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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Mira quien destruye empleo ahora

Ruth Marcus
Ruth Marcus
miércoles, 6 de octubre de 2010, 06:42 h (CET)
WASHINGTON -- A los Republicanos les gusta denunciar al Presidente Obama y a los Demócratas del Congreso a cuenta de lo que describen como legislaciones "destructoras del empleo". Pero dentro de esos acalorados términos retóricos, los congresistas Republicanos son culpables de latrocinio en lo que respecta a la creación de empleo.

Se marcharon con destino al receso pre-electoral habiendo obstaculizado la ampliación de un exitoso programa de empleo -- elogiado por conservadores del Gobernador de Mississippi Haley Barbour al economista del American Enterprise Institute Kevin Hassett -- que subvencionaba 250.000 puestos de trabajo destinados a jóvenes y cabezas de familia de renta modesta.

Una versión de la ampliación de 2.500 millones de dólares salió de la Cámara, dos veces. El Senado la fue puliendo hasta los 1.500 millones, pero no pudo liberarse de la oposición Republicana -- incluso si el coste se habría compensado por completo.

El programa era una parte ínfima de la colosal batería de estímulo, pero una de las más eficaces en términos de creación de empleo. Y sonaba recién salida del manual del Partido Republicano. Los fondos se destinaban de forma mayoritaria al empleo en el sector privado. Se destinaban a los patronos, para subsidiar la totalidad o parte de los salarios -- dependiendo del estado -- de los empleados recién contratados que de lo contrario habrían seguido en las filas del paro o percibido la prestación. Era una bendición particular para la pequeña empresa, al ayudar a crecer en un momento en que de otra forma no hubiera tenido el espacio financiero para hacerlo.

El estímulo incluía una partida de 5.000 millones de dólares para ayudar a los estados con los programas sociales comprometidos por la recesión. Uno de los usos permitidos eran los subsidios laborales, y en última instancia 37 estados y el Distrito de Columbia terminaron iniciando iniciativas parecidas.

Barbour, por ejemplo, utilizó el dinero federal para crear un programa llamado Mississippi STEPS (Programas y Servicios de Empleo de Transición Subvencionado) que financiaban los salarios de los trabajadores nuevos; el subsidio descendía a lo largo de seis meses. Barbour los describía como "ayuda muy necesaria durante esta recesión al permitir que las empresas contraten trabajadores nuevos, mejorando así los mecanismos económicos de nuestras comunidades locales".

Hassett, asesor económico de las campañas de George W. Bush y John McCain, instaba a que el programa se ampliara de forma significativa. "Después de todo, el trabajador que participan en el programa tiene un empleo", prestaba testimonio allá por febrero. "Una empresa tiene un período ampliado de producción gracias al trabajador a un coste fuertemente subvencionado. Este bajo coste debería elevar la rentabilidad de la empresa y elevar las posibilidades de recuperar sus inversiones de capital. Desde la perspectiva de la empresa es igual que una deducción fiscal en los impuestos indirectos".

¿He oído deducción fiscal? Los Republicanos debían haber aprovechado esta oportunidad.

Si no fuera porque el programa formaba parte del plan de estímulo, el Anteproyecto de Recuperación y Reinversión Americana (ARRA). Y ARRA es una palabrota para los Republicanos que -- igual que la Iglesia al enfrentarse a Galileo -- se niegan a reconocer que tendría algún efecto positivo sobre la creación de empleo.

El empleo subsidiado no es la respuesta perfecta. Algunas empresas pueden utilizar los fondos destinados a vacantes que habrían cubierto de todas formas, pero ese riesgo se ve compensado por el hecho de que el subsidio se dirige a gente que necesita más un puesto de trabajo. No hay garantías de que el empleo se mantenga una vez que el subsidio se agote -- pero incluso de esta forma, está el beneficio de haber trabajado. En palabras de Hassett, "Los precedentes son claros. Alguien ajeno a la población activa corre el riesgo real de separarse de la economía normal. Es crucial que volvamos a conectar a tanta gente como sea posible antes de que sea demasiado tarde".

Lo que viene a ser ya. Hay una posibilidad remota de que el programa pueda reanimarse en una legislatura en funciones. De lo contrario, los Republicanos pueden pontificar, como hacen en el Compromiso con América, diciendo que "la ausencia de puestos de trabajo es el desafío más importante con diferencia al que se enfrenta América en la actualidad" y predicar las virtudes "del orgullo y la dignidad que proceden de un trabajo honesto y un salario fijo". Pero los trabajadores despedidos obligados a cobrar el paro a causa del impensable obstruccionismo verán la diferencia.

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