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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Rubalcaba se acobarda ante Chávez e Inglaterra

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 7 de octubre de 2010, 07:03 h (CET)
Platón, en su obra la República, dejo para la posteridad el siguiente pensamiento: “Yo declaro que la Justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte”. No es que yo comparta esta dura sentencia del insigne filósofo quien, sin embargo, nos dejó aquella bella metáfora de la caverna y las sombras, una explicación de cómo los humanos percibimos una realidad ficticia; sin embargo, al menos por lo que respeta a la situación actual de la Justicia en nuestro país, desde que el señor Rodríguez Zapatero y todo su séquito de seguidores –entre los que deberíamos incluir, a sus fieles valedores los ministros y ministras, a aquellos nacionalistas y separatistas que le vienen apoyando y a aquella parte de la sociedad española, que todavía permanece aletargada en espera de que sus odios endémicos y sus fidelidades frente populistas se lleguen a materializar en una nueva República tercermundista – el concepto de Justicia ha sufrido una importante alteración, perfectamente descrita por aquel inefable ministro de Justicia, felizmente apeado de su cargo, el señor Mariano Bermejo, cuando, en un exceso de celo por la causa socialista, nos aleccionó con aquello de que “las leyes están hechas para aplicarlas según convenga a las circunstancias”. En realidad, aquel fiscal convertido en ministro, ¡Dios sabe por qué extraño designio de Zapatero!; no hacía más que dejar patente lo que iba a ser el gobierno del señor Presidente, en cuanto a su particular concepto de una Justicia ad hoc, dedicada a secundar los deseos, instrucciones y arbitrariedades de un gobierno destinado, exclusivamente, a cambiar el régimen de la nación española para convertirla en una especie de espejismo deslucido de lo que, los republicanos de buena fe, se imaginaron que sería la II República de 1.931.

Pasada legislatura y media de la estancia de los socialistas en el poder, ya nadie pone en duda que, por desgracia, una parte del aparato de la Justicia y, destacando al frente de él, nuestro ministro de Interior, señor Pérez Rubalcaba; quien parece que se ha convertido en una especie de Beria de la NKVD rusa, convertido en un mero ejecutor de la voluntad de ZP, lo que, en realidad, se resume en un estado policiaco a semejanza del estado soviético. En realidad, no hay nadie que tenga la menor duda de que, el señor Rubalcaba, ha convertido el ministerio del Interior en algo semejante a aquel que, durante tantos años, actúo en la URRS para fiscalizar la vida y milagros de todos los ciudadanos de la Unión Soviética y del que tanto uso y abuso hicieron los jerifaltes de la Kominform hasta su desaparición en 1.956, a los tres años de la muerte del “camarada” Stalin. Que nuestro señor Rubalcaba está al tanto de todo lo que ocurre en el seno del PP, de las actividades públicas y privadas de sus afiliados y simpatizantes y que tiene suficiente información de su vida íntima y de sus relaciones, es algo de lo que ha estado dando pruebas desde que ocupa el cargo que ZP le asignó. Y, la usa, evidentemente.

Lo que ocurre es que, a medida que la aureola de ZP se va difuminando en la nada; mientras el tiempo se encarga de derruir todos los castillos edificados por la fértil imaginación de nuestro Presidente y cuando los hechos, la frialdad irrefutable de la pura y dura realidad, han dejado al desnudo no sólo el sectarismo del presidente del gobierno, sino su despreocupación por los intereses de España y de los españoles, para subordinarlos a los de su partido, a sus propios rencores derivados de la derrota de los suyos en la Guerra Civil y, por qué no decirlo, a su apego por la poltrona presidencial; los españoles que fueron los que le votaron, quizá pensando que sus promesas de la campaña electoral iban a tener cumplimiento durante su mandado; se han desengañado, han percibido lo que de verdad había tras aquellos engaños y le están dando la espalda, convencidos de que no tiene arreglo y de que es incapaz de dar su brazo a torcer y rectificar, antes de que lo poco que queda de España se vaya al garete. Pues bien, lo que está ocurriendo en este país es algo de juzgado de guardia. Mientras Rubalcaba continúa jugando a destapar supuestos casos de corrupción en el partido popular y le da renombre, en el momento que él juzga oportuno, a un expediente de presunta corrupción que podría afectar a un concejal de Murcia; un caso que, al parecer, ya viene de hace dos años; porque ha considerado que es momento de ayudar a un descalabrado ZP, KO por su fracaso en Madrid y por las encuestas que, con rara unanimidad, le dan perdedor para el 2012 y, seriamente dañado, en las elecciones autonómicas que ya tenemos en puertas; vean ustedes lo contradictorio del caso, lo único que se le ocurre decir, ante el evidente contubernio del señor Chávez de Venezuela y la banda terrorista ETA, denunciado por la Audiencia Nacional y probado por la declaraciones de dos etarras detenidos que han confesado ( bajo torturas, según el desvergonzado embajador en España de Venezuela), ha sido que “no hay indicio alguno de que el Ejecutivo de Hugo Chávez conociera estos hechos…”. Algo tan evidente como que se entrenaban terroristas de ETA en tierras venezolanas y, por si fuera poco, bajo el amparo de un personaje que ocupa un alto cargo en la Administración venezolana, un sujeto llamado Arturo Cubillas Fontán, contra el que existe una orden de busca y captura del juez Verdasco, del 1 de marzo pasado, dirigida a la INTERPOL; ¡no lo sabía Chávez!

El tal Cubillas fue procesado, junto a otros cinco etarras y seis supuestos miembros de las FARC, mediante un auto en el que se hablaba de “la supuesta colaboración gubernamental” y la ilícita “colaboración” entre las citadas formaciones terroristas. El gobierno venezolano y el propio Chávez han negado los hechos que se les imputan y se han opuesto a extraditarlo, olvidándose de su deber de colaborar contra el crimen organizado. Han tachando a nuestra Justicia de estar dirigida desde las fuerzas “ de nostalgia franquista” del PP. Ahora, como consecuencia de la resolución judicial del juez Moreno de la AN, esta vez con pruebas irrefutables de colaboración de Cubillas con otros terroristas, parece que la repatriación de los delincuentes reclamados no va a tener mejores resultados y, ante ello, tanto el señor Moratinos como el señor Rubalcaba parece que no se atreven a pedir que venga el embajador “a evacuar consultas” o emitir una reclamación diplomática contra un comportamiento ofensivo para España del propio dictador venezolano. Aquí no vale la excusa de que “tenemos intereses en Venezuela que hay que salvaguardar”, porque lo primero que están obligados a preservar los ministros, es que se imparta la Justicia y se detengan a los criminales que ha asesinado, impunemente, a ciudadanos españoles. No olvidemos parecidas muestras de cobardía ante los insultos a nuestra policía, en Melilla, y respecto a las vejaciones que recibió nuestra Guardía Civil en aguas territoriales españolas, por unidades navales británicas que los maltrataron, humillaron y se los amenazó con la intervención de la “armada británica”.

Por lo visto nuestros ministros, y en especial éste que tan bien se sabe mover por los archivos secretos del CESID y la policía, para airear supuestos casos de corrupción, por supuesto siempre del PP y nunca de los socialistas, no tienen lo que hay que tener cuando se trata de defender a España en el ámbito internacional. Moratinos se inclina ante Mohamed VI y le cede al Sahara; Rubalcaba se encoge cuando H. Chávez nos insulta o nos amenaza y se inclina servil ante SM la Reina Isabel II de Inglaterra cuando se trata de poner en su sitio a los gibraltareños que se han engallado ante la evidente endeblez de nuestro Gobierno. ¡Y luego que salgan la Pajín, la Valenciano o la De la Vega a hablar de las delicias del PSOE. ¡Vergüenza debiera darles aparecer en público!

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