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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Líder británico

Isaac Bigio
Isaac Bigio
miércoles, 29 de septiembre de 2010, 06:48 h (CET)
En las repúblicas todos los mayores de edad tienen derecho a votar por su presidente. En Reino Unido nadie vota por su jefe de Estado (la corona) y tampoco por su jefe de gobierno (el primer ministro es designado por la reina y éste es por norma, aunque no por obligación, el líder del partido que más parlamentarios ha obtenido).

Por eso en este país es tan importante la elección del líder de uno de sus 3 grandes partidos. Es el único proceso electoral en el cual la no mucha gente que participa puede escoger quien quiere que sea su candidato a gobernante.

En las elecciones generales británicas de Mayo terminaron llegando al poder los 2 líderes que fueron electos por sus respectivos partidos (el hoy primer ministro David Cameron por los conservadores y su vice Nick Clegg por los liberales). El gran perdedor fue Gordon Brown quien en 2007-2010 llegó a ser el primer ministro sin que él hubiese ganado una elección interna o hubiese liderado la campaña electoral de su partido.

A fin de querer volver a recuperar legitimidad el laborismo entró a un extenso, complicado y reñido proceso electoral que duró desde casi todo Mayo hasta fines de Septiembre.

En las internas de los demás partidos la decisión final la tienen los afiliados. Bajo el principio de cada militante un voto Cameron se impuso en diciembre 2005 por 134,446 votos contra los 64,398 votos de Davis, y en el 2,007 Nick Clegg ganó raspadamente el liderazgo liberal-demócrata por 20,988 votos (50.6%) contra los 20,477 de Chris Huhne (49.4%).

Sin embargo, el laborismo tiene una elección segmentada en tres tercios iguales: parlamentarios (que esta vez fueron 266); miembros individuales del partido (votaron 126,874); y afiliados a los sindicatos y organizaciones que componen el laborismo (votaron 211,234, aunque más de los sindicalizados no se sintieron animados a ir a votar).

A cada elector se le daba una papeleta donde coloca sus preferencias y solo podría ser ungido como ganador quien al final consiguiese superar el 50%. A medida que cada uno de los 5 candidatos a líder quedaba eliminado se contabilizaba una nueva ronda.

En las 4 rondas que hubo David Milliband siempre ganó en las dos primeras secciones. Después de haber obtenido el puntaje más alto en las 3 primeras vueltas él perdió en la última por 49.35% ante el 50.65% de su hermano menor Ed.

En la ronda final David ganó entre los parlamentarios (140 contra 122) y entre los afiliados individuales (66,814 contra 55,992), pero Ed se impuso ampliamente en los sindicalizados (119,405 contra 80,266). Si a cada hombre se le contara por un voto Ed se impuso por 175,519 contra 147,220 votos (casi un 55% contra 45%), aunque por el complicado sistema de tercios la ventaja se redujo a un punto.

Ningún diario apoyó a Ed y muchos medios hoy cuestionan cuan legitima y representativa sea su elección en vista que la mayoría de los parlamentarios y los miembros del partido no votaron por él en ninguna de las rondas. Bajo ese lema la media quiere sugerir que él será un representante o un prisionero de los sindicatos. Mientras los sindicatos pueden jactarse de haber derrotado al candidato más ligado a Blair y haber transformado a Ed en el líder partidario que más votos haya recibido, Ed, a fin de no generar más fisuras internas o una prensa hostil, ya ha empezado a prometer que no habrá viraje a la izquierda.

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