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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Una decente manera de ser

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 4 de octubre de 2010, 07:16 h (CET)
Aunque el sistema, como es natural, suele identificar con el caos y la barbarie quinqui a los antisistema, entre ellos he encontrado a algunas de las personas más sensatas, honestas y capaces que conozco, cosa que no es así entre quienes ocupan los puestos de dominancia del sistema. Es más, me resulta muy difícil justificar que alguien con cierta capacidad intelectual genuinamente propia pueda apoyar el sistema que nos concierne, somete y esquilma. Que el sistema, en consecuencia, trate como enemigos a sus adversarios y aún a sus detractores intelectuales, no deja ser un acto de autodefensa (sucia), usando parecidos argumentos a los que en su momento usó para defenderse de los anarquistas, primero, y de los hippies, después, identificando a los anarquistas con el caos primordial y a los hippies como promiscuos fumatas que se pasaban todo el día en éxtasis nirvánico. Nada más exacto, oiga usted.

No deja de ser cierto que, como en todo movimiento social, hay entre los antisistema algunos elementos que no responden a los fines intelectuales del movimiento y hasta es de ponerse en duda que algunos de esos individuos tengan alguna clase de intelecto. Sin embargo, ello o obsta para que el Movimiento Antisistema sea uno de los probablemente últimos arranques de sensatez de esta sociedad que tiene todas las papeletas para destruirse para siempre a sí misma, y, ya de paso, haberse llevado por delante a uno de los planetas más hermosos de nuestro entorno universal. Millones de años luz, tal vez miles de millones de años luz en torno a la Tierra en que la desolación no puede ser más abrumadora, y, justo en el único planeta que cumple desbordando el archiconocido tópico del oasis en el desierto, nos salen los EEUU, la ONU, el capitalismo salvaje, el Comité de los 300, la Trilateral, los grupos G y la santa madre del Misterio, arramplando con todo y con todos y esquilmando lo mismo el medio que las almas. A su santa madre convertiría en plastilina este sistema si con ello sacara de perra chica arriba.

Probablemente para muchos la vida sea cosa de tener el culo cómodamente instalado en un mullido asiento mientras un inmigrante-esclavo le sirve daiquiris con sombrillas; pero los hay, y no tenemos nada en absoluto de mentecatos, que opinamos que la vida es otra cosa. Exactamente es otra cosa. Los hay que creemos que no se puede seguir perpetrando esta sobre explotación del medio para beneficio exclusivo de unos pocos, que no se pueden matar los mares, los ríos o las especies por capricho de unos cuantos o que no se pueden arrasar los países por intereses geoestratégicos de algunas multinacionales delirantes. Los hay que no creemos en la biblia telefónica, ni en los rezos de los bancos ni tenemos por Dios al becerro de oro. Los hay que creemos que las derechas y las izquierdas fueron inventos de la misma mente perturbada, y que hoy sólo cabe para posicionarse si uno cree que los demás tienen al menos los mismos derechos que uno, o no. Los hay que miramos hacia el futuro sin olvidar lo que hemos dejando atrás, pero que caminamos hacia delante porque abjuramos de nuestros errores de especie y anhelamos sociedades más justas y equilibradas entre nosotros y con nuestro medio. Los hay, en fin, que por razón y por conciencia no creemos en la Revolución Industrial, ni en el TAE o en las encíclicas del dinero, que no ansiamos una casa grande ni un coche de lujo y ni siquiera queremos llevar un teléfono portátil en el bolsillo. Los hay, ya ven, quienes creemos que o nos reinventamos de arriba abajo, o pereceremos víctimas de nosotros mismos.

Entre los Antisistema se encuentran, probablemente, los talentos más fecundos que conozco, hombre y mujeres que, además de una fenomenal formación, tienen una conciencia tan limpia y transparente que no dudarían en sacrificar su propia vida por conseguir un mundo y un orden más equilibrado para todos, hombres y mujeres de fe que aún le rezan a la utopía. Tratar de confundir al público en general vinculando desorden y antisistemas, no deja de ser una tropelía natural de un orden enfermo de codicia que ha sabido poner al frente de sus filas a opinadores capaces de vender su alma por un mendrugo y un hueco en el pesebre. Es de este sistema que premia a los incapaces, corruptos y perversos sobre los demás seres, precisamente de lo que abjuramos los que no creemos en el sistema.

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