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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Internacional

Boehner aporta su granito

David S. Broder
David S. Broder
viernes, 8 de octubre de 2010, 06:49 h (CET)
WASHINGTON -- Los Demócratas estaban al acecho de John Boehner cuando el secretario Republicano de la Cámara anunciaba que abordaría la cuestión de la reforma legislativa en un discurso el jueves en el American Enterprise Institute.

Antes de que Boehner abriera la boca, la presidenta de la Cámara Nancy Pelosi le criticaba en una circular vertiendo la acusación de que "los congresistas Republicanos y Don Boehner han obstaculizado los esfuerzos de reforma Demócratas en el Congreso los últimos cuatro años, y ahora quieren devolver a América a las mismas políticas fallidas del pasado que ponen a los grupos de interés corporativos por delante de la clase media".

Esa es la tónica que cabría esperar de esta campaña electoral, y representa la clase de partidismo reflexivo del que los electores están hartos comprensiblemente.

A menos que los pronósticos de las legislativas del mes que viene se equivoquen de medio a medio, la cámara va a funcionar en 2011-12 con una mayoría ajustada bajo el control nominal de Pelosi o de Boehner, pero a merced probablemente de las coaliciones cambiantes.

En un escenario así, será muy necesario que la gente suponga que Boehner debe ser tomado en serio cuando reconoce que la reputación de este congreso es tan mala que pide una reforma a gritos.

Muchas de las propuestas de los líderes Republicanos son estándar, y las que no, son cuestionables. Pero pocos de los que forman parte de la Cámara, o siguen su funcionamiento de cerca, cuestionan el análisis que hace Boehner de la dinámica que ha convertido a la cámara alta en una entidad legislativa disfuncional y al Capitolio en un entorno hostil.

"Una de las razones de que no tengamos una sociedad civil en funcionamiento en la Cámara", decía, "es que nuestros esfuerzos se han dirigido a convencer al legislador individual en lugar de centrarnos en nuestra responsabilidad colectiva de gobernar".

Boehner argumentaba que por parte de la Cámara, "los reglamentos se manipulan con demasiada frecuencia para cerrar el debate en falso y proteger de votaciones difíciles a los representantes individuales". Fue demasiado educado al decirlo, pero el Senado es aún peor en lo que respecta a dar cabida o complacer a sus miembros, al coste de la responsabilidad colectiva.

Lo que Boehner llama "el ciclo de congestión" afecta a los dos hemiciclos del Capitolio, y viene siendo tolerado por las dos formaciones, dependiendo de la que tenga la mayoría. Fue lo bastante honesto para admitir que las vulneraciones no empezaron cuando Pelosi presidía la sesión, y ambas formaciones son culpables de retorcer el reglamento.

Si los márgenes de control se contraen el próximo enero, como yo creo que harán, podría ser un buen momento para negociar una tregua.

Me gustaría ver a Pelosi y al resto de los líderes Demócratas recogiendo el testigo del desafío que ha lanzado Boehner, no tratando de restarle importancia. Decía, por ejemplo, que en lugar de asfixiar el debate a través de la manipulación de las normas, "debemos abrir las cosas al debate y dejar que la batalla de ideas ayude a cicatrizar las heridas entre las formaciones... Dejemos que los legisladores vuelvan a legislar".

Sería estupendo que los líderes pudieran dialogar entre sí seriamente al inicio del próximo curso legislativo acerca de las normas y los mecanismos para dirigir la nación. La Cámara no tiene excusa para fracasar en la tramitación de una resolución presupuestaria, como sucedía por primera vez este año. Como dijo Boehner, inquieta que los proyectos de gasto de importantes instancias públicas sean agrupados juntos en una masa indigesta.

Cuando mayorías sustanciales de los votantes de la nación manifiestan desprecio y desconfianza hacia el Congreso que se supone les representa en la promulgación de las leyes, no es solamente problema de un partido o de otro. Es una amenaza para nuestro sistema de gobierno.

Boehner fue un legislador serio durante cinco años al principio de esta década como presidente del Comité de Educación y Población Activa de la Cámara, antes de convertirse en el secretario de la oposición. Su diagnóstico de los problemas en el Congreso ofrece el punto de partida de una cura. Esperemos que los Demócratas respondan.

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