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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Voceríos descompuestos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 1 de octubre de 2010, 22:00 h (CET)
“Un hermoso día, decidieron que estaban hartos del idioma que hablaban”. Es el inicio de uno de los comentarios críticos expresados por Mihai Nadin; con ese estilo peculiar, medio relato, con numerosas reflexiones implícitas en su contenido. Una auténtica y sana provocación para el lector. Se dieron cuenta por fin, las palabras se catalogaban, cifraban e interpretaban, con los sentidos más diversos y contradictorios; ocultaban pensamietnos y expresaban sentimientos falseados. Incluso se controlaban las intenciones por medio del uso manipulado de las susodichas palabras. Tras la percepción del estado de semejante lenguaje, algunos no pudieron con tan grande desorientación y ESTALLÓ la CRISIS; “simplemente ya habían decidido vivir sin palabras.

¿Se imaginan una situación al estilo de la creada por los resolutivos habitantes sin palabras? Quizá pensemos, menudo desastre, el hundimiento de la sociedad y penurias sin límite. ¡Quiá! Lo primero, una liberación de tantas limitaciones como les iban cayendo encima con la lluvia de palabras de orientación tortuosa y controvertida; del sometimiento a múltiples dominaciones desde procedencias enredadas. No sé si fueron felices; pero realizaron el renovado DESCUBRIMIENTO, de la cercanía, de los gestos, de la sinceridad, sin intermediarios falsificadores. Disponían de otros recursos para comunicarse, suspiros, caricias y acompañamientos sin artificios. “La felicidad se podía expresar sin palabras”, como tantas sensaciones de la vida.

Ante posturas tan radicales, los ambientes actuales no respiran ni un gramo de reflexión. Cuando surge el tropiezo con las discordancias, el recurso se presenta obvio, la EXPULSIÓN como sea de quienes no asuman la estela de los dominantes. Cada grupo expulsa a sus disidentes en una cadena interminable. ¿Hacia dónde los expulsan? ¿Dónde irán los expulsados de otros lugares? Uno puede preguntarse por la situación previa. ¿Arreglos? ¿Debates? ¿Con qué palabras? Ni por asomo, ¡a la frontera con los discordantes!; si hace falta, hasta se les inventa algún territorio infernal. El esfuerzo de adaptación no asoma por ninguna de las propuestas. La progresión de los dislates no deja resquicios para la iniciativa de una consideración comunitaria con la inclusión de las partes. Lo vemos con los gitanos, antes con los judíos, y con mucha frecuencia en los barrios infestados, de mafias, filoterroristas o de manipuladores de palabras; que de todo ello disponemos en abundancia, en muestrarios cercanos y lejanos.

Será bueno que pretendamos encajarnos las diferencias a base de palabras, el diálogo franco incrementaría el conocimiento mutuo; aunque, tal como van las cosas, la crisis de los significados convierte el intercambio de opiniones en un parloteo curioso y vacío. Como en el relato de Nadin, estalló la crisis; hemos alcanzado el punto crítico, en él se habla sin ningún freno, eso sí, para no decirse nada de importancia. Por mucho que se levante la voz, y vaya si se levanta, se dice muy poco; la comprobación la tenemos fácil con sólo darnos un garbeo o captar la sintonía de los numerosos medios de comunicación a nuestra disposición. Constituyen una verdadera PARRILLA HUECA, con ofertas interminables, colorido y ruido; pero con una característica muy común a todas ellas, ofrecen un patrón del idioma muy deslavazado. ¿Se sabe de qué se habla?

Las dificultades laborales de estos años continuan atrapando a mucha gente. ¿Tiene esto que ver con las expresiones habituales? Escojamos la palabra SINDICATOS, si acaso con la ampliación a jefazos sindicales o al número de liberados. ¿En qué apartado del lenguaje deberíamos ubicar dichas denominaciones? Desde el principio de la crisis, no se aprecia una gran actividad sindicalista en defensa del trabajador y los empleos. Visto el colaboracionismo de los jefes con los despropósitos gubernamentales, uno piensa más en la defensa de las poltronas que en posturas de reflexión y reivindicación. Las afiliaciones a esos sindicatos son muy exiguas, el tirón del convencimiento no es muy fuerte. Son nuevas épocas, de trabajos con características diferentes a las de antaño y con organizaciones empresariales de otra complejidad; exigirían en todo caso, un mayor desparpajo, estudio, trabajo, franqueza y tenacidad, para que se recobre el término lingüístico, sindicato, hoy venido a menos.

También está en el candelero otro de los comportamientos con muchas zonas oscuras en sus múltiples discursos. Me refiero con rotundidad a la tan denostada y practicada CORRUPCIÓN. ¿Comprendemos el contenido y las repercusiones derivadas de dicho vocablo? Si empezamos por los grados, desde el minúsculo pellizco a las grandes fortunas, los escalones se suman; lo insignificante adquiere dimensiones progresivas, alcanza tamaños colosales; no se aprecia bien donde comienza cada escalón. Asociado a las proporciones surge el fenómeno de la tolerancia, si se tolera esto, por qué no aquello. Volvemos a las denominaciones controvertidas de las actitudes. La representación de unos ciudadanos por otros degeneró en un trapicheo enrevesado; la delegación de responsabilidades se agarró como una cesión sin condiciones. Los porcentajes contribuyeron a la desaparición de la honestidad. Nos deslizamos por un río sin retorno con muy malos auspicios. Aunque reneguemos del lenguaje aplicado y de sus consecuencias, no se vislumbra una enérgica voluntad de regeneración.

Quién decía que no existía el infierno; está aquí al lado de cada uno, con los conceptos y las palabras pronunciadas, se sigue de los hechos y en él se sufren las consecuencias. Menos mal que por ahora no hablamos de conflictos eternos, dejaremos estos para otro comentario. Planteamos defensas vociferantes de rasgos curiosos para casi todo, sobre todo si no nos tocan de cerca, que no desaparezca la grulla o el lobo, defendamos al toro bravo o apoyemos al camaleón; del respeto a cualquier corrupto encumbrado, e incluso de los derechos humanos. Sin embargo, en el amplio mundo incluidos nuestros lares, la VIDA AUTÉNTICA se contempla como un mero capricho, muy por debajo de las declaraciones universales. Observen sino lo acontecido con la manipulación de gripes y vacunas, toxicidades rentables, riesgos mineros en contrapeso con las ganancias, desnutriciones consentidas, fundamentalismos necios, pena de muerte, masacre de fetos; en un listado de actuaciones contra la vida. No sé si es cuestión de nuevas definiciones, si esto no tiene vías de arreglo, o simplemente, si estaré despistado. El tiempo sabio se pronunciará.

Me preocupan las mentes de quienes circulamos animosos, unos desprevenidos y otros avisados, unos desinteresados y otros centrados en aprovechamientos abusivos. Escribió P.B. Shelley, “Las cavernas de la mente son oscuras y sombrías, o están invadidas por una luz extraordinariamente brillante, pero que no resplandece más allá de las puertas de entrada”.

¿Qué pasaría si lograran salir las luces tan brillantes? Quizá tendríamos que huir a calzón quitado. Hartos de los idiomas practicados, quizá algún día descubramos el valor de la participación de cada lenguaje en la consecución de una mejor convivencia, sin grandes luminarias, pero a la vez con menor cantidad de actuaciones sombrías..

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