Brennan pidió que Wermiel "se deshaga de toda esa estúpida noción de un amigable irlandés que va por ahí engatusando y tal vez seduciendo colegas".

En su lugar, el libro retrata el genio estratégico de Brennan a la hora de comprender lo lejos que sus colegas estaban dispuestos a llegar, y a la hora de redactar fallos que pudieran suscribir, al margen de lo reacios que fueran. Con la notable excepción de la pena capital, Brennan estaba dispuesto a contemplar todas las posibilidades.

"Los colegas de Brennan", escriben los autores, "aprendieron a buscar la nota al pie o comentario casual de apariencia inocua -- semillas que serían explotadas hasta su extremo lógico en casos posteriores".

Esa práctica continúa en el tribunal actual. Excepto que los que siembran son los magistrados conservadores, y está por verse que sean capaces de recoger una cosecha medianamente igual de abundante que Brennan.

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