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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Otra realidad

Martín Cid
Martín Cid
@martincid
jueves, 30 de septiembre de 2010, 06:47 h (CET)
No será ésta la última vez que me escucharán lamentarme ni será la última que me queje sobre la falsedad de los famosos argumentos bien cimentados en datos. No lo será pero lo será al menos durante los diez minutos que tardaré en terminar este comentario…, y lo será porque hoy (mientras escribo estas líneas se supone que está la famosa huelga) no he notado nada raro en el quehacer en la zona en la que resido: bares abiertos y tiendas y ropa y demás cuestiones que no me hacen sino tener la sensación de que se trata de otro día más.

Ahora bien… tengo la mala costumbre de leer los diarios antes de ponerme a escribir (novela)… caos generalizado en los transportes y seguimiento de la huelga masivo en casi todos los sectores (afirman algunos); nulo seguimiento según otros (adivinen quiénes); otros publican orgullosos en su diario público (debería ir con mayúsculas la última palabra, por cierto) que el 50% de su propia plantilla se ha unido a la huelga, lo que se traduce en que los lectores leeremos hoy la mitad de tonterías.

Sí, como reza el artículo de la columna de hoy: otra realidad.

Ya he comentado en otras ocasiones el divorcio existente entre la opinión popular y la llamada opinión pública. Sí, tal vez me equivoque en que la Tierra es plana y que se debe vestir de traje en verano por eso de las buenas costumbres, pero a medida que pasa el tiempo (y gracias a la crisis) la sensación de las dos realidades (la mediática y la popular) se me hace más y más evidente.

Ayer mismo hablaba con un convencido militante de izquierdas y militantemente convencido volvía a tratar de convencerme de las mismas militantes ideas. Como no había bebido lo suficiente me mostré cauto (y hasta elegante) y le pregunté:
-¿Entonces vas a hacer huelga?
-¡Hombre, claro que no! –respondió sin dudarlo.

No dudo de las (militantes) inclinaciones izquierdistas de este buen tipo (que ahora en serio: sí que lo es) sino del desencanto –incluso entre la propia izquierda- de la política mediática que se está llevando a cabo por parte de Gobierno y sindicatos. No convence a nadie la idea de renunciar al salario de un día a cambio de beneficiar los intereses sindicales de unos pocos que, precisamente, no dependen del salario de ese día.

Los diarios de la noche, la previa del 29-S, se tiñen de rojo con una se supone multitudinaria manifestación de los sindicatos en la Puerta del Sol con consignas se supone democráticas y con propagandistas alusiones a la importancia de su propia institución.

Mientras, y casi que se frotan las manos, los medios de comunicación (menos el del 50%, supongo) trabajan a todo gas para informar al atemorizado ciudadano sobre el caos que se está generando en toda España y las reacciones encontradas entre las mentes pensantes de este circo mediático. Mientras, el máximo responsable de la política central se erige mayestático con una palabra que parece acompañarle cual esquizofrénico: diálogo.

Diálogo con los sindicatos y con las partes contratantes de la primera parte y de la segunda… diálogo porque es lo que interesa a la política de la demagogia y del engaño y del desencanto y a una forma de gobierno que ya no interesa ni a la derecha ni (me perdonen algunos) a buena parte de una izquierda que ya no ve izquierda sino… sí: diálogo.

La lucha se centra no ya en las calles, sino en las redacciones de los diarios que transforman el espejo que los menos relativistas llaman realidad en una realidad más real que la real: la realidad informativa que a todos convence y, poco a poco, a todos empieza a no convencer, una realidad inventada y partidista en todos los sentidos (unos hacia un lado, otros hacia el otro), una realidad que se retuerce en datos que cada cual interpreta a su manera porque (y para más I.N.R.I.) ya no son los mismos datos.

Haré un momento de pitonisa: mañana encontraremos la realidad más real que la real. Los sindicatos se encontrarán con unos datos de participación total y el Gobierno Central con otros que dicen que la Huelga poco menos que fue un fiasco. La tormenta mediática se apagará poco a poco y las aguas volverán a su cauce: el infructuoso diálogo de una democracia que poco tiene ya de demócrata.

Y por hoy se acabó. Sean felices, amigos míos, que hoy hay Champions League y juega el Barça y en el bar de Raúl no hacen huelga.

¡Qué vida tan maravillosa!

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