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Etiquetas:   Resumen 2004   -   Sección:   Opinión

He sido mala

Elena Conde
Redacción
lunes, 10 de enero de 2005, 00:21 h (CET)
Al parecer, durante el ao pasado porque los Reyes no han materializado ninguna de mis peticiones. Semana tras semana y mes tras mes del dos mil cuatro, muchos y graves han debido de ser mis desatinos y torpezas para que estos Magos, omnipotentes por su magia y ricos por su condicin, me hayan tra do nada. Una nada nebulosa y densa donde slo flotan las desgracias que pudieron no haber sido y, sin embargo, fueron. La propia puerta januaria que funde el aliento del a o que se va con el que viene, se ha abierto con las vctimas danzarinas de esa discoteca perdida por la Pampa. Muy poco antes, los miles y miles de seres engullidos por el ndico jams volver n a tocar puerto. Dos mil cuatro ha marcado, en general, como un gran naufragio humano que comenz ensangrentando nuestra incipiente primavera con una hecatombe de inocentes y sigui as, oscuro y arisco, en diversos puntos del planeta hasta el final.

Yo preparaba con antelaci n, en mi carta, la ruta de Reyes pidiendo slo alegr as, en la ingenuidad de quien cree que ellos, por eso de ser serensimos y poseer tambi n el discernimiento de la clemencia, evitaran todo lo malo y sus camellos me dar an un lametn de d divas. Pero no ha sido as. La inmensa mayor a lo sabemos, lo hemos constatado. Se nos ha escapado el nio que fue. Los ojos se nos han vuelto opacos de tanto mirar penas engendradas por las propias durezas y egolatr as del corazn, que ya no es carne y p lpito sino robot. La esperanza y la ilusin se han congelado atrapadas sin piedad por el iceberg del mercantilismo. El analfabetismo materialista conscientemente asumido, ha lesionado la belleza m stica del misterio. Esta humanidad, que ya no quiere ser nio, no ha tenido regalos de Reyes. El hueco del regalo ha sido ocupado por otras cosas, intempestivas y falaces. Los Reyes, con su poder, han hecho justicia. Han pasado de largo y lo tenemos merecido.

Yo, no obstante, me atrevo a insistir ahora con un email, ya que la carta puede haberse quedado diciochesca, caduca e inoperante. Puedo haber sido mala, pero puedo enmendarme y adem s el ao acaba de empezar y todav a es momento para unas desiderata para el cinco. Ah van, en tropel y sin demasiado orden, pero con pasi n y con urgencia: Que el lobo desayune con el cordero y la paloma de la paz sobrevuele paisajes y etnias en rasante majestuoso. Que apreciemos el color negro, todo, no slo el negro de terciopelo, con petr leo y con pasta. Que las autoridades competentes no indigesten sin freno a todos y por todo con el Ingenioso Hidalgo y los quesos de la Mancha, aun ambos exquisitos. Que sabiamente los dosifiquen en la consciencia de que parvo es el vocabulario masivamente imperante y que parte de la ciudadana ignora, incluso, el significado de desiderata. Que se apacig en los furores protocolarios de los eruditos y polticos comarcales que piden desmembrar nuestros Archivos m s emblemticos. En la consciencia y certeza -si es que son capaces de adquirirlas- de que tales archivos son identificables con fondos de periodos hist ricos muy concretos y en ciudades muy concretas y que, tradicionalmente, han sido cita restringida de reputados investigadores, ya oriundos ya extranjeros, con un buen par de pelotas para bucear en ellos en el intento de hacer historia y no difusin ic nica. Que se grabe bien en el majn que Miguel de Unamuno, Benito P rez Galds, Gaud , Blasco Ib ez o las seoras meigas, por citar algunos de algunos, son tesoro vinculante de todos y para todos sin excepci n. Que el personal no identifique a Alejandro Magno, el real, el que vivi, con el hollywoodiense Colin Farrell. Que la industriosa, sagaz y luminosa Murcia no tome ojeriza a la tenaz y fluvial Zaragoza del 2008. Que los ancianos tengan siempre manos c lidas que apretar y haya siempre margaritas y buenos vinos y buen caf. Que el Pante n de Agripa y los bocetos de Leonardo no desaparezcan jams.

Finalmente, en lo que a mi respecta, que los hombres desnudos, jubilosos y optimistas, me miren s lo a mi, o a otras fminas, ya desnudas ya vestidas. Como me temo que en esto ya he perdido la batalla y la desiderata, y los hombres se van a encandilar mir ndose mutuamente, me conformo con que el provecto Melchor me sonra desde la primera hoja del calendario prometi ndome, cuando menos, salud, humor y serenidad.

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