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Nuevas tecnologías

Luis López
Luis López
martes, 5 de octubre de 2010, 07:05 h (CET)
A día de hoy la cuchara sigue siendo uno de los grandes inventos de la humanidad. De los tres utensilios básicos; el cuchillo y el tenedor son los rezagados en el cómputo de cubiertos de las mesas mundiales. Sólo ella ha conseguido imponerse, como tecnología punta que es, en la línea de cualquier horizonte líquido o pastoso, sopas o purés. La globalización encontró sus primeros ecos en las herramientas neolíticas.

Para abrir un libro en cambio, el hombre tuvo que esperar varios siglos entre pergaminos y papiros manuscritos. Por fin, a mediados del siglo XV, la Biblia, cuál si no, se convertía en el primer libro impreso. La difusión de obra escrita derribó entonces viejas barreras y, aunque gran parte del conocimiento antiguo se había perdido irremediablemente, la comunicación y la transmisión de la cultura empezó a convertirse en un intercambio fluido que viajaba más rápido que sus creadores, cada vez más rápido y a más continentes, democratizando el acceso a la literatura como parte del material escrito.

El libro como lo conocemos es otra tecnología situada en el escalafón más alto del diseño, como la cuchara. O quizás sea el libro electrónico (ebook) el que merezca compartir mantel con nuestro prehistórico elemento. El libro electrónico ofrece ventajas que no podemos desdeñar, recordemos que la tinta electrónica ya no cansa la vista y la batería dura muchas lecturas, entre otras. Al igual que el DVD vino a reemplazar al sistema VHS, permitiendo incluir extras en su contenido que el espectador no podía imaginar, el ebook ya está generando más que libros; comentarios interpretativos a un clic de distancia, diccionario, cuadros pictóricos o fotografías referenciales, bandas sonoras que acompañan a la trama, y otras mejoras que a la hora de interpretar un texto pueden ayudar al lector a imbuirse en lo que lee. Ahora bien, es necesaria toda esta parafernalia accesoria, acaso el escritor no escribió su libro intentando dotar a su material de todos los complementos que creyó oportunos a la hora de parirlo, ni más ni menos. Por no hablar del dudoso destino de los derechos de autor tras una descarga. Estamos apegados al soporte que podemos poseer, existe en el ambiente una idea romántica del tacto del papel, su olor, encuadernación, que transmite intangibles y enlaza con los sentimientos más que con la razón, atrayéndonos hacia momentos difíciles de explicar que tienen que ver con la historia de cada uno. Abrir un libro impreso no es igual que apretar el botón on, encender el ebook no es lo mismo que pasar una página.

Puede que el mercado editorial, dentro de su infinita sabiduría, sea quien finalmente decida quién ha de perdurar, seis siglos al fin y al cabo no es tanto tiempo. Para que la cuchara llegara a la definición actual, atravesó muchos modelos más toscos y menos ergonómicos que los presentes, pero siempre mantuvo su función. El libro, sea analógico, digital, o ambos, mantendrá su rol en la sociedad como esencia de la memoria humana y eso debería bastar. El ebook, multimedia e interactivo, es capaz de albergar cientos de títulos en el mismo espacio, pronto su capacidad de almacenamiento será mayor que el de algunas bibliotecas, mientras que la física impone sus leyes a la imprenta, a nuestro objeto de culto: un libro por impresión. Ahora mismo en algún lugar, un importante contable está transformando el alfabeto en números para una junta directiva y sus cuentas serán infalibles. Disfrutemos de la cuchara y una sabrosa sopa de letras.

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