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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Correa con correa

Isaac Bigio
Isaac Bigio
lunes, 4 de octubre de 2010, 07:02 h (CET)
El jueves 30 Rafael Correa quedó secuestrado durante unas 12 horas por policías que le planteaban reivindicaciones salariales. En la noche él fue liberado tras una operación militar que costó algunos muertos y en la que el auto blindado que lo sacó fue impactado por varias balas.

Si el último día de septiembre el presidente ecuatoriano fue herido y recibió correazos políticos de sus captores, ahora, en el primer día de octubre, la situación se revierta y es él quien querrá ajustarse bien la correa y emplear ésta contra quienes le capturaron.

Correa, Chávez y Allende tienen en común que han sido los primeros presidentes socialistas elegidos en sus respectivos países y que los tres, a su vez, sufrieron un cuartelazo en el tercer año desde que debutaron en el poder.

Allende, quien gobernó Chile desde noviembre 1970, sufrió el 11 de septiembre de 1973 un golpe que le quitó la vida y que implantó 17 años de una dictadura militar que persiguió a la oposición y que hizo que su nación pasara de ser la república más izquierdista de Suramérica a la que más expandió interna e internacionalmente las nuevas doctrinas monetaristas.

Chávez, quien gobierna Venezuela desde Febrero 1999, fue depuesto levemente por un golpe el 11 de Abril del 2002. Sin embargo, él volvió a las 48 horas al poder apoyado por una revuelta popular. En reacción a ese golpe Chávez se radicalizó hablando de hacer una revolución socialista y fue incentivando el arribo de nuevos gobiernos “anti-imperialistas” en la región.

En ambos casos la Casa Blanca republicana avaló esos cuartelazos. Si bien el victorioso de Chile 1973 sirvió para terminar acabando con la influencia soviética en Suramérica y hacer que casi todo ese subcontinente termine bajo juntas militares anticomunistas, el derrotado de Venezuela 2002 fue como un búmeran haciendo que, más bien, se llegue a la situación de mayor debilitamiento de los EEUU en su “patio trasero”.

En el motín policial ecuatoriano, sin embargo, la Casa Blanca demócrata y la OEA unánimemente respaldaron a Correa buscando evitar que éste se radicalice y, más bien, busque sacar provecho de una buena relación con EEUU.

Mientras los cuartelazos contra Allende y Chávez nombraron a un nuevo presidente, la rebelión policial ecuatoriana no hizo eso. Los insubordinados no propusieron un cambio de presidente ni marcharon a palacio; solamente pidieron que se pare una ley que les quitaba beneficios. Correa, no obstante, acusa a su principal rival en las pasadas elecciones (Lucio Gutiérrez) de haber promovido un golpe como el que él hizo en el 2000.

En los golpes de Chile 1973 y Venezuela 2002 la izquierda y los sindicatos salieron a las calles a defender al gobierno al que consideraban como suyo (o, en todo caso, como menos malo que el de los golpistas). En cambio, frente al motín policial ecuatoriano no se vieron muchas marchas populares. Banderas rojas, mas bien, se vieron en algunos piquetes de maestros y trabajadores que llamaban a apoyar la revuelta policial. Los principales partidos a la izquierda de Correa llamaron a unirse con los uniformados para hacer frente a lo que ellos denuncian como un intento del ejecutivo de despedir más de 200,000 servidores públicos.

El exitoso golpe de 1973 en el país suramericano más austral terminó generando el modelo de economía de mercado abierta que acabaría por imponerse en todo el hemisferio en los 1990s. El fallido golpe del 2002 en el país suramericano más nórdico desencadenó una oleada de victorias electorales de la izquierda al sur de EEUU y una mayor autonomía de esta región ante Washington.

Los incidentes del jueves 30 en el país que está en el medio de Suramérica (y cuyo nombre también implica estar en la línea central del globo) no irán ni en uno ni en otro derrotero, sino por un camino intermedio.

Por una parte Correa puede verse tentado a querer radicalizar su discurso contra los “ricos”, pero por otro sabe que también debe atacar a una izquierda que le ha venido propiciando varias protestas (una de ellas produjo una irrupción de maestros en el congreso días antes de la asonada policial). Si Caracas buscará que Quito se aproxime más a su modelo, Washington buscará hacerle ver que ésta no es su enemigo y que, más bien, le puede ser útil para contrarrestar a los comunistas e indigenistas ecuatorianos que le acusan a Correa de “dictador” y “racista”.

Mientras Pinochet lanzó sus correazos contra los izquierdistas que depuso y Chávez contra los derechistas que él evitó que tomasen el poder, Correa deberá aplicar una doble correa: tanto contra la derecha de Lucio como contra la llamada izquierda revolucionaria.

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