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A vueltas con la lideresa
Mario López
De Esperanza Aguirre se ha dicho todo lo que puede decirse de cierto interés. Es una mujer previsible y transparente, no porque no sea embustera (que lo es y mucho) sino porque su simpleza intelectual, que no idiocia, es absoluta. Sus mentiras son tan visibles que pasan desapercibidas. Recuerda a personajes de cine tan curiosos como el protagonista de la película "Bienvenido, Mr. Chance", encarnado por Peter Sellers; un individuo absolutamente simple, pero de una simpleza tan poco común que llega a confundir a todo hijo de vecino y no acaba presidente de los Estados Unidos por puro milagro. La personalidad de la condesa consorte es de esa naturaleza, como ese inglés que habla ella con una corrección tan controlada que parece hallarse al borde del desastre y que se adivina aprendido en Cambridge durante unas cuantas vacaciones de verano.
Tiene la osadía del niño al que siempre le salen bien las cosas y un proverbial talento para oler el momento propicio. La honorabilidad para ella es pura retórica y el cinismo una simple rutina. Lo que le importa de la política es la cosmética; le trae sin cuidado lo que se haga mientras se pueda presentar como un mérito propio. Tiene los reflejos suficientes para esquivar cualquier golpe que le lancen sus adversarios políticos, como a ella le gusta llamar a todo aquel que se cruza en su camino, sea o no miembro de su propio partido. No le duelen prendas a la hora de admitir errores o deslices cometidos en las situaciones más embarazosas, eso sí, una vez hechas de dominio público. Le sale natural hablar en habla vulgar durante cualquier tipo de comparecencia pública y delante de cualquier audiencia; "Yo estaba a otro rollo", dijo cuando le preguntaron sobre un caso de corrupción dentro de su partido. Es lo que se puede decir una mujer lista y campechana, en la línea de otros célebres esperpentos de la política como Jesús Gil o el mismo Manuel Fraga.
Mucha memoria, inteligencia práctica, perseverancia, total falta de pudor -a la manera de José María Aznar- y una capacidad asombrosa para nadar en la mierda sin mancharse, son otras de las virtudes que adornan a la sobrina del poeta Jaime Gil de Biedma, aquel que cantó:
¡Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
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