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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Un poco de silencio

Miguel Rivilla (Alcorcón)
Redacción
lunes, 27 de septiembre de 2010, 11:49 h (CET)
El hombre actual, en su corta vida, se agita febrilmente en la búsqueda de mil cosas que le entretienen, distraen y a veces le desvían de su meta esencial, que no es otra que el encuentro consigo mismo, con Dios y con los demás. Corre ansioso y dedica la mayor parte de su vida y de su tiempo en el logro compulsivo de la fama, del éxito, del placer efímero, del tener y poseer dinero. Del encaramarse al poder y de triunfar como sea.

Su horizonte vital y personal es más bien difuso, corto y achatado.

No queda tiempo para lo esencial: la realización de la persona a nivel humano, espiritual y trascendente. Se queda anclado en lo material y en dar plena satisfacción a instintos primarios (comida, bebida, sexo..) sin frenos ni compromisos, tal como dictan los cánones de los medios y propaganda.

Se cree hallar en ello la felicidad que el corazón anhela, pero más pronto o más tarde, con pena, se constata que nada ni nadie satisface plenamente. Tras la experiencia negativa de haber probado casi todo, se concluye con el gran S. Agustín:”Nos has hecho, Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti”.

Y es que todos estamos programados para el infinito y para Dios.

Sólo en el amor del Absoluto, encarnado en Jesucristo y en el prójimo, nos podemos realizar plenamente. Esta es la experiencia universal por la que han pasado cuantas personas en el mundo han sido.

Un poco de silencio en la vida de cada uno, para poder discernir lo esencial de lo accesorio y se verá claramente lo que de verdad importa.

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