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Etiquetas:   Columna de cultura/sociedad   -   Sección:  

Expediente Pataky

Fernando Nuñez
Fernando Nuñez
miércoles, 6 de octubre de 2010, 07:11 h (CET)
Comienza el otoño y, aunque nos duela, se desvanecen las cervecitas en el chiringuito playero de turno, las siestas bajo el sol abrasador y las canciones del incombustible Georgie Dann. No más chorizos parrilleros ni barbacoas hasta el año que viene. Y aunque uno luche contra los elementos y contra la propia naturaleza. Aunque uno escuche las míticas canciones de este señor mientras limpia la cocina e improvisa unos pasos reggetoneros. Ya nada es lo mismo. Las hojas de los árboles caen mustias al suelo. Casi tan mustias como nuestro ánimo. Casi tan mustias como el mustio cielo gris. Y entonces uno se siente mustio. Y aún estando mustio, uno debe reconocer lo que es inevitable. El verano se esfumó.

Ahora toca volver a la rutina. Abrigarse. Llorar cuando suena el despertador. Resfriarse. Quizás, con mala suerte, coger una gripe también. Estudiar. Volver a llorar cuando suena el despertador. Trabajar. Pelearse con la lluvia y con los paraguas de las señoras. Salir el fin de semana a tomar una copa para llorar de nuevo cuando el lunes suena el despertador. Dejar de depilarse. Volver al gimnasio. Y tal vez, si es día del espectador y la economía lo permite, acercarse al calorcito de una sala de cine para disfrutar de una buena película. Porque si es mala, tal y como están los precios, uno al salir no puede hacer otra cosa que no sea llorar. Y esta vez sin que suene el despertador.

Pues bien. En medio de esta vorágine de bajones anímicos, crisis existenciales, fríos que comienzan y días que se acortan, Bigas Luna se atreve a estrenar su nueva película. “DiDi Hollywood” es la segunda parte de una trilogía que comenzó con aquella Juani, choni y poligonera como la que más, que soñaba con ir a Hollywood. Y la verdad es que fácil, lo que se dice fácil, no lo tenía. Cajera de supermercado. Padre depresivo. Novio vago y aficionado al tunning. Madre fracasada. Vamos, que su vida era un cuadro. A pesar de todo, la Juani acababa yendo al encuentro de su destino. Un destino que veremos personificado en Diana Díaz, la DiDi a la que hace referencia el título y nueva heroína de Bigas Luna. Ella nos mostrará las puertas que deben tocarse y los peldaños que deben subirse para triunfar en la Meca del Cine.

En esta ocasión, y ante la imposibilidad de contar con su anterior musa (Verónica Echegui), el bueno de Bigas le ha pasado el testigo a Elsa Pataky. Y yo, qué queréis que os diga. Es escuchar el nombre de esta chica y automáticamente comienza a sonar en mi mente la banda sonora de aquella serie de culto de los 90, “Expediente X”. Y es que el caso de la Pataky es cuanto menos curioso. La pobre tiene el dudoso honor de pertenecer a ese club de actrices que no se cansan de repetir que lo son, y que sin embargo no les luce como a otras. ¿Alguien es capaz de recordar cinco films en los que haya aparecido? Porque yo no. Bueno, esperad. Voy a probar. A ver… Esto… Mmmm… No. No puedo. Y eso que, en honor a la verdad, la chica lo intenta. Y desde que comenzó su carrera allá por el año 97 en “Al salir de clase” no ha parado de trabajar. Incluso ha cruzado el charco emulando a la joven a la que ahora interpreta buscando el reconocimiento profesional. Sin embargo la mayoría somos incapaces de recordarla por ninguno de sus papeles.

Salvando las diferencias, Elsa es a España lo que Lindsay Lohan a Estados Unidos. Cierto es que la Pataky no es una niña prodigio ex convicta venida a menos. Ni diabética. Ni alcohólica. Ni bisexual. Al menos que sepamos. Pero lo que sí es cierto es que a la Pataky, al igual que a su homóloga americana, se le conoce más por su vida fuera de las pantallas que por sus méritos interpretativos. Porque seamos sinceros. Cuando hablamos de ella lo primero que se nos viene a la cabeza son sus romances con estrellas del celuloide, con regalo de castillo incluido. O sus portadas semidesnuda para cientos de revistas, cosa que la mayoría de los mortales masculinos le agradece. Pero de su prestigio como actriz ni rastro. Y eso que las hay peores que ella. Y más feas. Y menos internacionales.

Ahora bien, lo que es indiscutible es que a Elsa Pataky no hay quién le gane cuando se trata de lucir palmito en la alfombra roja. Ha elevado el simple y tedioso posado ante los fotógrafos a categoría profesional. Se sabe la reina. Al menos lo es en algo, pensará ella. Y lo disfruta. Con sonrisa ensayada. Técnica depurada. Con o sin compañía. Avanzando a golpe de tacón entre flashes y micrófonos. Con paso firme. Como avanzan los que se saben victoriosos.

Guía Pataky para triunfar en la alfombra roja
1.- Hazte algún retoque que otro. Sin vergüenza. Pero sin que sea demasiado evidente. No queremos parecernos bajo ningún concepto a la Duquesa de Alba. Que si la nariz. Que si los pómulos. Todo esfuerzo es poco para causar admiración y envidia a partes iguales. Eso sí. Es imprescindible negarlo siempre. Nuestra belleza se debe a la herencia genética materna.

2.- Elige un vestido espectacular. Da igual la forma o el largo. Lo que es indispensable es que deje la espalda al aire. Y si llega hasta donde la espalda pierde su nombre. Mejor.

3.- Cuando llegues a la zona del posado nunca mires de frente a la prensa allí reunida. Eso no se hace. ¡Caca! No queremos parecer una del montón, ¿verdad? Pues apáñatelas como quieras. Pero tienes que conseguir colocarte en escorzo. El perfil alineado con los cuartos traseros. De modo que en la foto aparezca nuestro rostro ladeado en conjunción con la espalda desnuda y el culo que nos hemos trabajado en el gimnasio. Aunque eso también lo negaremos siempre. No necesitamos hacer deporte. Y podemos comer lo que queramos. Herencia genética materna.

Pensando yo en este tema, tampoco demasiado porque la verdad es que tengo cosas más importantes en las que pensar, he llegado a una conclusión. Quizás lo que le falte a Elsa Pataky en su haber es uno de esos personajes que tanto gustan a los académicos y jurados de festivales. Enfermos. Marginales. Fracasados. Esos en los que por exigencias del guión se tiene que engordar 15 kilos o ponerse una prótesis de látex en la cara. Quizás así lograría que le tomaran en serio. Quizás. Pero mientras llega ese momento, la Pataky seguirá pisando las alfombras rojas de medio mundo. Y nosotros que lo veamos.

Pase. Pose. Flash.

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