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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Los nuevos bríos de la Sanidad

E. J. Dionne
E. J. Dionne
jueves, 7 de octubre de 2010, 06:56 h (CET)
WASHINGTON -- He aquí otro ejemplo de opinión generalizada sobre las elecciones de este año que está resultando patentemente falsa. Se ha dicho una y otra vez que ningún Demócrata se presenta con la ley de reforma sanitaria. En la práctica, cada vez más están haciendo campaña orgullosamente a cuenta de lo que ha logrado el plan -- y deberían.

En una lucha por su vida política en Wisconsin, el Senador Russ Feingold salía a la palestra la pasada semana con un anuncio que defiende explícitamente las medidas contenidas en el proyecto de ley y ataca a su rival, el Republicano Ron Johnson, por pretender derogarlo.

El anuncio retrata a dos ciudadanos de Wisconsin muy diferentes diciendo a Johnson: "Suelta mi sanidad". Su mensaje es que derogar la reforma sanitaria, en palabras de otro votante, "vuelve a dar el control a las aseguradoras".

El de Feingold es uno de los anuncios más contundentes de la reforma, pero el senador no es el único. En un anuncio que se centra en pedir cuentas a las corporaciones, el Representante de Nueva York Steve Israel elogia la ley por impedir que las aseguradoras nieguen coberturas a causa de enfermedades anteriores a la firma de la póliza. En Nevada, la Representante Dina Titus tiene un anuncio televisivo elogiando la misma medida.

Y en su iniciativa por recuperar el escaño tradicionalmente Demócrata del Congreso por Nueva Orleáns, el congresista Cedric Richmond ha convertido el voto del Republicano titular Joseph Cao contra la reforma sanitaria en una cuestión central de la campaña.

¿Qué motiva la súbita disposición a presentarse a cuenta de la sanidad? El principal motivo es que la ley ni siquiera entraba en vigor hasta el 23 de septiembre, y los primeros elementos en actuar son muy populares. Incluyen la garantía de que no se puede negar cobertura a los niños a causa de enfermedades anteriores, la obligatoriedad de que las aseguradoras incluyan a los hijos en los planes de los padres hasta los 26 años, y la prohibición de las "resoluciones de la póliza" a través de las cuales las aseguradoras podían negar la cobertura de pronto a los enfermos.

Por todo el país, los candidatos Demócratas están declarando estas partes de la medida "una Declaración de los Derechos del Paciente", en palabras del Representante John Garamendi, D-Calif., en una columna del Huffington Post.

La crónica Republicana estándar queda resumida cómodamente por Karl Rove en un artículo publicado en el Wall Street Journal del pasado jueves. Rove argumentaba que para los Demócratas, la reforma sanitaria "se ha convertido en un escollo que muchos esperan soporte sus esperanzas electorales". Llamaba al proyecto de ley "un desastre fiscal de proporciones épicas" y afirmaba que a causa de él, los Demócratas "van a sufrir una derrota electoral que no olvidarán con facilidad".

No tan rápido, Karl. En la práctica, hay dos "reformas sanitarias" compitiendo en estas elecciones. Una es la parodia que los Republicanos han creado cariñosamente, que presenta la reforma sanitaria como una monstruosidad del gobierno intervencionista sin ningún rasgo redentor. La otra es la propia ley, un compromiso legislativo reconocidamente amplio que no obstante empuja las cosas en la dirección adecuada -- y la mayoría de cuyos elementos concretos los electores apoyan.

Si los Demócratas no dicen nada de lo que hace realmente la ley sanitaria, la parodia es todo lo que va a quedar en la mente de los electores. Los defensores del código pocas veces hablan de la medida en conjunto porque hace falta más que una breve campaña electoral para quitar de encima toda la basura que se arroja a esta legislación incipiente, que sigue manchada por el desagradable e interminable proceso que la vio nacer. En lugar de eso, al igual que Feingold, Israel y Titus, los partidarios de la ley se distancian para elogiar detalles concretos que pocos electores querrán derogar.

Y harán bien en permanecer a la ofensiva hasta mucho después de las elecciones, porque muchos candidatos Republicanos a la gobernación y las legislaturas estatales ya están prometiendo minar la ley. Esto tendría el efecto de obstaculizar los esfuerzos por ampliar la cobertura a 30 millones de personas. Honestamente, ¿queremos retractarnos de eso? ¿No debería ser también ésta una cuestión a tratar?

La verdad es que esta ley era el primer paso. Hay por delante muchas batallas sanitarias. Si los partidarios de la reforma ceden a la primera ronda, como Rove espera que hagan, otros progresos serán imposibles.

Sí, algunos Demócratas de distritos conservadores votaron contra la ley y exhiben esto como insignia de su independencia. ¿Pero eso es una sorpresa? Esto es precisamente la clase de posturas que los Republicanos moderados (cuando los había) habrían tomado para sobrevivir en los distritos más de izquierdas.

La verdadera prueba de fuego es si los Demócratas que votaron a favor del proyecto de ley creen o no tener algún interés en defender lo que es genuinamente un avance histórico. Cada vez más deciden que sí.

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