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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Coherencia

Pepita Taboada (Málaga)
Redacción
lunes, 27 de septiembre de 2010, 11:55 h (CET)
Todos estamos informados del envejecimiento de los países occidentales debido a la baja natalidad que por causa de las exageradas predicciones de superpoblación mundial, allá por los años 70, espolearon a gobiernos y organismos internacionales de todo el planeta a ponerse de acuerdo en reducir la natalidad con compañas publicitarias y también intervenciones directas, como la distribución y enseñanza de métodos anticonceptivos. Evidentemente constituyó un éxito que ahora lamentamos.

¿Qué pasaría si ahora se aplicara una determinación y una urgencia similares para promover lo contrario? Algunos dispararían sus armas para decir que los gobiernos

no deben meter sus narices en algo que es una decisión muy privada. Cierto; pero concretamente nuestro gobierno, no ha sido precisamente tímido para sermonearnos sobre asuntos como el tabaco, la bebida, el sexo seguro…, por estimarlos de interés nacional. ¿Y no es claro que la necesidad de más niños entra también en el ámbito de interés nacional?

Si un gobierno democrático se planteara fomentar la natalidad no sería en absoluto una intromisión porque estaría favoreciendo el futuro de los ciudadanos al asegurar las pensiones y los servicios sociales, sin tener que buscar soluciones provisionales.

Otro ejemplo podría ser lo referente a la educción sexual. Podemos estar de acuerdo que ha de ser temprana para adelantarse a la curiosidad del alumno, que hay que hablar con toda franqueza –que no es crudeza- de lo que es el sexo, pero cuando algunos padres se quejan de que esa “enseñanza” no es apropiada para su edad o no responde a sus criterios éticos, determinados partidos políticos y medios de comunicación, se hacen inmediatamente eco de esas quejas para tachar a los padres de oscurantistas y más aún si se han tomado medidas para mostrar a los niños y adolescentes la otra cara de la enseñanza con imágenes o recomendaciones contrarias que califican de traumáticas para los alumnos.

No resulta coherente que se defienda el que una adolescente pueda recurrir al aborto y calificar de exagerado un video que muestra lo que es un aborto.

Hoy que existe tanto confusionismo en llamar a las cosas por su nombre –quizá debido al mal uso que se hace de la palabra “tolerancia”-, sería acertado no olvidar las cualidades de objetividad y subjetividad para poder ser más exactos a la hora de enjuiciar una situación humana.

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