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Etiquetas:   La linterna de diógenes   -   Sección:   Opinión

Denuncie a su vecino

Luis del Palacio
Luis del Palacio
miércoles, 29 de septiembre de 2010, 06:58 h (CET)
Ayer, durante una aburrida espera en el aeropuerto londinense de Standstead, mi mirada se detuvo en un insólito anuncio desplegado sobre un artilugio giratorio que, literalmente y debido a su enorme tamaño, era imposible dejar de ver. En letras rojas y blancas, sobre fondo negro, se leía: “Estamos acorralando a los defraudadores que trasladan sus beneficios sociales al extranjero” Más abajo, en caracteres más pequeños, se aclaraba: “Las prestaciones sociales no pueden ser reclamadas para su disfrute fuera del país. Si usted sospecha de alguien que practica esta actividad ilegal, llame confidencialmente al número…..” Junto a toda esta “literatura” podía verse la imagen de un señor en edad próxima a la jubilación, con un fotomontaje que lo situaba en el centro de la mirilla de un rifle. Tuve que leerlo y observarlo varias veces, tratando de encontrar el reclamo publicitario que lo hiciera tributario de alguna agresiva campaña publicitaria de Benetton o de Ryan Air; pero no, era exactamente lo que podía leerse, no había truco. Con lo cual, aquel anuncio no es que fuera insólito: era sencillamente repugnante.

El Gobierno británico, incapaz de velar por los intereses de la comunidad, anima a los ciudadanos a practicar el sano ejercicio de la delación y, aunque en este caso no se ponga en riesgo la vida de nadie, sino acaso una buena multa o unos cuantos meses a la sombra, es inevitable pensar en los tiempos de la Inquisición o, más recientemente, en el periodo nazi, cuando vecinos normalmente bien avenidos se denunciaban unos a otros por actividades contra los intereses del Estado (por ejemplo, haber tenido un tatarabuelo judío) El dudoso concepto que encierra la palabreja “antisistema”, indica que quien cae fuera del círculo de lo que el Estado considera que es bueno y conveniente, se convierte al instante en un sujeto sospechoso. Hoy están incluidos en ese particular “corro de la patata” los terroristas y los pederastas, pero también quienes protestan cada vez que se reúne el G-20 y los que, en general, se rebelan contra la injusticia social o la globalización. Los homosexuales y los masones ya no son perseguidos en Occidente, pero el Estado se reserva el derecho de colgar el sambenito siempre que le convenga: ahora, en Gran Bretaña, a los que cobran prestaciones sociales de una manera más o menos fraudulenta.

No se trata de defender a los insolidarios que sólo tratan de sacar partido de ciertas coyunturas y situaciones que la ley sólo es capaz de prever a medias. Está claro que deben ser perseguidos, como los políticos que especulan con los bienes públicos y los navajeros. Lo que asquea es el hecho de que el Gran Hermano nos recomiende vigilar al prójimo (=próximo), asegurándonos el anonimato; algo cobarde y que muestra la bajeza moral de muchos de los que nos gobiernan. Y, por otra parte, pone de manifiesto el enorme grado de estupidez de quienes dictan normas como esta: ¿quién puede estar interesado en denunciar a uno de estos defraudadores, si no es a cambio de una inexistente recompensa o por venganza?

Intrigado, me introduje en la página web de la oficina ministerial que gestiona tan cívica iniciativa(http://campaigns.dwp.gov.uk/campaigns/benefit-thieves/index.asp), y casi no pude dar crédito a lo que iba descubriendo con cada clic del ratón de mi ordenador. Una panoplia de posibles casos de denuncia se desplegaba ante mis ojos. Se consideran denunciables, entre otros muchos, los siguientes casos: vivir en pareja cuando antes se vivía sólo, tener ahorros y no informar de la cuantía, no informar de que los hijos ya no viven en el hogar, no informar de cualquier ingreso (incluso cuando se trate de un trabajillo temporal sin contrato), cualquier tipo de herencia, viajar al extranjero, vivir temporalmente fuera del Reino Unido o haber cambiado de domicilio.

En la página se alardeaba del éxito que, desde su puesta en marcha, había tenido la medida: En 2009 fueron detectados 56.493 casos de fraude por el sistema de la delación. Hubo más de 667 llamadas telefónicas diarias y más de 476 denuncias “on line” cada veinticuatro horas. Todo un record.

En España, aún no hemos llegado a eso; pero no hay nada que impida a nuestros gobernantes utilizar en el futuro métodos típicos de la Gestapo o de la Stasi para que sean los propios ciudadanos los que espíen, traicionen y denuncien al vecino de enfrente. Los británicos ya lo hacen.

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