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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Capitalidad europea y toros

Julio Ortega (Pontevedra)
Redacción
jueves, 7 de octubre de 2010, 11:40 h (CET)
Detrás está el dinero, no tengo la menor duda. Y entiendo que los dividendos inherentes a ser proclamados “Capital Europea de la Cultura”, se le antojen un cebo muy goloso a cualquier equipo de gobierno municipal y a la oposición, un anhelo lícito al que nada tengo que objetar. Lo que me oprime las entrañas es que como mérito para obtener tal reconocimiento, se ofrezca entre monumentos, creaciones artísticas e infraestructuras, un surtido de vísceras atravesadas y de sangre derramada, o lo que es lo mismo: las corridas de toros. Y es que en Córdoba ya se escuchan “voces autorizadas” recomendando la tauromaquia como uno de los “platos fuertes” para alcanzar el ansiado Título en 2016. No sabía que un menú con sadismo fuese más seductor.

Colar por el tamiz de la cultura la tortura de animales – de algunos animales, que lidiar a un perro o a un caballo sería constitutivo de delito – es una pretensión también presente, en una táctica común, en empresarios taurinos y matadores, pues el cambio de Ministerio del que depende su cruento negocio les reportaría mayores y más inamovibles inyecciones económicas, unas partidas de dinero público absolutamente necesarias para mantener viva una actividad que de otro modo habría desaparecido hace tiempo, porque contemplar la agonía y la muerte de un toro es un espectáculo por el que cada vez menos personas pagan una entrada.

No he logrado encontrar un solo punto en los aspectos a evaluar en una Ciudad para nombrarla “Capital Europea de la Cultura”, en el que se aluda ni de refilón al sufrimiento de un ser vivo como hecho positivo ante el Comité de Selección. Es más, dudo que en una Europa integrada por países tan avanzados en la protección animal como Austria, Alemania o Suiza, se vea con agrado el bastión de salvajismo que España constituye al autorizar una costumbre tan lesiva para los animales, degradante para el ser humano y onerosa para las arcas públicas.

Parece, sin embargo, que la codicia de algunos sectores se está encontrando con la cada vez mayor lucidez y sensibilidad de ciertos responsables políticos, que inmunes a sobornos materiales o morales están poniendo freno – todavía con demasiada tibieza, es cierto – a semejante derroche de testiculina letal maquillada de identidad cultural, tradición y hasta de conservacionismo, en un alarde de cinismo imposible de digerir.

No le arriendo la ganancia a Córdoba en este proceso como se empeñen dicha estrategia, por más que esta vez toda la Corporación Municipal se haya dado un vergonzoso apretón de manos. Su ambición no debería de impedirles reflexionar sobre una realidad indiscutible: que preservar la brutalidad no abre puertas, las cierra, y eso incluye las del Parlamento Europeo.

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