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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

“La Caída” de los seres divinos y el regreso a nuestro origen

José Vicente Cobo
Vida Universal
martes, 28 de septiembre de 2010, 06:55 h (CET)
¿Cómo se formo la humanidad y de dónde procedemos? Tal vez hayan oído hablar alguna de vez de que en nuestro origen todos fuimos seres divinos, ángeles que vivíamos en el Reino Eterno de Dios y que al apartarnos de lo divino fuimos perdiendo fuerzas hasta llegar a la condensación, que es lo que nosotros llamamos vulgarmente, materia.

La condensación de los seres de la Caída, seres divinos que se alejaron de Dios hasta convertirse en cuerpos humanos, tuvo lugar comenzando en la cabeza. Desde este centro, el cerebro en formación, empezó el cuerpo de substancia fina a hacerse más denso. De algunas partículas espirituales se formó la estructura celular y sobre ésta se formaron los órganos del cuerpo humano. En la medida en que se formaba el cuerpo físico, se plegó también el cuerpo espiritual, es decir, se encajaron sus partículas una en otra. El cerebro del hombre naciente era primeramente muy primitivo. El ser que por su conducta equivocada se degradaba hacia el hombre naciente, no podía todavía comprender que sucedía con él.

Hoy se puede decir que el hombre es el cerebro, pues, así como siente, piensa, habla y actúa, así reacciona, y así es también la estructura de su cuerpo. Muchos hombres están orgullosos del rendimiento de su cerebro, de su intelecto, pero justamente debido al cerebro se ocasionó y se ocasiona mucho mal a este mundo. El hombre cuyo pensar y vivir se refleja hoy aún en el área de su intelecto, de las acumulaciones en su cerebro, no comprende todavía que a través de la ley de la Caída, llamada siembra y cosecha, se destruye a sí mismo.

En algún momento la madeja del destino de cada uno, que es comparable a una bobina de película, será rebobinada. Cada uno deberá considerarse a sí mismo en cierto modo como actor que en cada secuencia de la vida juega su propio papel. Las secuencias en las que él mismo es el actor principal y también el hombre mismo, se componen de sus sentimientos, sensaciones, pensamientos, palabras y acciones, también de sus pasiones y afanes.

Lo condensado, es decir lo despolarizado, necesita de nuevo de la polarización legítima, de la reestructuración de lo humano a lo divino. El camino para alcanzar nuevamente lo divino es igual para todos, se sea pobre o rico, grande o pequeño todos iremos por él. Este contiene el profundo arrepentimiento, el pedir perdón, el perdonar, el remediar el daño tanto como esto sea posible todavía y el no cometer más lo pecaminoso.

En este camino está a nuestro lado Cristo que es el Espíritu redentor. Únicamente a través de El encontramos de nuevo nuestro Hogar, mediante el rebobinado de nuestra bobina del ego humano, es decir de la bobina de nuestra película y de su disolución. No necesitamos buscar a Dios en la lejanía. La Fuerza omnipresente, Dios, está en todas partes; está en cada partícula espiritual de nuestra alma, en cada célula de nuestro cuerpo, en todo lo que vemos. Dios es pues Vida presente. Ya que Dios es el núcleo de fuerza de vida positiva en todo, también en lo condensado, despolarizado y degradado, la vida nueva positiva emerge de la negativa a través de Cristo, que es la fuerza impulsante y propulsora, la energía transformante y redentora.

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