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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Esto es el Congreso que va y dice...

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 1 de octubre de 2010, 07:25 h (CET)
WASHINGTON -- Stephen Colbert no es ningún Coco -- lo cual es el motivo de que fuera imprudente que los congresistas Demócratas le hicieran comparecer ante un subcomité la pasada semana para hablar de la mano de obra inmigrante.

Nancy Pelosi proclamó "genial" que un famoso como Colbert "llame la atención sobre una cuestión tan importante como la inmigración". El secretario de la mayoría Steny Hoyer lo entendía sólo a medias cuando describía la comparecencia de Colbert como "una vergüenza". La parte equivocada es juzgar el episodio "más vergonzoso para Colbert que para la Cámara".

Más quisiera. Señor secretario -- ¿ha visto usted su programa? SerStephen Colbert es ser inmune al ridículo.

No quiero que parezca que no tengo humor; soy una entusiasta de Colbert. Y no voy a pecar de ingenua con el elevado nivel de los órganos del Congreso; de ahí la referencia a Coco. El adorable peluche de Barrio Sésamo compareció en todo su peludo esplendor para hablar de la importancia de la educación musical allá por 2002, cuando los Republicanos tenían la mayoría.

En una era en la que la fama manda, no se puede esperar que el Congreso se resista al duende. Es demasiado tarde para ser tan despreciativo con el testimonio "experto" de los famosos: Angelina Jolie sobre los refugiados; Bono sobre el sida; Loretta Swit sobre los "crush videos" de maltrato animal.

De manera que si los famosos quieren explotar su fama para bien, y si los legisladores se quieren apuntar, perfecto. No voy a poner ninguna pega si Lady Gaga y Harry Reid, a propósito de la política de los homosexuales en el ejército -- o Snooki y John McCain acerca del impuesto al bronceado -- son colegas de Twitter.

Pero el testimonio de Colbert no fue un episodio de historia que se repite como farsa -- fue una farsa desde el principio. Es lo que cabe esperar cuando los legisladores participan, a expensas propias, en "The Colbert Report". Pero hay diferencia entre legisladores que eligen ser un peón del programa de Colbert y dejar que Colbert convierta su programa en su coto.

Y eso es lo que sucedió ante el subcomité de inmigración del Comité
Judicial de la Cámara. La secretaria del panel, la Demócrata de California Zoe Lofgren, invitó a comparecer a Colbert tras pasar una jornada recogiendo hortalizas en una explotación agrícola de Nueva York como parte de la campaña "Take Our Jobs" del sindicato United Farm Workers.

El presidente del Comité John Conyers trataba de salvar a Lofgren de su ardid. "Me gustaría recomendarle que, ahora que tenemos toda esta atención, se disculpe", decía a Colbert.

El cómico decía que estaba encantado de obedecer, pero la dama de
California no iba a despedirse de todas esas cámaras -- lo más escandaloso, decía ella, desde tal vez las vistas de degradación presidencial de Clinton.

Y así Colbert pasaba al modo autobombo a todo trapo. Expresaba su
"esperanza en que mi estrellato pueda relanzar la audiencia de esta vista en C-SPAN I". Solicitaba "presentar un vídeo de mi colonoscopia al diario de sesiones". Defendía que "mi abuelo no viajó 4.000 millas del Océano Atlántico para ver este país controlado por inmigrantes".

Taraaaaaaa. Todo eso durante el primer minuto y medio.

Lofgren, con quien hablé el martes, no expresaba ningún remordimiento.
"Fuera de Washington, la gente cree que se destacó una idea, y yo creo que el entendimiento de las cuestiones agrícolas se ha incrementado dramáticamente como resultado", decía.

En realidad hubo momentos, momentos de tensión, en los que el personaje se adueñaba de Colbert. "Simplemente me parece que uno de los colectivos con menos poder en Estados Unidos son los trabajadores inmigrantes que vienen y trabajan pero no tienen ningún derecho como resultado", decía.

Pero hubo momentos en los que la vista se transformó en una palestra para que Colbert se luciera frente a sus anfitriones. "Tal vez esta ley de empleo agrícola ayude", sugería en un extremo. "No lo sé. Como la mayoría de los congresistas, tampoco la he leído". Para concluir su intervención, Colbert decía, "Confío en que, tras mi testimonio, ambas partes trabajen juntas en esta cuestión en el mejor de los intereses del pueblo estadounidense como siempre hacen".

En este momento, la audiencia se echó a reír.

No es el espectáculo más vergonzante en desarrollarse ante el Congreso(Yo estuve presente durante las vistas de Anita Hill, así que lo sé de primera mano). Tampoco es noticia de cabecera. Pero es testimonial de la degradación de la cultura política estadounidense -- más circos, menos resultados.

Colbert y Jon Stewart tienen material más que suficiente para poner a caldo a los políticos sin que el Congreso les invite a buscar más. Como es normal, Stewart lo expresó mejor en su programa de la noche del lunes. "Por supuesto que Colbert está más avergonzado que la Cámara de Representantes", decía. "A Colbert aún le quedan dignidad e integridad que perder".

Qué inteligente por parte del subcomité ofrecernos un recordatorio.

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