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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

No es el postzapaterismo

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
viernes, 8 de octubre de 2010, 06:33 h (CET)
Los tiempos estaban claros: el hundimiento del próximo 28 de noviembre del PSC de Montilla, ese mismo partido socialista nacionalista que elevó junto a los del tamayazo a los altares de la Secretaría General del PSOE a José Luis Rodríguez Zapatero, iba a ser el principio del fin del PSOE. Un PSOE, que más que un partido es un régimen, llamado a desaparecer sencillamente porque se ha quedado sin espacio electoral y, , como el resto de la socialdemocracia que quedó desorientada cuando le cayó el socialista y de sangre manchado Muro de Berlín sobre la cabeza, defiende un no-discurso tan alejado de la realidad que hasta sus normalmente sumisas bases comienzan a alejarse a toda velocidad. Nada pueden que ofrecer a la sociedad española quienes, anclados en siglos pasados, persisten en el error mientras se resisten a mirar hacia el futuro. Su tiempo ha pasado. Sí, el PSOE se ha quedado sin discurso. Tan vacío como la cabecita de Bibiana Aído, quien anda estos días empeñada en convencer al personal de que lo que la mujer embarazada lleva dentro de su seno no es un ser humano. Cosas de la inhumanidad progre.

Y es que, para socialismo real los más radicales ya tienen a IU. Aunque lo del socialismo real o marxismo, seamos sinceros, en España no se lleva. Ahí tienen a Santiago Carrillo, quien pensaba que el PCE sacaría la repanocha de diputados en las primeras elecciones generales y que se quedó con un palmo de narices viendo como el PSOE, que anduvo tan desaparecido como la UGT durante el franquismo, se llevaba los escaños. Cosas de Willy Brandt, supongo.

Para socialdemocracia de la clásica europea, los españoles pueden elegir entre la de izquierdas que representa UpyD, algo así como el PSOE felipista de los 80, y la de derechas del Partido Popular de Mariano Rajoy y, sobre todo, de Alberto Ruiz Gallardón. La diferencia de ambas formaciones con el PSOE, algo menos de intervencionismo y algo más de vergüenza torera. O sea, más de lo mismo. Tampoco les espera, caso de seguir por la senda del comatoso Welfare State, un futuro brillante.

Las alianzas establecidas a partir de 1989 con las bioideologías como el ecologismo, el feminismo radical, el indigenismo bananero e incluso el islamismo han resultado, quién se lo iba a decir, decisivas en este proceso de extinción. En realidad, lo que le sucede al PSOE no es tan extraño. En Alemania, sin ir más lejos, los Verdes (Die Grünen) podrían, según los últimos estudios demoscópicos, superar al histórico partido socialdemócrata, el SPD. El laborismo británico ya sabemos cómo terminó. Con Blair poniendo a caldo a Brown. En Francia, Suecia y Holanda tres cuartos de lo mismo.

Pero hete tú que aquí, que estábamos en éstas, cuando por sorpresa apareció un tal Tomás de Parla y vino a acelerar las ansias antropofágicas de los minotauros progres. Tomás se plantó ante el César que digitalmente lo había nombrado, no accediendo a ser pasto de los leones en el circo de Ferraz. Finalmente, quien por deseo de la militancia será sacrificada es Trinidad Jiménez, eterna perdedora en Madrid y capricho de Rodríguez Zapatero. Estaba cantado lo que vendría después del 3 de octubre: como Tomás, el chico de Parla, no sólo ha plantado cara a ZP, sino que ha ganado, comienza la rebelión de los barones, desde Barreda hasta Patxi López, pasando por Alfonso Guerra. Por no hablar de las deserciones de militantes, que ven venir que se acaban las lentejas a la sombra del puño y de la rosa y organizan alternativas hasta en Extremadura. Es lo que los habituales amigos de los socialistas, los mismos que cantaban hace unos días las excelencias de la chica de la cazadora de cuero, han venido a denominar “postzapaterismo”.

Pero no. Aquí no hay postzapaterismo. Aquí lo que hay es el comienzo del hundimiento, hasta su desaparición, del Partido Socialista Obrero Español. ¡Quién se lo iba a decir a ZP!

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