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Hay cosas más importantes o nada
Mario López
Para vivir hace falta un par de cojones o ser absolutamente inconsciente. Todo llega. Lo que ahora piensas que pertenece a una semana vista, al rato yace en el olvido de tu pasado. Poco me importa la vida si no puedo estar en ella en el año 35427 que, según mi demiurgo de cabecera, es el año. Por mucho que uno se esfuerce por conseguir lo contrario, la irrealidad del mundo es absolutamente irreversible. Da lo mismo el ser y su condición.
No podemos llamarnos a engaño cuando de repente causas baja en la nómina de los jodidos y te eriges, por unos instantes, protagonista del catafalco. Todo llega. Lo bueno del último viaje es que no requiere preparativos, estar en buen momento económico, disponer de internet para adquirir el billete electrónico. Ni siquiera necesitas el odioso equipaje que te condena a ese tremendo trance que llaman facturación.
Y espérate tú a recoger aquello en la cinta transportadora de la terminal de turno. Nada. Cuando uno se muere se va quedamente, sin prisas, sin pausas y sin dejar más rastro que tu uniforme carnal. Pero ese chasis es fácil de esconder bajo la alfombra lapidaria del cementerio o consumir en las calderas del crematorio. Todo llega. Pero mientras llega, qué elegir: ¿un trabajo mal pagado o un paro distraído?
Cada uno es cada uno, durante la micra de milisegundo que viene a durar una existencia en el infinito océano de segundos de una eternidad, allá por los confines de la más remota de las galaxias. Encara que es digui en català, el fet segueix sent el mateix: Tot arriba. Sinceramente, la política es un asunto menor si la comparamos con la vida misma.
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