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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Una dosis de realidad es necesaria

Mario López
Mario López
martes, 28 de septiembre de 2010, 06:42 h (CET)
La vida puede ser una bendición o una maldición dependiendo, fundamentalmente, del chasis que te ha tocado en suerte, el hogar que te de cobijo, la calidad de tus compañías, las hechuras de tu país, la forma de ganarte la vida, la inteligencia con que estés dotado, y, por encima de cualquier otra circunstancia, tu presencia de ánimo.

Son muchas cosas, y la mayoría están fuera de tu control. Cada circunstancia es a tu vida lo que una carta a un jugador de póquer. No son muchos los descartes que la vida te ofrece, y hay que saber aprovecharlos. Para ello, has de estar preparado física, anímica e intelectualmente. Tenemos que saber reconocer cuanto antes a los proveedores que pueden suministrarnos el material necesario para defendernos en la vida, las ocasiones propicias. Y no es tarea fácil, porque cada época tiene sus propios proveedores y no son pocos los agentes que se afanan en sembrar la confusión en los momentos más inoportunos.

La generación a la que pertenezco yo padeció la anemia civil inducida por el franquismo, y hoy estamos educando a nuestros hijos en la anorexia cívica. Parece como si el déficit vital que padecimos en nuestra juventud lo quisiéramos subsanar haciendo de nuestros hijos algo que se va demostrando absurdo. Gran parte de la juventud está pidiendo a gritos una dosis de realidad. Los adultos estamos pintando un cuadro de injustificada desesperanza. Multicolor y en tres dimensiones, pero desesperante, cuando nunca antes el ser humano ha vivido mejor. Lo único que nos falta es dignificar nuestra vida laboral, cuidar con buen juicio la tierra que pisamos, conseguir una sociedad más justa e igualitaria e inocular en los jóvenes la pasión por vivir y convencerles que ellos son los que tienen que dar sentido a la vida y que no pueden esperar a que las cosas cobren sentido sin su concurso.

Es verdad que vivimos una crisis económica y de identidad monumental, y es bueno reconocerlo. Pero tampoco podemos olvidar que nunca antes habíamos estado tan cerca del paraíso, que la comunidad científica y la tolerancia de la que hemos hecho acopio nos están llevando al mejor de los mundos y que nuestro destino como especie tan sólo depende de nosotros mismos. Si unimos generosidad, esfuerzo, una buena dosis de realidad y mucho socialismo, la partida está ganada. Cualquier mensaje apocalíptico está fuera de lugar.

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