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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Pasión por la ubre

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
lunes, 4 de octubre de 2010, 07:13 h (CET)
El sindicalismo atiborrado de privilegios ha hecho mella en los sindicatos de clase, hasta el punto que cada vez hay más ciudadanos desengañados de ellos, no solo por impresentables sino por 'vagonetas' y traidores. El Sindicalismo Vertical Unificado que representan los sindicatos de Toxo y Méndez son los indignos herederos del peor sindicalismo franquista. Pero han ido más lejos: ellos solitos se han deslegitimado con la huelga general del 29-S. Ni con terrorismo urbano han conseguido vencer.

En la jornada de huelga que han seguido sólo tres y el del bombo se ha demostrado que no tienen tirón y que están desfasados. Han vivido de la subvención y la 'mamandurria' del Gobierno de Zapatero. Son simple y llanamente los sindicatos del Gobierno socialista o, como decía un insigne sindicalista de los años ochenta, son indignos sindicatos funcionarizados que han recibido cerca de doscientos millones de euros a lo largo del año 2009. Sabedores de su falta de apoyo social han convertido la huelga en "terrorismo callejero" con ataques de los piquetes (paquetes) a los trabajadores, amenazas a la ciudadanía, cortes de mangas a la policía y numerosos actos de vandalismo y desobediencia civil.

Nunca entenderé por qué hay que pagar dinero a estos sindicatos de clase claramente impresentables, pues entre ellos y los intereses de los trabajadores hay un claro desfase y un abismo de objetivos. Solo representan a la ignorancia que aún abanderan los más insensatos y descastados. Y la prueba está en que, mientras la sociedad española busca el ahorro y la consolidación de las políticas laborales, los sindicatos obreros dedican el dinero regalado al despilfarro, a la corrupción de los presuntos cursos de formación y a aprovecharse de las desgracias de los trabajadores con la aceptación de EREs y demás 'pandemias laborales' de alcance nacional.

Con la huelga general han vejado a trabajadores, autónomos, funcionarios,... Nadie se ha librado del 'terrorismo' sindical y de la mala fe de los correveidíles de Toxo y Méndez. Los sindicatos obreros, herederos de l mejor sindicalismo obrero del franquismo y el peor socialismo, han acabado pagando los vicios de sus líderes y de su vulgar y atrofiado aburguesamiento.

Ahí tienen al Toxo en su coche oficial de 'ministro de la nada', viviendo como un mecenas en el crucero, mientras despreciaba la necesidad y el sufrimiento de millones de ciudadanos que ven peligrar su trabajo y de los cinco millones de parados que ha contribuido a crear con su apoyo al Gobierno. Ahí tienen a Méndez retozando en la alta restauración, en tanto que sus huestes lamen las heridas del Gobierno y aceptan ponerse 'mirando a Cuenca' con tal de seguir liberados y recibiendo docenas de millones para su ocio y holganza.

No es de recibo que el día de la huelga abofetearan a periodistas y cámaras, pegaran a policías, apechugaran a guardias de seguridad (trabajadores), insultaran a los trabajadores de empresas, incendiaran contenedores y acosaran a ciudadanos que solo pretendían trabajar. La conclusión es que ese tipo de sindicatos ni siquiera merece el pan que come de regalo.

Ni siquiera fomentando el terrorismo callejero consiguieron que triunfara la huelga. Su máximo desprecio lo alcanzaron al día siguiente, cuando Méndez (cuarto vicepresidente del Gobierno y consentidor de la destrucción de miles de puestos de trabajo) y De la Vega, primera vicepresidenta del cadavérico Gobierno de Rodríguez Zapatero, se achucharon y echaron flores en radio.

La huelga pactada les había funcionado, a la vez que habían conseguido engañar a Comisiones Obreras con su estrategia; es, sin duda, la historia del socialismo a lo largo de su penosa Historia. El colmo del desvarío. El hartazgo de la genuflexión sindical. La pasión por la ubre tóxica de la subvención.

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