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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Miedo a pisar los bancos

Ángel Morillo (Badajoz)
Redacción
lunes, 4 de octubre de 2010, 11:28 h (CET)
En una ocasión, hace ya bastante tiempo, un amigo de entonces me dijo: “Chiri, no te da miedo de nada”. No estuvo muy acertado, pues no soy una persona que pueda presumir, precisamente, de arrojo, pero, aprovechando su “elogio” le contesté: “Te equivocas, sí hay algo que me da pánico: entrar en cualquier Banco”. Y es cierto, a la mayoría de los que no tenemos dinero nos produce temblor pisar esas instalaciones llenas de cazuelas, edredones, bicicletas o algún que otro utensilio para el bricolaje y no sé cuantas cosas más dedicadas al engatusamiento de incautos que sí tienen unos euros de sobra y disfrutan recibiendo el ¡buenas don Agapito! del director.

Bien. Hoy, haciendo de tripas corazón, como cada vez que piso una de esas corporaciones, he pasado por el Banco (portugués, que opera en España, en este caso) para comprobar si a mi esposa le habían abonado su mensualidad y me he encontrado con la “buena nueva” de que por atender un recibo de algo más de 50 € en descubierto le han “soplado” 30 € en concepto de reclamación del mismo. Preguntado al Director si el descubierto en cuenta –los famosos números rojos- no estaba regulado por ley, su respuesta ha sido que el Banco de España no quiere números rojos y autoriza que se reclamen al segundo día de producirse y, claro está, con el importe que crean conveniente por reclamar; aparte, por supuesto, de seguir cobrando lo establecido por ley. Y, como no puede ser de otra manera, uno se pregunta si eso de reclamar sin reclamar (a nosotros nadie nos ha reclamado nada, pues nos hemos enterado del gatuperio al comprobar el saldo) es algo que la justicia consiente o que los políticos han legislado y no nos hemos enterado como ocurre cuando aprueban sus prebendas.

Así. ¡Como para no tener miedo a pisar los Bancos! Pues fuere como fuere, esto es –como la reforma laboral y de las pensiones- otra vuelta de tuerca más en el despotismo contra los más débiles. Es decir, un atropello más, por definirlo de manera eufemística, contra la gente que malvive con un salario miserable para que el sistema financiero pueda pagar a sus ejecutivos -y a quienes les procuran estos “amparos”- esas remuneraciones y bonos escandalosos. O sea sé, una más de los Judas Iscariote del País… o del hijo tonto de Robín Hood.

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