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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Uribe el blanco y Blanco el rojo

Isaac Bigio
Isaac Bigio
lunes, 27 de septiembre de 2010, 06:34 h (CET)
En la víspera de la caída del principal jefe militar de una guerrilla americana (el “Mono Jojoy”) pasaron por la cuna del capitalismo industrial y del idioma de la globalización (Inglaterra) dos figuras que representan las antípodas en lo que a insurgencia y contrainsurgencia se refiere en los Andes.

Uno fue Alvaro Uribe, quien el 7 de septiembre fue remplazado por su delfín Juan Manuel Santos en la presidencia colombiana que él ocupó en 2002-2010. Uribe es el autor que dio el giro histórico en su país pasando de la estrategia de concesiones a las FARC para irla convenciéndola para que se “legalice” a una de embestida frontal contra ésta. Esta misma concitó apoyo popular para un modelo inspirado en el del peruano Fujimori de propiciar la inversión privada mediante golpes frontales a la subversión.

Si Uribe fue el mandatario que ha logrado ir propinando las peores derrotas a la mayor y más antigua guerrilla del hemisferio occidental, Hugo Blanco fue quien lideró en 1962-63 una columna que propició tomas de tierras y cuya guerrilla, a pesar que fue derrotada, antecedió a todas las demás de inspiración guevarista que se desatarían en casi toda América Latina, España, Irlanda, Palestina, etc.

Quien fuera el presidente más popular de la derecha colombiana y latinoamericana del siglo XXI y quien fuera el líder trotskista más votado en Occidente son, en cierta manera, los continuadores de los dos bandos opuestos que se enfrentaron en la principal guerra civil que definió al siglo XX: la rusa. Mientras Blanco reivindica como su mentor a quien fue el creador y jefe del primer Ejército Rojo (León Trotsky), Uribe es un heredero de los ejércitos blancos que proponían una vía militar para imponer un capitalismo ligado al anglo-americano.

Blanco el rojo y Uribe el blanco encarnan la dureza y consistencia de dos proyectos contrapuestos.

Uribe representa a quien quisiera mantener una intransigencia ante la izquierda y el chavismo, por lo cual, antes de dejar palacio, sembró las condiciones para una ruptura diplomática con dos de sus vecinos. El hoy quiere mantenerse como la conciencia más intransigente del oficialismo.

Blanco representa a uno de los pocos ex guerrilleros que decidió dejar las armas pero no para buscar un puesto en el sistema sino para propiciar más luchas sindicales.

Las insurgencias latinoamericanas han culminado, en la mayor cantidad de casos, pasando de propiciar una vía revolucionaria hacia el socialismo para buscar reformar al sistema contra el cual irrumpieron (como los del FSLN de Nicaragua, el FMLN de El Salvador, el M-19 de Colombia, Alvaro Garcia de Bolivia, Pepe Mujica del Uruguay o Dilma Rouseff de Brasil). Hasta Abimael Guzmán busca conseguir perdón al propiciar la amnistía a todos los militares que antes condenó como “genocidas”.

Uribe se parece a Fujimori y a Menem en que fue re-electo propiciando un modelo monetarista, pero se diferencia de éstos en que dejó el poder con gran popularidad y asegurando que su número dos heredase su puesto.

Santos espera que continuando, aunque con algunos cambios, al modelo de Uribe podrá lograr doblegar a la mayor insurgencia americana. A la antigua guerrilla colombiana, a la postre, sino quiere marginarse solo le queda la salida de reinsertarse en el sistema como ha pasado con varios de los actuales miembros de los gobiernos izquierdistas latinoamericanos o buscar mantenerse como una oposición con base popular propiciando un sindicalismo radical a lo Hugo Blanco.

Mientras tanto Inglaterra está condenada a recibir en más de una vez la visita de Santos o Uribe (en cuyas universidades se formaron) y a la de Blanco (pues allí tiene hijos y nietos).

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